Orlando, antes y después de la tragedia en Pulse

Nikki Wilson, una cliente frecuente del bar Pulse, escenario del asesinato de 49 personas, relata cómo casi toda la comunidad se vio afectada con la peor matanza en la historia de ese país.

Una mujer reza en una de las vigilias organizadas en Orlando para recordar a las víctimas. / EFE
Una mujer reza en una de las vigilias organizadas en Orlando para recordar a las víctimas. / EFE

Las autoridades de Estados Unidos continúan con la investigación de la masacre de Orlando (Florida), a donde llega el presidente Barack Obama, para solidarizarse con las familias de los 49 muertos en el peor tiroteo de la historia del país.

Pero cada vez aparecen más sombras sobre Omar Mateen, autor de la matanza del domingo en el bar gay Pulse. Aunque el FBI reveló que en una llamada al 911 el atacante juró lealtad al grupo terrorista Estado Islámico, lo cierto es que hasta ahora no se han encontrado lazos que confirmen su pertenencia a los radicales. ¿Homofobia? Esta es la otra línea de investigación, pues al parecer Mateen era frecuente cliente del bar y tenía contactos a través de una aplicación para la comunidad LGBT. Su padre dice que “se molestó mucho cuando vio a dos hombres besándose”. De cualquier modo, “un crimen de odio”, como lo ha catalogado Obama.

Hoy Orlando trata de curar las heridas abiertas. Nikki Wilson, cliente frecuente del bar Pulse, tiene sentimientos encontrados. Por un lado, está agradecida por no haber muerto y por no haber perdido a nadie cercano durante la masacre . A su vez, siente una profunda tristeza por los que murieron, porque algunos de sus amigos perdieron hasta cinco personas en el hecho.

¿Cómo era la situación en Orlando antes de la masacre?

No soy de acá. De hecho he odiado esta ciudad durante la mayor parte del tiempo que he vivido acá: ocho años yendo y viniendo... Lo poco de cultura que he experimentado –y que tenemos distinto a todo lo turístico– es la comunidad LGBTI. Mis dos mejores amigos en la universidad eran gais. Y yo frecuentaba Pulse, The Abbey y Parliment House, regularmente. Lo mejor ha sido bailar en los bares gais disfrutando la naturaleza acogedora de esta comunidad. Yo enseño en una escuela de cine, Full Sail University, donde tenemos una gran comunidad LGBTI. Así que levantarme el domingo con las noticias de la masacre fue una de las experiencias más discordantes de mi vida: a 10 minutos de mi casa se había presentado la mayor masacre en la historia de EE.UU.

Gente de mi comunidad, todos mis allegados, se vieron afectados. Uno de mis dos mejores amigos perdió a cinco de sus amigos. No he parado de llorar desde entonces y no he podido comer ni dormir. Hasta ese domingo, nunca había sentido una conexión con esta ciudad. Extrañaba vivir en Los Ángeles y en Nueva York y me sentía defraudada de que mi trabajo me obligara a establecerme en Orlando. Pero hoy siento que es mi hogar, mi comunidad y mi gente.

¿Cómo era Pulse?

Uno de los más divertidos bares de la ciudad, bastante popular. Tiene varias áreas: la pista de baile, el salón hip-hop, el patio. Su clientela es, sobre todo, la comunidad LGBTI, pero también llegaban muchos heterosexuales.

¿Cómo ha visto la reacción de la gente?

Estoy tratando, con todas mis fuerzas, de ver solo lo positivo. Pero he visto y escuchado historias horribles. Por ejemplo, The Center, un lugar de encuentro para la comunidad LGBTI, fue evacuado por una amenaza de bomba. Y algunas personas pasan en sus carros gritando que los “gais se merecían eso”. Mi mejor amigo de la universidad, que es gay, me dijo que se sentía como un extraño en su propio país y con miedo de ser él mismo. Odio esto. No pasa un día sin escuchar gente gritando con odio. Y estoy algo disgustada con la cantidad de reporteros que han llegado a esta ciudad. Pareciera que estuvieran capitalizando la tragedia para generar clics en sus portales. Por supuesto hay cosas positivas: cientos de personas haciendo fila para donar sangre. Yo tengo mi cita el viernes.

¿Se siente segura?

No me he permitido pensar en ello.

 

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