La otra crisis: los refugiados climáticos

Estados Unidos comenzó el traslado de los habitantes de una isla de Louisiana por los graves efectos del cambio climático.

La isla Jean Charles, Louisiana,  va desapareciendo lentamente bajo las aguas del Golfo de México.  / AP
La isla Jean Charles, Louisiana, va desapareciendo lentamente bajo las aguas del Golfo de México. / AP

¿Existen los refugiados climáticos? Un debate al que muchos le sacan el cuerpo. Europa está desbordada con la actual crisis de migrantes, que huyen de la guerra principalmente, y en sus planes no está ampliar el concepto de refugiado consignado en la Convención de Ginebra. Sin embargo, no se podrá ignorar esta realidad muchos años. Cada vez crece el número de personas que tienen que dejar sus hogares por sequías, ciclones, inundaciones o terremotos.

Ioane Teitiota es un ejemplo. Hace unos meses, Nueva Zelanda denegó la petición de asilo de este habitante de Kiribati (una de las naciones más vulnerables por el cambio climático) y lo devolvió a su casa. Teitiota, quien vivía hace seis años en Nueva Zelanda, había pedido ser considerado un refugiado climático. Pero nadie se quiere arriesgar a abrir esta puerta a un nuevo tipo de refugiados.

Los primeros casos masivos se registraron a mediados de los noventa, cuando varios informes daban cuenta de 25 millones de personas que se habían visto forzadas a migrar a causa de presiones medioambientales como contaminación, degradación del suelo, sequías y desastres naturales. Se les llamó refugiados medioambientales y se proyectó que superarían en número a los desplazados por la guerra.

En octubre de 2005 el Instituto del Medio Ambiente y Seguridad Humana de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-EHS) alertó a la comunidad internacional de que, para el año 2010, tendría que estar preparada a asumir a 50 millones de refugiados medioambientales. Para el 2050 el número llegaría a 200 millones: diez veces la cifra actual de refugiados documentados y poblaciones desplazadas internamente.

Los hechos comienzan a confirmar que la tragedia anunciada hace 26 años –en 1990 el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) dijo que la migración humana podría ser una de las consecuencias más graves del cambio climático– es una realidad. Norman Myers, de la Universidad de Oxford, lo expuso así: “Cuando el calentamiento de la Tierra cobre fuerza, puede que haya hasta 200 millones de personas afectadas por las alteraciones de los sistemas monzónicos y otros tipos de precipitaciones, por sequías de una virulencia y duración sin precedentes, y por la elevación del nivel del mar e inundaciones de las zonas litorales”.

Hace unos días, el gobierno de Estados Unidos comenzó a todos los indígenas “bayous” que durante cientos de años han vivido en la isla Jean Charles, en la costa sur de Luisiana, por cuenta del cambio climático: las aguas invaden sistemáticamente sus casas y la ruta que los conecta con la civilización queda medio metro por debajo de la superficie fluvial. El Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano informó que mover la tribu entera (o lo que queda de ella) a un territorio más seguro costará $48 millones de dólares.

Desde hace unas décadas, la isla ha perdido cerca de 75 kilómetros cuadrados, el nivel del mar creció 20 centímetros en promedio desde la década de 1950 y la línea costera, al igual que pasa en todo el estado, va desapareciendo poco a poco bajo las aguas del Golfo de México. Este es el primer caso en América de reasentamiento total por cambio climático. “Siempre hemos estado a merced del Golfo de México, pero de unos años para acá todo ha empeorado”, le dijo Chris Brunet, habitante de la isla, a la BBC. Este hombre culpó a la industria del gas y el petróleo como los responsables de las inundaciones.

En enero, el gobierno estadounidense destinó un billón de dólares para ayudar a que localidades de 13 estados se adapten al cambio climático mediante la construcción de diques, presas más fuertes y sistemas de drenaje.

Una situación parecida sufren los habitantes de las islas Maldivas, un archipiélago del océano Índico, que año tras año ven como el nivel del mar en el Pacífico occidental aumenta cuatro veces más rápido que el promedio mundial. Eso ha provocado que los ciclones y otros fenómenos tengan una intensidad inédita. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU ha declarado que Kiribati está entre las seis naciones de las islas del Pacífico más vulnerables al calentamiento global. Comunidades que se enfrentan a una seria amenaza de inundación permanente causada por la subida del nivel del mar.

Vanuatu, otro paraíso del Pacífico, es considerado por las Naciones Unidas el más vulnerable ante los desastres naturales. El último ciclón, Pam, dejó a 3.300 personas sin hogar. La migración climática está creciendo y la gran pregunta es: ¿Y a dónde ir?

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2016-05-04T22:30:33-05:00

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Redacción Internacional

El Mundo

La otra crisis: los refugiados climáticos

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