La pelea es por ser el segundo

El ganador de las elecciones presidenciales, aún antes de realizadas, ya tiene nombre.

Ha sido, quizás, la campaña electoral más aburrida de la cual el país tenga memoria. Analistas políticos, periodistas, politólogos y académicos notan la indiferencia latente de la gente en la calle frente a las próximas elecciones presidenciales en Argentina. En todo el territorio se da por sentado que la contienda tiene ya, de antemano, un claro ganador. O, mejor, ganadora.

Con poca publicidad en las calles, y con algunos anuncios en televisión, los diversos aspirantes a la presidencia saben que tienen muy pocas posibilidades de ganar. Nulas, dirán los más atrevidos. Aunque no todos lo manifiesten, sus esfuerzos se centran en disputar el segundo lugar detrás de Cristina Fernández de Kirchner, la actual mandataria.

Candidatos no faltan: Hermes Binner, Ricardo Alfonsín, Eduardo Duhalde, Alberto Rodríguez Saá, Elisa Carrió y Jorge Altamira, la gran mayoría con amplia trayectoria en política y reconocimiento en todo el país. Sin embargo, sus esfuerzos no han dado los resultados esperados. En las pasadas elecciones primarias de agosto, todos ellos sumados obtuvieron un 48% de votos, frente al 50,7% que obtuvo la presidenta. La diferencia entre Fernández y el segundo, Alfonsín, fue de casi 38 puntos.

Y es que, como dice el columnista argentino Fernando Laborda, las fuerzas opositoras perdieron las elecciones antes de salir a la cancha. “No supieron leer el mensaje de una vasta parte de la sociedad que les pedía cohesión detrás de un programa común alternativo”, señala. Incluso, constantemente, la disputa entre los candidatos opositores pareció más dura que la que protagonizaron contra el oficialismo.

Fernández sabe que la tiene fácil. Según la consultora Poliarquía, tiene un 49,3% de intención de voto y sigue manteniendo una ventaja de más de 35 puntos sobre su principal rival y un apoyo que es superior al de sus cuatro seguidores sumados. La única diferencia que marcan los sondeos, con respecto al resultado de las primarias, es quién podría ser el opositor más votado. Varias firmas encuestadoras muestran un avance importante de Binner, quien ahora aparece como segundo favorito, con una intención de voto cercana al 15%.

Tanto Binner, como Duhalde y Rodríguez Saá, apuestan en sus discursos a lograr arañar la posibilidad de una segunda vuelta. Algo prácticamente imposible, si los números mantienen la tendencia que muestran las encuestas, pues para ello necesitarían tener una diferencia de menos de 10% con el vencedor.

No será fácil que alguno se consolide como el líder de la oposición. Ninguno muestra mayor ventaja que otro en las encuestas. Binner, por ejemplo, tendría apenas cuatro puntos porcentuales más que el candidato de la Unión Cívica Radical (UCR), Ricardo Alfonsín, quien redujo su intención de voto al 9,5%. Lo mismo ocurrió con Eduardo Duhalde, que pasaría del tercer al quinto puesto, si se confirman las proyecciones que le dan el 7,8% del voto. El gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, se perfila en el cuarto puesto, con el 8,2% de la intención de voto.

“Las cartas ya están echadas”, dijo Alfonsín, resignado, en el acto de cierre de su campaña. Refleja el desgaste de todos los referentes opositores, quienes posiblemente dejarán de tener, en los próximos cuatro años, el escaso protagonismo que hoy ostentan. “El problema será el hiperpresidencialismo exacerbado. La presidenta va a tener mucho poder”, explica el sociólogo e investigador del Conicet, Marcos Novaro, quien señala que Binner o Rodríguez Saá, más allá de poder formar una oposición fuerte, podrían sobrevivir y posicionarse para las elecciones de 2015.

El lunes, una vez que el triunfo tenga porcentaje final y que la oposición sepa con certeza cuán magra fue su cosecha, una vez que la distribución del nuevo Congreso pueda dibujarse sobre un papel y que en todas las provincias se sepa quién gobernará a partir de diciembre, varias batallas se avecinarán por el horizonte. El premio mayor para el opositor con más votos será perfilarse como el precandidato más fuerte de cara a los siguientes comicios, en los que Fernández ya no podrá competir.

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