Papa pide abrir los ojos "a las miserias del mundo" durante el Jubileo

El sumo pontífice pidió no caer "en la indiferencia que humilla" y en el "cinismo que destruye", por lo que llamó a abrir los ojos "para mirar las miserias del mundo".

Agencia EFE

El papa recomendó este sábado "abrir los ojos a las miserias del mundo" y no caer en la "indiferencia que humilla" a los más desfavorecidos, en la bula de convocatoria del Año Santo Extraordinario.

"En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy!", lamentó.

Y añadió: "Cuántas heridas están marcadas en la carne de muchos que ya no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos".

La bula, compuesta por 25 puntos y titulada "Misericordiae Vultus", establece las líneas que seguirá el Año Santo Extraordinario, dedicado a la misericordia y que comenzará el próximo 8 de diciembre para concluir el 20 de noviembre de 2016.

Su presentación oficial se produjo durante una ceremonia solemne ante la Puerta Santa de la basílica de San Pedro del Vaticano, que será derrumbada al inicio del Jubileo para permanecer abierta hasta que este toque a su fin.

El papa recomienda en su texto no caer "en la indiferencia que humilla" y en el "cinismo que destruye" y llama a las personas a abrir sus ojos "para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad".

Que "nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar soberana para esconder la hipocresía y el egoísmo", apunta.

El papa expresó su deseo de que el "pueblo cristiano reflexione" durante el Jubileo "sobre las obras de misericordia corporal e espiritual. Será una manera de despertar nuestra conciencia muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza", y para profundizar en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina.

Así, propone redescubrir las obras de misericordia corporales, es decir, "dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos y enterrar a los muertos".

Y, además, pide a los fieles no olvidarse de la misericordia espiritual, o lo que es lo mismo, "dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste o perdonar las ofensas". 

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