La OTAN estudia una nueva estrategia para Afganistán

La Alianza Atlántica tiene previsto incrementar el control sobre la financiación otorgada para garantizar que se gaste correctamente.

Soldados afganos custodian la ciudad de Ghazni (Afganistán), después de un atentado con carro bomba. /EFE

Después de 13 años de guerra, la misión de la OTAN en Afganistán termina oficialmente el próximo año. Sin embargo, tras meses de negociaciones sobre la extensión de una presencia militar estadounidense luego de 2014, funcionarios de la OTAN han revelado sus planes para una estrategia que ellos llaman minimalista, poniendo el foco en la administración en lugar del combate.

El plan de la posguerra se basa en un acuerdo de seguridad entre Estados Unidos y Afganistán en relación con el papel de las tropas, su número y la garantía de su protección para ellas. Se espera que un consejo de Afganistán se reúna en las próximas semanas para discutir la propuesta.

Si es aprobada, el personal de la OTAN sería asignado a los ministerios afganos y a cuarteles generales para asegurar que los recursos entregados vayan a donde crean que deben ir; por ejemplo a combustible, suministros y capacitación. También se presentarían informes periódicos a los líderes de la OTAN para evaluar si se están cumpliendo los objetivos.

En la actualidad, el Congreso de Estados Unidos y el Parlamento Europeo contribuyen con más de US$ 4.000 millones al año a Afganistán, el mayor programa de ayuda militar en el mundo. No obstante, el país del Medio Oriente es conocido por sus altos niveles de corrupción, incluso en los más altos cargos del gobierno afgano. El soborno, el fraude bancario y el tráfico de drogas son los principales problemas. Por esa razón, la credibilidad del gobierno afgano y de sus benefactores occidentales a menudo puede verse debilitada.

La OTAN ha aprobado entre 8.000 y 12.000 soldados a permanecer en Afganistán, de los que dos tercios serían estadounidenses. El número es mucho menor que el de las recomendaciones anteriores entregadas por los comandantes militares, pero los funcionarios de alto nivel de la Alianza Atlántica han dicho que una cantidad más grande no es necesaria debido a que los objetivos que fueron establecidos por los líderes políticos ahora son más moderados.

Un alto diplomático de la OTAN, que como otros oficiales militares hablaron bajo condición de anonimato, dijo a The New York Times que "se necesitan tropas suficientes para administrar con responsabilidad, supervisar y rendir cuentas de los US$ 4.000 millones por año de asistencia a la seguridad". La fuente describió las continuas contribuciones financieras a las fuerzas de seguridad afgana como esenciales para evitar la agitación política y la disensión interna.

La idea de reducir la presencia de las tropas refleja los temores del Congreso de Estados Unidos y el Parlamento Europeo, pues evalúan diezmar o cancelar su contribución a menos de que tengan una mejor idea sobre a dónde va su dinero en Afganistán. La reducción también se produce después de obtener sospechas de que cada vez más hay intereses en conflicto, entre los líderes militares y políticos afganos.

Los militares quieren que la misión de la posguerra se centre en la formación de tropas afganas y apuntan a tener más soldados en todo el país, distribuidos en pequeñas unidades de tropas locales mientras sigan en la lucha táctica contra los talibanes. Sin embargo, los líderes políticos en las capitales de la OTAN han optado por esta vía más minimalista en cuento a la presencia de soldados estadounidenses.

Los militares americanos creen que esta estrategia sería la más práctica y la forma más eficaz de avanzar, pues la OTAN y EE.UU. desplegarían asesores extranjeros en el campo, con el fin de asegurarse de que las fuerzas armadas de la coalición operan al nivel que merece el apoyo financiero. No formarían parte de las unidades, pero sí las asesorarían.

Estos oficiales señalan que el ejército afgano se encuentra todavía en el proceso de la evolución táctica, que consiste en el desarrollo de sus habilidades de liderazgo y su capacidad para luchar contra una fuerza rebelde que se esconde entre la población civil. En ciertas áreas, como el transporte aéreo y la atención médica, consideran que todavía hay grandes lagunas. La eventual asignación de asesores extranjeros a los granes cuarteles, genera temores de que las tropas afganas vuelvan a utilizar métodos ilegales y sin escrúpulos, aprendidos durante años de lucha soviética y yihadista.

No obstante, no todas las figuras militares están de acuerdo con el enfoque en la asignación de recursos. David W. Barno, un teniente general retirado que fue el oficial de más alto rango estadounidense en Afganistán durante 19 meses, admitió que la ayuda financiera sostenida es el "punto fundamental". Aseguró que "lo más importante que podemos hacer es mantener la emisión de cheques para las Fuerzas de Seguridad Nacional afganas, así podrán seguir siendo financiados el combustible, los alimentos, armas y salarios. Si esto continúa, al menos tendrán la capacidad de mantener a raya a los talibanes y eso es suficiente para mantener el Estado en funcionamiento".

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