La otra pelea en EE.UU.

Si la campaña por llegar a la Casa Blanca ha estado reñida, la contienda por el Senado ha sido peor. Controlar la Cámara Alta, hoy en manos republicanas, clave para el futuro del país.

Aunque ha hecho campaña por Clinton, el senador Bernie Sanders anda dedicado a lograr que los demócratas obtengan la mayoría en el Senado. / AFP
Aunque ha hecho campaña por Clinton, el senador Bernie Sanders anda dedicado a lograr que los demócratas obtengan la mayoría en el Senado. / AFP

En Estados Unidos todos los reflectores están sobre Hillary Clinton y Donald Trump; sin embargo, este 8 de noviembre hay otra elección, quizá menos importante, pero clave para el futuro de ese país. Se trata de la contienda por el Senado. (Vea acá el especial ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS 2016)

Quien controla esa Cámara tiene el poder de facilitar u obstaculizar la labor del presidente. Éste se encuentra, actualmente, en manos del Partido Republicano, que ha aprovechado eso para vetar varias de las iniciativas del presidente Barack Obama.

A su vez es el Senado el que elige, por ejemplo, a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, que se encuentra en suspenso debido, precisamente, a que esa entidad no ha elegido un reemplazo para el fallecido Antonin Scalia.

En este momento, de los 100 senadores que componen el Senado, 54 son republicanos, 44 demócratas y dos se identifican como independientes. Aunque votan, normalmente, en coalición con los demócratas.

Uno de ellos no es otro sino el senador y excandidato presidencial Bernie Sanders, quien, aunque independiente, se postuló por el Partido Demócrata para la Presidencia y anda haciendo campaña por su otrora rival Hillary Clinton.

En Estados Unidos, a diferencia de lo que ocurre en Colombia, los senadores no son elegidos en una sola elección, sino que cada dos años se escoge una tercera parte de ellos. Por ello en estas elecciones no se van a elegir 100, sino apenas 34 senadores.

A lo que se suma que a diferencia de Colombia, los senadores no son elegidos nacionalmente, sino por cada estado. Lo que sí es común en ambos países es que los senadores se pueden reelegir cuantas veces quieran.

Para quedarse con la mayoría en el Senado, el Partido Demócrata necesita cinco curules más de las que ya tiene. O cuatro si Clinton es elegida presidenta. Porque en caso de empate, el vicepresidente electo elige a quien le da la mayoría.

Varios portales le dan la victoria en el Senado al Partido Demócrata. Por ejemplo, el portal FiveThirtyEight dice que esta colectividad tiene un 70,7 % de posibilidades de ganar. The New York Times, por su parte, le da un 59 %.

Pero las encuestas son engañosas. Y, en ocasiones, como con el No en Colombia, terminan derrotadas. Ambos partidos lo saben. Y por ello no se confían. Lo que sí está claro es que esta elección se va a definir en seis estados.

Se trata de estados donde la diferencia entre los candidatos de ambos partidos es mínima: Indiana, Nevada, Nueva Hampshire, Carolina del Norte, Pennsylvania y Missouri. En el resto de estados las elecciones ya están, prácticamente, definidas.

Hay mucho en juego. Ambos partidos lo saben y han tratado de mover sus fichas. La contienda por el Senado ha terminado siendo tanto o más reñida que la pelea entre Clinton y Trump por llegar a la Casa Blanca.

Sobre todo después de que el director del FBI, James Comey, decidiera reabrir la investigación en contra de la candidata demócrata por el manejo que les dio a sus correos electrónicos mientras fue secretaria de Estado.

Ante este panorama varios políticos, de ambos partidos, se los ha visto más enfocados en las elecciones para el Senado que en las presidenciales, por ejemplo, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan.

Ryan se ha mostrado distante de Trump, pese a que recientemente reconoció haber votado por él, aprovechando la oportunidad que se les da a los votantes en Estados Unidos de votar anticipadamente para ya no tener que hacerlo el 8 de noviembre.

Ryan se ha dedicado a tratar de que los republicanos no pierdan su mayoría en el Senado, asegurando, entre otras, que si los demócratas obtienen la mayoría, el próximo jefe del Comité de Presupuesto del Senado será “un tal Bernie Sanders”.

Tras sus declaraciones, Sanders respondió que con sus palabras Ryan le había ayudado a los demócratas a recaudar US$2,4 millones en tres días. “Gracias, Paul” , dijo el senador por Vermont a modo de burla.

Luego Sanders le escribió a Ryan, a través de Twitter “qué bonita mayoría la que ustedes tienen. Sería una lástima que alguien la volteara” . Y luego le hizo un llamado a sus seguidores para que le dieran la mayoría en el Senado a su partido.

Algunos de los financiadores de ambos partidos han tomado el mismo camino y se encuentran dedicados a las elecciones para el Senado, como los multimillonarios republicanos David y Charles Koch. No se trata, entonces, de una contienda menor. Puede cambiar la historia reciente de Estados Unidos.

Hay tres panoramas: que el Partido Republicano pierda el control de la Cámara Alta a manos del Partido Demócrata y que la exsecretaria de Estado sea elegida presidenta. Sería una debacle para el Partido Republicano que acumularía cuatro años más alejado de la Casa Blanca.

Un panorama distinto, que el empresario neoyorquino Donald Trump sea elegido presidente y que los republicanos mantengan su mayoría en la Cámara Alta, sería una derrota histórica para el Partido Demócrata, tras ocho años en el poder.

Otra posibilidad, que los demócratas se queden con la Presidencia y los republicanos con el Senado, o viceversa, podría llevar a un desgobierno en ese país, sobre todo en este momento de profunda polarización. Mejor dicho: jodidos.

 

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