Países ricos evitan a los migrantes

Los países ricos son capaces de fomentar guerras, accionar bombas nucleares, levantar bancos y organizar orgiásticos mundiales de fútbol, pero resultan incapaces de abrigar a los migrantes que necesitan un hogar.

Migrantes en Serbia con pancartas: “No necesitamos agua ni comida. Necesitamos un hogar”. / EFE
Migrantes en Serbia con pancartas: “No necesitamos agua ni comida. Necesitamos un hogar”. / EFE

Los países ricos son capaces de fomentar guerras, accionar bombas nucleares, levantar bancos y organizar orgiásticos mundiales de fútbol, pero resultan incapaces de abrigar a los migrantes que necesitan un hogar. Esta frase, formulada con otros ejemplos, pertenece a la secretaria general de Amnistía Internacional, Salil Shetty: hace referencia al hecho de que, según un informe presentado por esa organización este martes, el 56 % de los 21 millones de migrantes que hay en el mundo están refugiados en diez de los países más pobres. Es decir, que los países más ricos (las naciones de Europa y Estados Unidos) son los que menos refugiados reciben, lo que produce una carga exagerada en otras naciones con economías menores y más débiles. (Vea: Salvan más de seis mil migrantes en el Mediterráneo)

El primer país en esta lista es Jordania. Vecino de Siria, Jordania ha tenido que cargar con buena parte de los migrantes que huyen por la guerra civil. Allí han llegado 2,7 millones de refugiados (655.000 de ellos de Siria). Los que siguen en el listado son Turquía (2,5 millones, buena parte de ellos sirios), Pakistán (1,6 millones), Líbano (1,5 millones), Irán (979.000), Etiopía (736.000), Kenia (553.900), Uganda (477.200), República Democrático del Congo (383.100) y Chad (369.500). Los refugiados salen de un desastre para entrar en otro: Pakistán tiene un gobierno débil y está amenazada todavía por los talibanes; Turquía es un blanco constante del Estado Islámico y de las guerrillas kurdas; en la República Democrática del Congo un porcentaje alto de niños y mujeres sufren de malnutrición. (Lea: Al menos 28 migrantes murieron en un barco repleto que recorría el Mediterráneo)

Los 10 países juntos suman el 2,5 % de la economía mundial. La desproporción es evidente: Reino Unido ha recibido a 8.000 sirios, a pesar de que su economía es 90 % más fuerte que la de Jordania. El informe de Amnistía Internacional también permite repensar la repartición de migrantes que se lleva a cabo en Europa: mientras Alemania insiste en que haya una distribución más equitativa (según las cargas económicas de cada país), el informe apunta que es necesaria una distribución mundial, no sólo continental.

¿Por qué, entonces, los migrantes se quedan en estos países y no avanzan hacia Europa? Hay varias razones. Primero, los desplazamientos son caros: un trayecto entre, digamos, Eritrea y Sudán, o Eritrea y Etiopía, puede costar unos 2.000 euros por cabeza. Si una familia entera se quiere desplazar, queda en la pobreza (si le alcanza). De modo que la opción más sencilla es tratar de quedarse en ese país vecino que, aunque está en conflicto, podría ofrecerle una oferta laboral por un tiempo, de modo que reúne algún dinero y tiene la posibilidad de llegar a Europa.

Pero Europa no lo recibe. Justo ayer, cerca de 6.000 migrantes marchaban, a modo de protesta y también de petición de socorro urgente, hacia la frontera entre Serbia y Hungría. En el verano pasado, Hungría decidió cerrar por completo su frontera a los migrantes (contradiciendo un mandato de la UE, que parece no interesarle). Los migrantes tuvieron que quedarse, pues, en Serbia mientras esperaban la frontera. Pero ni Serbia los recibe (llenó las fronteras de policías y militares) ni Hungría les abrirá las puertas. Por meses, los migrantes han interpretado el papel de Vladimir y Estragón en Esperando a Godot: aunque esperan por meses, nunca nada sucede.