¿Qué pasó con los políticos que impulsaron la guerra contra Irak?

La política no le sonrió a George W. Bush, Tony Blair, Dick Cheney, Donald Rumsfeld ni Paul Wolfowitz.

Diez años después de que intentaran reconstruir Medio Oriente lanzando la guerra en Irak, los políticos y teóricos neoconservadores que la implementaron desaparecieron de la circulación o están desacreditados.

George W. Bush

En tanto presidente de Estados Unidos y comandante en jefe de sus Fuerzas Armadas, es el responsable último de haber desatado la guerra para derrocar a Sadam Husein. Hoy, el exmandatario, que acaso pensara dejar un rastro en la historia al tomar esa decisión, no juega ningún papel político en Estados Unidos y mucho menos a nivel mundial.

De 66 años de edad, Bush vive retirado en Texas y recientes revelaciones dejan entender que estaría dedicado a la pintura.

El punto alto de sus diez años de presidencia fue el momento en que desafió a los enemigos de su país al recorrer las ruinas de un World Trade Center devastado por los atentados del 11 de septiembre de 2001. Habría seguramente dejado otra imagen si no se hubiera mostrado dos años después a bordo de un portaaviones proclamando "Misión cumplida", cuando la guerra estaba lejos de haber terminado. Ese hecho lo persiguió durante el resto de su gestión.

Tony Blair

El exprimer ministro británico admitió, en una entrevista que concedió a la BBC el mes pasado, que "hace ya mucho tiempo" que desistió de convencer a la opinión pública de que el apoyo que dio a George W. Bush en la guerra de Irak fue "la decisión correcta".

Él sigue creyendo, sin embargo, que no se equivocó. Pero la intervención en la guerra de Irak, a la cual la mayor parte de los británicos se oponía, hizo que el balance de la gestión de Blair, un político que siempre fue más popular en el extranjero que en su propio país, resultara globalmente afectado. De 59 años de edad, el político laborista, que abandonó sus funciones en 2007, funge actualmente como enviado del Cuarteto para Medio Oriente.

Dick Cheney

A la inversa de Tony Blair, que parece haber sufrido por el rechazo de la opinión de su país a su decisión de intervenir en Irak, el exvicepresidente estadounidense Dick Cheney se mantiene inmutable: "si usted pretende que lo quieran, dedíquese al cine", dijo en cierta ocasión.

Aún hoy, Cheney, de 72 años de edad, continúa creyendo que Sadam Husein estaba efectivamente desarrollando un programa para dotarse de armas de destrucción masiva y defiende el recurso de los militares estadounidenses a la tortura como método de interrogatorio.

Donald Rumsfeld

El exsecretario de Defensa estadounidense fue durante la guerra de Irak una inesperada estrella mediática: los periodistas disfrutaban de sus coloridas ruedas de prensa diarias. Pero Cheney chocó con un obstáculo mayor al no poder cumplir con uno de los principales objetivos que se le habían fijado: reducir el presupuesto de defensa. La propia guerra de Irak, que imponía la necesidad de enviar al extranjero decenas de miles de tropas de ocupación, no era la mejor opción para bajar los costos, máxime cuando quedó claro que el contingente desplegado en un primer momento era insuficiente para controlar una guerra que fue aumentando en intensidad.

Según algunos generales retirados, la planificación de la guerra por el exsecretario de Defensa fue "desastrosa".

Rumsfeld ofreció su renuncia una vez que se conocieron los abusos cometidos por los soldados estadounidenses en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, pero George W. Bush se la rechazó. Sin embargo, terminó abandonando sus funciones en 2006, huérfano de todo apoyo político. Hoy Rumsfeld tiene 80 años.

Paul Wolfowitz

Según varios altos funcionarios estadounidenses de la época, Paul Wolfowitz, secretario adjunto de Defensa, habría sido uno de los primeros en plantear un ataque frontal contra Irak y Al Qaeda tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El hoy analista en un grupo de reflexión, admitió que el argumento de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak fue un pretexto utilizado para recoger el máximo posible de apoyos a la intervención armada.

Tras dejar el Pentágono, Wolfowitz, de 69 años, fue presidente del Banco Mundial, pero debió renunciar al cargo en 2007 luego de haber sido acusado de favorecer a algunos de sus allegados políticos.

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