Obama reabre las puertas de Argentina... y las heridas

Se acabó la época de la resistencia kirchnerista al Tío Sam. Después de 11 años, un presidente estadounidense vuelve a Buenos Aires.

Preparativos de la Casa Rosada en la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, para la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama. / EFE

Las banderas con barras y estrellas que flamean en la puerta de la Casa Rosada, aquellas que generaron rechazo en las agrupaciones de izquierda y algunos sectores populares de la sociedad, son testimoniales. Y no sólo marcan que Barack Obama llegó a la Argentina. También dejan claro que el país está atravesando una etapa diferente, con un vuelco muy grande a nivel de política exterior. Después de darle la espalda a Estados Unidos, la visita del primer mandatario estadounidense es todo un síntoma de las relaciones estrechas que pretende el presidente de la Nación, Mauricio Macri, con el líder mundial, a poco más de cien días de su asunción, tras vencer a Cristina Fernández de Kirchner.

Hacía 11 años que un presidente de Estados Unidos no pisaba tierra argentina. El último fue George W. Bush, quien viajó a estas latitudes con el objetivo de participar en la Cumbre de las Américas. Estuvo 36 horas en Mar del Plata, la ciudad balnearia que fue sede del evento. Entonces, el país estaba gobernado por Néstor Kirchner. Obama es el sexto mandatario en pisar suelo criollo. Y lo hizo en una fecha sensible, ya que este jueves se cumplen 40 años del golpe militar que dio paso a la dictadura más sangrienta que se haya vivido aquí, con 30.000 desaparecidos, según las cifras que manejan las organizaciones de derechos humanos. Toda una provocación para los manifestantes que cada 24 de marzo se autoconvocan en la Plaza de Mayo bajo el lema “Nunca más”.

Lo cierto es que la agenda de Obama tuvo un paréntesis necesario en Buenos Aires, después de su histórico encuentro con Raúl Castro en Cuba. Y Macri, consciente de lo que impone el calendario, estará junto al presidente de Estados Unidos en el parque de la Memoria, para rendirles homenaje a las víctimas del gobierno de facto. Se espera que el primer mandatario estadounidense anuncie la desclasificación de documentos adicionales, archivos secretos e inteligencia que registran los vínculos y acciones de la Casa Blanca en el marco de la dictadura argentina. La información podría incluir datos relevantes acerca del destino de decenas de uruguayos detenidos y desaparecidos, así como la de algunos bebés nacidos en cautiverio durante los años de plomo.

Macri busca, de este modo, hacer un guiño a las Abuelas de Plaza de Mayo y otras organizaciones de derechos humanos que cuestionaban la presencia de Obama. Sin ir más lejos, invitó a la ceremonia a Estela de Carlotto, titular de Abuelas, quien aceptó reunirse con el líder afroamericano en privado, pero no así tomarse una foto. “El tema es para qué viene. ¿Por cortesía o para firmar convenios que no nos benefician? Argentina ha sido el patio trasero siempre. Somos una reserva buena para el país más poderoso del mundo. Pero tenemos que defendernos sin maldad, sin cuestiones partidarias, como argentinos”, expresó Carlotto y marcó la cancha.

La pregunta que se hace esta ferviente defensora de los derechos humanos tiene una respuesta: Macri quiere reafirmar los vínculos con el hemisferio occidental y los potenciales inversionistas del mundo. Lo dejó claro a fines de enero, cuando participó activamente en el foro de Davos. La visita en estas últimas semanas de Charles Rivkin (secretario adjunto para Asuntos Económicos y Empresariales del Departamento de Estado), Kristie Kenney (asesora del secretario de Estado) y un grupo de cinco representantes del Congreso Americano (CoDel), son elementos adicionales que muestran el interés que se generó con motivo de la visita de Obama. Fundamentalmente, el presidente argentino busca atraer inversores.

El cronograma de actividades tiene por delante un punteo con estrictos horarios. La primera actividad oficial será por la mañana, en el Salón de los Bustos de la Casa Rosada. Ambos mandatarios mantendrán una reunión a solas en el despacho presidencial y luego otra, a la que se sumarán cinco ministros de cada país para firmar convenios de cooperación. Al mediodía, ambos brindarán una conferencia de prensa conjunta en el Salón Blanco de la Casa Rosada, donde responderán dos preguntas de medios extranjeros y nacionales.

Según adelantaron los asesores de Obama, harán una serie de anuncios sobre economía, seguridad, derechos humanos, democracia y cambio climático. Por la tarde, el presidente de Estados Unidos visitará la catedral de Buenos Aires para llevarle una ofrenda floral al libertador, general José de San Martín. Luego encabezará un encuentro informal con jóvenes emprendedores en la Usina del Arte. Y en la noche, Macri lo agasajará con una cena en el Salón de los Escudos del Centro Cultural Néstor Kirchner, que contará con manjares autóctonos: vinos mendocinos, trucha y cordero horneado.

El jueves, después de participar en el mencionado acto del parque de la Memoria, Obama volará a San Carlos de Bariloche, uno de los principales destinos turísticos del país en la Patagonia, y se hospedará en el exclusivo hotel Llao Llao, que estará cerrado durante su estadía. Por la noche volverá a Washington.

Durante las 36 horas que pasará en la Argentina, Obama estará acompañado por una comitiva de 800 personas, entre personal de seguridad, cuerpo diplomático, congresistas, empresarios y otros funcionarios de alto rango. El presidente de Estados Unidos se trasladará en su propia limusina, a la que llaman la Bestia. Sus prestaciones manifiestan un nivel supremo de confort y seguridad. El Cadillac DTS reversionado mide 5,5 metros de largo y pesa 6.800 kilogramos. No se trata de un vehículo de producción estándar. Dispone de una capacidad para siete pasajeros, dos conductores y cuatro acompañantes, además del mandatario. Son fabricaciones a cargo de General Motors en Detroit. En la cajuela de la Bestia hay un sinfín de artefactos útiles dispuestos a utilizarse en casos de emergencias. Comparten espacio equipos de extinción de incendios, tanques de oxígeno, cámaras de visión nocturna, escopetas, lanzagranadas y hasta una reserva de sangre del tipo y factor de Obama, en caso de ser necesaria una transfusión a bordo. El frente del vehículo está equipado con un sistema nutrido de cañones de gas lacrimógeno.

Después de advertir que Cristina Fernández era “antiestadounidense”, sólo hay que remitirse a la política que llevó a cabo su gobierno: un fuerte aislamiento. Macri quiere una apertura en el medio de decisiones internas que provocan discusiones cotidianas: el final del cepo cambiario, la quita de subsidios para la luz y, al mismo tiempo, la exención de las retenciones para el campo y las mineras. Con una fuerte devaluación que generó mayor inflación de la que se arrastraba en 2015, se espera una recesión que el presidente argentino avala en la búsqueda de bajar los índices. En simultáneo, el acuerdo con los fondos buitres, que tanta polémica generó, despierta expectativas. Por las dudas, la canciller Susana Malcorra aseguró que no habrá un tratado de libre comercio. Ajeno a estas cuestiones, Obama se mostrará junto a Macri. Y será una señal de cambio, después de tanta resistencia kirchnerista al Tío Sam.

Operativos y golpes de opinión

Argentina dispuso reforzar el operativo de seguridad previsto para la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, este miércoles y jueves, luego de los ataques ocurridos ayer en Bélgica.

“Se ha puesto en nivel de alerta mayor a todas las fuerzas de seguridad en función de lo que acaba de suceder en Bélgica”, dijo el ministro de Medios Públicos, Hernán Lombardi, a medios locales después de terminar una reunión de gabinete que encabezó el presidente Mauricio Macri. Obama permanecerá en Argentina hasta el jueves, cuando pasará unas horas de descanso en la ciudad de San Carlos de Bariloche, una villa turística 1.600 km al sur de Buenos Aires.

Antes de la llegada del presidente estadounidense, en Argentina se vivieron choques entre los que aprueban y desaprueban su visita. Los defensores de derechos humanos califican la visita como una “provocación”, por ocurrir en pleno aniversario del golpe de 1976. No obstante, según cuatro sondeos de opinión hechos en la víspera de la visita, los argentinos en su mayoría aprueban la llegada de Obama al país suramericano. El 40,6 % de los consultados, según el estudio de Management & Fit, consideran que la presencia de Obama puede traer algún impacto positivo. En cambio un 20,5 % opina que es “negativo y un 20,8 % piensa que no tendrá impacto alguno.