La ONU y el mantenimiento de la paz

El Secretario General Adjunto de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de las Naciones Unidas, Hervé Ladsous, reflexiona sobre los desafíos de dicho trabajo.

Hervé Ladsous indica que algunos de los retos de hoy son los aviones no tripulados y sin armamento en el Congo Occidental para monitorear grupos al margen de la ley y Cascos Azules que enfrentan los bombarderos suicidas en Malí. Ratifica que para su mi
Hervé Ladsous indica que algunos de los retos de hoy son los aviones no tripulados y sin armamento en el Congo Occidental para monitorear grupos al margen de la ley y Cascos Azules que enfrentan los bombarderos suicidas en Malí. Ratifica que para su misión el uso de la fuerza es la excepción, no la regla. Cortesía

La historia de las operaciones de Mantenimiento de la Paz de las Naciones Unidas es una historia de innovación y adaptación. Hasta hace 20 años, el Mantenimiento de la Paz parecía un asunto más concreto. Los Cascos Azules fueron implementados para monitorear el cese a hostilidades, usualmente entre países en guerra. Su rol era claro: observaban, reportaban infracciones y facilitaban las soluciones.

El personal de paz de las misiones modernas, operan en un terreno mucho más complejo. Ayuda a brindar paz en tierras brutalmente afectadas por los conflictos, por lo general de índole interna, y donde los acuerdos son muy frágiles. Actores no estatales como los grupos criminales organizados, presentan retos adicionales para la paz.

Para superar estos retos, las operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU han desarrollado una aproximación multidimensional que une a civiles, fuerzas policiales y fuerzas militares en un trabajo conjunto en diversas áreas como el mantenimiento del estado de derecho y la protección de derechos humanos y civiles. Pero, a medida que nos preparamos para alcanzar nuevas demandas – desde la República Democrática del Congo (RDC) hasta Malí, y posiblemente Somalia y Siria – el mantenimiento de la paz se enfrentará a dos verdades fundamentales:

En primer lugar, las operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU no pueden sustituir un acuerdo político. Las intervenciones de paz de la ONU deben ser respaldadas por un marco político claro.

En la RDC, por ejemplo, el marco de paz y seguridad aprobado por 11 países es una plataforma indispensable para la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas (MONUSCO) en sus esfuerzos por romper el recurrente ciclo de violencia. En Malí, aún queda mucho trabajo por hacer para involucrar a todas las partes en un proceso de reconciliación política, que enmarcará el trabajo de la Misión Multidimensional Integrada de
Estabilización de las Naciones Unidas en este país (MINUSMA), para así apoyar la seguridad y la protección de la población civil.

En segundo lugar, las operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU necesitan más y mejores herramientas y habilidades. Debemos prever que nuestras misiones cuenten con los recursos que necesitan para asegurar total conocimiento de situaciones en desarrollo y responder apropiadamente.

En la RDC Occidental, donde grupos armados amenazan a millones de civiles, estamos respondiendo con una nueva Brigada de Fuerza de Intervención y con el uso de vehículos aéreos no armados y sin tripulación para monitorear el movimiento de grupos al margen de la ley que presenten una posible amenaza a la población civil. Estas herramientas darán a nuestras misiones una ventaja táctica, mayor movilidad y un efecto disuasorio más fuerte.

Estas nuevas medidas aumentan las preocupaciones que las operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU se están inclinando a la guerra. Este no es el caso. Nuestro mandato del Consejo de Seguridad es claro: el uso de la fuerza de nuestro personal de Paz en la DRC es la excepción, no la regla.

La naturaleza cambiante de los conflictos armados demanda transformar las capacidades de los efectivos en las operaciones de la Paz. Cada vez más, el personal de Paz opera en entornos de alto riesgo, donde la búsqueda de la estabilidad se hace esquiva. Pero, a medida que las operaciones abordan la naturaleza de los conflictos del siglo XXI, adaptarse a estos nuevos contextos constituye una evolución, no una revolución.

Nuestra posición obedece a los principios fundamentales que han guiado las operaciones de Mantenimiento de la Paz desde la década del 50: actuar imparcialmente en pro de la paz y operar con el consentimiento de todas las partes. Utilizamos la fuerza solo en defensa propia y defensa del mandato del Consejo de Seguridad. Pero, también debemos estar preparados para enfrentar a quienes busquen estropear los procesos de paz.

En Malí estamos desplegando una nueva misión en un entorno volátil, en el que los Cascos Azules enfrentarán las amenazas de artefactos explosivos improvisados y bombarderos suicidas, lo que se conoce como un “conflicto armado asimétrico”. Estarán en alto riesgo de convertirse en víctimas colaterales y algunas veces en objetivos directo de este conflicto. MINUSMA se desplegará unto a las fuerzas armadas francesas responsables por acciones de contra-terrorismo y cumplimiento de la ley.

En 2012, 111 efectivos del personal de paz perdieron sus vidas en misión. Muchos murieron en actos de servicio. En abril de este año, cinco fueron asesinados en Sudan del Sur, cuando un grupo de civiles a quienes escoltaban fue atacado. En junio del año pasado, siete fueron asesinados en Costa de Marfil, cuando su patrulla fue blanco de ataques. También hemos perdido personal durante el año pasado en ataques en Darfur, Abyei y la RDC.

Mientras hacemos una pausa en el Día Internacional del Personal de Paz de la ONU (mayo 29), para rendir homenaje a nuestros colegas caídos, también rendimos homenaje a la alianza formada para el mantenimiento de la paz – aquellos que contribuyen con un apoyo de recursos humanos, financieros y materiales. Gracias a esta excepcional asociación, las Naciones Unidas y las operaciones por el Mantenimiento de la Paz continúan evolucionando y permanecen como una herramienta relevante para abordar conflictos modernos. A pesar de las amenazas, antiguas y recientes, el personal de paz continúa haciendo lo que mejor saben hacer: ir a donde otros no pueden o desean ir para ayudar a la gente y a las comunidades en conflicto. Mantenemos, como siempre, nuestra solemne promesa de estar a la altura de estos desafíos.

* El autor es Secretario General Adjunto de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de las Naciones Unidas.  

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