Operación exitosa

Cristina Fernández deberá permanecer seis días internada en la clínica donde la operaron del hematoma consecuencia de un golpe en la cabeza recibido hace dos meses.

Seguidores de la presidenta argentina esperaron a las puertas de la clínica para tener noticias de su estado de salud. / EFE

La bandera que ayer al mediodía flameaba en la puerta del Hospital Universitario de la Fundación Favaloro ilustraba a Cristina Fernández de Kirchner de perfil, sonriente. Una imagen muy distinta a la que se observó en el anochecer del lunes, cuando la presidenta de la República Argentina se retiró de la clínica del barrio de San Cristóbal a bordo de un auto particular para volver a la mañana siguiente. La foto que invadió la tapa de todos los diarios nacionales mostraba a la mandataria como una mujer desmejorada, con la mirada cubierta por unos lentes oscuros y un rostro carente de felicidad. Era la consecuencia lógica de una sorpresiva intervención quirúrgica que se llevó a cabo ayer por la mañana y que, según el parte médico que brindó el vocero presidencial, fue “exitosa”.

La noticia, sin embargo, no logró aplacar la tensión política que se vive en el Gobierno por una operación que obligará al polémico vicepresidente, Amado Boudou, a tomar el poder del Ejecutivo a tan sólo 18 días de las elecciones legislativas.

Fernández fue operada de un hematoma en la cabeza producto de una colección subdural crónica, una acumulación de sangre que habría sido consecuencia de la caída que la presidenta sufrió el 12 de agosto y la cual se mantuvo bajo total hermetismo, a tal punto que se habló de que la internación del domingo era producto de una arritmia. La propia mandataria había pedido reservas a los medios, el público en general y hasta sus secretarios. La realidad es que Fernández de Kirchner había sentido un hormigueo en el brazo izquierdo y los médicos, que le habían recomendado un mes de reposo, decidieron cambiar de opinión y pasar al bisturí.

No obstante, no es la primera vez que la dama de hierro de los argentinos sufre problemas de esta naturaleza. Cabe recordar que el 4 de enero del año pasado le extirparon un tumor en la glándula tiroides. Y ya son famosos sus episodios de hipotensión arterial que entre 2009 y 2011 la empujaron a modificar su agenda y cancelar viajes por Cuba y México, además de actos proselitistas. Y el 22 de junio de 2012 sufrió un golpe en la cabeza que no tuvo mayores consecuencias, según reveló una tomografía computarizada.

“La presidenta de la Nación ya está en su habitación, de muy buen ánimo. Saludó a todos, agradeció al equipo médico, a todos ustedes y a toda la gente que está rezando por ella”, afirmó Alfredo Scocimarro, portavoz gubernamental. De pie ante un atril, se dirigió al grupo de militantes de la organización barrial Tupac Amaru que tapizaron con banderas y cartulinas las paredes del prestigioso sanatorio.

Hubo muchas manifestaciones de cariño hacia la presidenta, más allá de que ha perdido el favor popular, como se vio en las elecciones primarias realizadas en agosto, cuando sus principales alfiles cayeron estrepitosamente, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, siempre un bastión oficialista. A fin de cuentas, un testimonio del deterioro político que sucedió a la apabullante victoria con el 54% en los comicios que la mantuvieron en el poder hace dos años. “Fuerza, Cristina”, fue trending topic en las redes sociales. “Aguante, Cristina”, una expresión bien argentina, fue otra de las leyendas que pudieron observarse sobre Venezuela, una de las calles que delimita el nosocomio y que lleva el nombre de un país tan admirado por la jefa de Estado.

Dos horas duró la intervención. Y la ansiedad de los militantes, curiosos y afines que se acercaron al lugar no cesó, mucho menos la de los medios apostados con sus móviles, hasta que Scocimarro notificó que todo estaba bajo control y que la presidenta, de “buen humor”, estaba lúcida, acompañada por su madre, Ofelia Wilhelm de Fernández, y sus hijos, Máximo y Florencia Kirchner.

Cristina no quedará fuera de escena, pero tendrá que delegar el poder. Y en plena ebullición por la campaña, lo que menos quería la presidenta es que su vice tomara relevancia porque tiene la peor imagen de un dirigente político en el país, más allá de que ya la había sustituido por 21 días en enero del año pasado. Boudou, de 50 años, está imputado en una serie de causas judiciales. La más escandalosa es el caso Ciccone, una empresa a la que el funcionario habría beneficiado desde el Estado. Actualmente se lo investiga por enriquecimiento ilícito y negociaciones incompatibles con las funciones públicas. Además está lejos de corresponder a su nombre de pila entre muchos de los más fervientes cristinistas.

Es más, hace algunas semanas, la agrupación La Cámpora, liderada por Máximo Kirchner, arremetió contra los dirigentes que responden a Boudou en la Casa de la Moneda y el Correo Argentino. El ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, y el jefe de los senadores kirchneristas, Miguel Pichetto, también lo resisten. Y por si fuera poco, Martín Insaurralde, candidato a senador por el Frente por la Victoria en la provincia de Buenos Aires, le pidió que no lo acompañara a los actos políticos por “espantavotos”.

Lo cierto es que el auténtico reemplazante de la presidenta —quien se quedaría internada entre cinco y seis días en el Hospital Universitario de la Fundación Favaloro y luego deberá hacer reposo por un mes— será Carlos Zannini. El secretario de Legal y Técnica, un abogado cordobés de 59 años que fue mano derecha de Néstor Kirchner, es una persona clave para el Gobierno. Zannini es influyente en Cristina, pero cuentan aquellos que conocen la intimidad kirchnerista que sabe interpretar los deseos presidenciales. También tiene llegada a las agrupaciones jóvenes y a todos los seduce con su perfil bajo, muy opuesto a la alta exposición que tiene Boudou.

 

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