Panorama un año después del asaltó del comando prorruso al parlamento de Crimea

Meses después, en un polémico referendo, Crimea se anexó a Rusia, una polémica votación que provocó fuertes tensiones con Kiev y también con los países occidentales

El líder ruso de Crimea, Sergei Aksyonov sostiene un rifle automático AK47 durante la celebración del Día de los Defensores de la Patria, que se celebró en Crimea el 25 de febrero. / AFP
Un año después de que un comando prorruso ocupara el parlamento de Crimea, primer paso antes de su incorporación a Moscú, la antigua península ucraniana sigue apoyando a las autoridades rusas a pesar de su maltrecha economía, la escasez y una inflación galopante. "Estoy muy contenta de que nos hayamos unido a Rusia, era nuestro sueño desde hacía mucho tiempo", exclama Galina Tolmacheva, enfermera. "Hay descontentos" a causa del desplome de los sueldos por culpa de la inflación, pero "lo principal es que no hay guerra".
 
Un comando prorruso irrumpió el 27 de febrero de 2014 en el parlamento de Crimea, una península que, antes de ser ucraniana, había pertenecido a Rusia hasta 1954, y forzó a los diputados a votar a favor de un gobierno favorable a Moscú para la organización de un referéndum sobre su anexión a Rusia. Esta votación, en marzo de 2014, provocó fuertes tensiones con Kiev y también con los países occidentales, que impusieron a Rusia unas sanciones sin precedentes. Estas sanciones se aplican también en Crimea -ahora rusa- y la aíslan económicamente, lo que ha provocado el retiro de casi todas las empresas occidentales que estaban instaladas allí.
 
Para compensar, Moscú ha prometido invertir miles de millones de rublos en la región e intentar favorecer su apertura, construyendo un puente que la unirá a su nueva madre patria.Pero un año después del referéndum, los habitantes de la península continúan aislados y sufren cortes de electricidad y agua, servicios que hasta ahora les proporcionaba Kiev.
 
Desastre total
 
Con la escasez de bienes de primera necesidad y de medicamentos como la insulina, sin olvidar la inflación que casi ha doblado el precio de los alimentos, la vida en Crimea es "diferente a la vida normal de una persona corriente", concede el gobernador de la península, Sergueï Axionov, en una entrevista en la televisión rusa. El sueldo de un habitante de la península raramente pasa de los 10.000 rublos (142 euros), como es el caso de los músicos de la Orquesta filarmónica de Crimea, cuenta su antiguo director, Igor Kazdan. "Es un desastre total, parece que Rusia no ha tomado el control todavía", apunta el director de orquesta. Las autoridades locales estiman que las dificultades económicas de la península son temporales. Un optimismo que parece compartir la población, de la que un 82% sigue apoyando la adhesión de Crimea a Rusia, según un sondeo publicado en febrero por el instituto Gfk.
 
Estado policial
 
Pero otros han preferido irse de Crimea, como Alexandre Titov, de 22 años, quien desde octubre trabaja como programador informático en Dinamarca."No tenía ganas de vivir en una Crimea rusa", cuenta. En el referéndum, él votó en contra del "robo" de la península por parte de Rusia, un "estado policial".Alexandre Titov forma parte de los pocos que votaron "no" en un referéndum en el que el 97% de los participantes votaron "sí" según el Kremlin, un resultado no reconocido ni por Kiev ni por los países occidentales. Desde que el 18 de marzo de 2014, el presidente ruso Vladimir Putin firmara el tratado de adhesión, "reina una atmósfera de miedo en Crimea", según Andreï Krisko, militante local por los derechos humanos. 
“Casi cada día", Krisko recibe llamadas denunciando arrestos, incursiones policiales, expulsiones de Crimea. Y, subraya, algunos habitantes son detenidos por "extremismo", simplemente, por haber expresado sus sentimientos pro-Ucrania.