Perú: el nuevo "enemigo" de Venezuela

El gobierno venezolano ha dicho que las críticas por parte del peruano "obedece al libreto injerencista diseñado en Washington".

El presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski, durante la Cumbre en Cartagena. AFP

Primero fue Perú. Desde el inicio de la Cumbre Iberoamericana, celebrada en Cartagena este fin de semana, el presidente de ese país, Pedro Pablo Kuczynski, se había referido a la crítica situación que se vive en Venezuela, proponiendo incluso que el tema fuera debatido durante la Cumbre. Y entonces vino el comunicado del pasado 29 de octubre. En este, el gobierno peruano aseguraba que "en Venezuela se ha generado una alteración del orden democrático y constitucional que vulnera los principios de la Carta Democrática Interamericana". 

Sostenía, a renglón seguido, que "el restablecimiento del Estado de Derecho involucra la participación en libertad de todos los actores políticos y sociales venezolanos, para lo cual es necesario que el gobierno y la oposición logren acuerdos precisos con el objetivo de restaurar el orden democrático, con plazos y objetivos definidos" y expresaba "su apoyo y confianza a las gestiones de la Santa Sede para buscar una solución a la actual crisis institucional y a la grave situación social y humanitaria que enfrenta Venezuela".

Y entonces vino la respuesta venezolana. A través de su cuenta de Twitter, la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, dio a conocer un comunicado en el que se señalaba que Perú emitía "falsos juicios sobre los asuntos internos de un Estado democrático, soberano e independiente" y que su lenguaje obedecía "al libreto injerencista diseñado en Washington para justificar la intervención en Venezuela en concierto con los sectores opositores antinacionales. Comunicados de este tenor en nada contribuyen con la estabilidad y tranquilidad de dos pueblos cuyos nexos históricos están por encima de las pretensiones imperiales". 

La respuesta peruana fue anunciar que, "desde el domingo", iba a llamar a su embajador en Venezuela, Mario López Chávarry, para que informe sobre la crisis que afecta a ese país, precisamente, en momentos en los que el chavismo y la oposición tratan de darle inicio a un diálogo que saque a Venezuela de esta situación, con la ayuda de la Santa Sede. Precisamente hoy, el presidente venezolano Nicolás Maduro se reunió con un enviado del gobierno estadounidense, Thomas Shannon, para tratar de activar un diálogo al que no se ha podido llegar en años de polarización. 

Ante este panorama, el canciller peruano, Ricardo Luna, dijo que prefería "que el embajador esté allá y llamarlo a partir del domingo para que nos informe cómo evoluciona la situación en Caracas". Y explicó que no se trata de un llamado a consultas, porque esto sería como una forma de protesta diplomático. Dijo que no se trataba, en cambio, "sino una preocupación por la situación que vive el pueblo venezolano". Sin embargo, la posición asumida por Lima no hace sino mostrar que el chavismo se ha debilitado en cuanto a su poder regional se refiere. 

Si durante la primera década del siglo XXI contó con el apoyo de varios países latinoamericanos, ese apoyo se ha ido reduciendo, entre otras, por la derrota de la izquierda en Brasil y Argentina y por el distanciamiento, a su vez, con Uruguay y Paraguay. De hecho, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay viven, desde hace unos meses, una suerte de guerra fría con Caracas, debido a la decisión de Venezuela de asumir unilateralmente la Presidencia de Mercosur, generando el rechazo de estos cuatro países, una crisis que ya parece un novelón. 

En el caso de Perú, el nuevo presidente peruano ha asumido un tono más crítico respecto a Venezuela que el de su antecesor Ollanta Humala. Aunque Humala, al final de su mandato, ya se encontraba distanciado del chavismo con el que antes de ser elegido presidente trataron de involucrarlo varias veces. Pese a que sigue contando con el apoyo de Nicaragua, Bolivia y Ecuador, a Venezuela se le ha ido acabando ese apoyo internacional que tuvo en su momento, falta ver si eso va a repercutir en un posible diálogo con la oposición. 

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