¿Qué pasa si detienen a Lula da Silva?

Los fiscales de São Paulo pidieron prisión preventiva para el exmandatario. Los investigadores del caso Petrobras criticaron la medida y dicen que es un error.

“Jamás ha habido todavía un Superhombre. Yo he visto desnudos a todos los hombres, al más grande y al más pequeño. Se parecen todavía demasiado unos a otros: aún el más grande era demasiado humano”. Con citas como esta del libro Así habló Zaratustra, de Friedrich Nietzche, la Fiscalía de São Paulo pidió la prisión preventiva del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, denunciado el miércoles por delitos de corrupción, en un caso paralelo a la investigación del pago de sobornos en Petrobras (operación Lava Jato), en el cual la policía registró el viernes pasado la casa del exsindicalista y lo detuvo durante tres horas para interrogarlo sobre su supuesto enriquecimiento.

Los fiscales de São Paulo, que son diferentes a los de Lava Jato, alertan sobre determinadas “conductas” del exmandatario desde que comenzó la investigación. Entre otros puntos, señalan que “valiéndose de toda su red política y partidaria, siempre buscó maniobras para evitar la investigación” y llegan a afirmar que, “estando en libertad, puede interferir en las averiguaciones”.

De acuerdo con la revista crítica Veja, que en 2014 involucró a Lula y a la presidenta Dilma Rousseff en el caso de corrupción de Petrobras, los fiscales de este caso están en contra de la orden de detención del expresidente porque consideran que tendrá dos efectos indeseados.

“El primero es fortalecer el discurso de Lula de que es víctima de una persecución. Y el segundo, que la acción de los fiscales paulistas se puede confundir con la de los fiscales federales y la policía de Curitiba, que adelantan la operación Lava Jato, y que se han esforzado por no dejar que los agujeros técnicos lleven a que la investigación sea impugnada”.

De acuerdo con exfuncionarios brasileños, “el objetivo de la detención es humillar al expresidente”, según dijo a la prensa un exministro de Justicia de Brasil

No es el único efecto. Voces internacionales ya se levantan para criticar el trato del que es blanco el dos veces presidente. Felipe González criticó la manera como se ha llevado el proceso contra Lula. “Me choca cómo se ha producido (la conducción del exjefe de Estado), porque partiríamos de la base de que se niega a declarar y, como yo no lo creo, me parece innecesario el uso de la coerción para hacer declarar a Lula”.

El exjefe del Ejecutivo español agregó que sus declaraciones se basan en la evaluación del mandato del expresidente brasileño, considerado el más carismático del país y gracias al cual “Brasil cambió hacia dentro y hacia el mundo”, aseguró. Unasur se sumó a la condena y pidió respeto a la dignidad del exmandatario.

Como explicó el teólogo brasileño y exasesor del primer gobierno de Lula Frei Betto, “se equivocaron en tratar a Lula, el hombre que sacó a 40 millones de personas de la pobreza, como un bandido”.

“Los ánimos están muy exacerbados entre las personas a favor y en contra y pueden producirse más enfrentamientos violentos. Pero lo que habría que preguntarse es a quién le interesa tener a la sociedad tan polarizada. Al Gobierno no”, comentó a Público el sociólogo y profesor de gestión política de la Universidad de São Paulo Wagner Iglecias.

Mientras un juez decide si acepta la denuncia del Ministerio Público y ordena la detención del exmandatario, en un plazo que no fue precisado, las calles y la política en el país se agitan cada vez más. Hoy el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), la mayor fuerza de la coalición que respalda a la presidenta Rousseff, anuncia si rompe con el Gobierno. Toda esta situación socava aún más la imagen del padrino político de Rousseff y de la propia presidenta, que hoy mantiene los peores índices de popularidad que ha tenido un gobernante en Brasil, en torno al 10%.

A pesar del escenario complejo al que se enfrenta, Dilma Rousseff descartó renunciar. “Creo que solicitar mi renuncia es reconocer que no existe base para el impeachment” (juicio político), afirmó. Y agregó: “Es imposible creer que por mi trayectoria política, por mi honradez, me resigno ante los que actúan con absoluta falta de respeto a la ley”, agregó Rousseff.

Según Betto, “esto sólo demuestra que Dilma respeta su autonomía operacional de la justicia, algo que se conquistó cuando Marcio Thomas Bastos era ministro de Justicia de Lula”.

Rousseff tiene un enorme reto mañana: evitar que el país se envuelva en una ola violenta. Partidos y movimientos sociales opositores saldrán a las principales ciudades del país para pedir la salida de la presidenta. El gobernante PT no se quedará quieto y convocó marchas en apoyo al Gobierno y al expresidente Lula, su fundador.

“Siento angustia al ver lo que le pasa”, explico Dalia, ama de casa de São Paulo, y agrega: “Lula es un tipo de orígenes humildes, que llegó a la cima desde el fondo”.

Los delitos de los que se acusa a Lula

En uno de los casos, la Fiscalía de Sao Paulo acusa al expresidente brasileño de cuatro delitos: estafa, falsedad ideológica, organización delictiva y lavado de dinero, según medios locales.

La denuncia penal fue realizada por el fiscal Cassio Conserino, e involucra a la esposa y uno de los hijos de Lula. Los delitos están vinculados a la presunta compra oculta por parte del exmandatario de un lujoso apartamento en Guarujá, en el litoral de Sao Paulo.

En la operación Lava Jato (lavado de carros), que es un proceso aparte que investiga el pago de millonarios sobornos en la estatal Petrobras, tiene un punto de coincidencia: que investiga la trama de corrupción que operó en Petrobras.

coinciden en las sospechas de que Lula y su familia son los verdaderos dueños del apartamento tríplex y que este hecho fue ocultado, lo que configura dentro del delito de lavado de dinero.

Según la denuncia, Lula da Silva y su familia ocultaron ser los verdaderos dueños del apartamento.