París abrirá su primer centro para refugiados en octubre

En total, el campamento (impulsado por la alcaldía parisina) albergará a cerca de 900 personas que busquen asilo en el país. La medida busca eliminar los campamentos improvisados e insalubres que han emergido en la ciudad.

La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, durante la rueda de prensa en la capital francesa en que presentó el proyecto de campo de refugiados.AFP

La apertura de un centro para refugiados en París —dedicado a recibir y repartir a los migrantes en condiciones vulnerables alrededor del país— es en cierto sentido paradójica: París ha sido el centro del miedo y la furia contra el terrorismo, que se han traducido en algunos casos —y de manera por completo errónea— en el odio o el rechazo a los migrantes. Los menos tolerantes aseguran que son ellos quienes han traído el desastre terrorista y que por ello su paso debe ser vetado. Pero, de entrada, Francia es una nación migrante: basta con ver a su equipo de fútbol, cuya mayoría de personal tiene ascendencia africana y asiática. El terrorismo no viene de allí.

La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, es de ascendencia española. Desde junio del año pasado insistía en que debía abrirse un campo de refugiados en la ciudad para desmantelar los cientos de campos que se formaron en los alrededores y dentro de la ciudad, insalubres y sin las condiciones mínimas para una vida respetable. Hidalgo es parte del Partido Socialista, que con la apertura de este centro puede decir que ha respondido de dos maneras a la crisis migrante que acosa a Europa: por un lado, abriendo decenas de refugios en todo el país para acoger a los que buscan asilo en su país; por otro, en medio del estado de emergencia a causa de los atentados en París y en Niza, apoyando una política de bloqueo de migrantes desde Turquía hacia la Unión Europea. En cierto sentido, la apertura de este centro es una suerte de reivindicación por aquello que Francia ha dejado de hacer en el último año por los migrantes.

En rueda de prensa, Hidalgo explicó el funcionamiento del centro, que estará dividido en dos sedes. La primera, que será inaugurada a principios de octubre y tendrá capacidad para 400 personas (podría ser ampliada a 600), estará destinada para hombres que viajen solos. Tendrán todos los servicios necesarios y podrán vivir allí a la manera de un hogar de paso, por un máximo de 10 días. El segundo, que entrará en funcionamiento a finales de año y tiene capacidad para 300 migrantes, tiene la misma infraestructura que el primero y estará destinado sólo para mujeres con niños. Su situación será evaluada por personal del Gobierno, con la ayuda de la fundación Emmaus Solidarité (fundada en los años 40 para ayudar a las personas en necesidad), y entonces los migrantes que califiquen para asilo serán enviados a alguno de los 160 centros de refugio del país.

La mayor parte de la inversión (80%) está a cargo de la alcaldía parisina, que pondrá 1,2 millones de euros por año para el funcionamiento de los centros, que estarán abiertos por dos años en Porte de la Chapelle y en Ivry-sur-Seine. El centro deberá tener un impacto certero, dado que estaciones de metros y calles de París abundan en migrantes que no han encontrado un hogar seguro (este año, han sido desmantelados 28 campamentos improvisados). El 40% de las solicitudes de asilo se presentan en la región Île-de-France, de la que París hace parte. De acuerdo con Eurostat, que registra las estadísticas sobre migrantes en la Unión Europea, en 2015 se han presentado más de 40.000 solicitudes de asilo. Los migrantes siguen llegando a las costas griegas y a Italia para dirigirse a Europa occidental. Dos de los países más apetecidos son Francia y Alemania.

Dominique Versini, asistente de la Alcaldía de París, dijo al diario Le Monde: “Los migrantes que desembarquen en París serán todos recibidos en este espacio siete días a la semana, desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche. Allí recibirán una tarjeta de identificación, se beneficiarán de un tiempo de reposo, de una comida y, para aquellos que lo necesiten, de un diagnóstico médico”. La ministra de Vivienda, Emmanuelle Cosse, agregó en declaraciones públicas: “Vamos a seguir siendo una tierra de asilo”.

La presión política contra los socialistas por abrir este centro de refugio proviene de la derecha. Justo por estos días, sectores laborales de Calais (al norte de Francia) protestan por los problemas que está generando el campo improvisado de migrantes que se levantó en las cercanías del puerto, donde casi 7.000 migrantes —según cifras oficiales— esperan para pasar a través del Eurotunel hacia Reino Unido y pedir asilo allí. Crear el centro de refugiados es una forma de evitar lo que fue bautizado como la “jungla de Calais”, donde los migrantes no encuentran otro modo para pasar a Reino Unido que montarse de manera abrupta en camiones y esconderse y donde los agricultores pierden sus tierras porque los migrantes las invaden o las maltratan. El partido Los Republicanos aseguró: “Francia no puede acoger a los que no cumplen con las reglas del derecho de asilo (…). No decirlo claramente es exponer a Francia a una inmigración económica para la que no tiene capacidad”.

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