Preocupación en América Latina por crisis en Venezuela

El arresto del alcalde opositor Antonio Ledezma en Venezuela suscitó preocupación y cautela en América Latina, que sin embargo evita hablar abiertamente de la crisis de un aliado y socio, señalan expertos.

Mitzy Capriles, esposa de Antonio Ledezma, Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López y la exdiputada María Corina Machado.Agencia EFE
Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras del mundo, atraviesa una acuciante crisis económica marcada por la mayor inflación de América Latina, un déficit fiscal fuera de control y una pertinaz penuria de alimentos y medicinas. El presidente, Nicolás Maduro, ha visto su popularidad desplomarse a 20% y enfrenta tímidas protestas antigubernamentales y pequeños disturbios, mientras el país tendrá unas cruciales elecciones legislativas a fines de año. 
 
En ese escenario, el alcalde mayor de Caracas, el opositor Antonio Ledezma, fue detenido y acusado de promover un golpe de Estado. Las manifestaciones y protestas no se hicieron esperar y se agudizaron con el asesinato, a manos de un policía, de un adolescente en una protesta en San Cristóbal.
 
Para el analista David Smilde, del Washington Office on Latin America (WOLA), la Unión Sudamericana de Naciones (Unasur) "es el único ente al que Venezuela escucha", y tiene un "papel clave" para resolver el conflicto en ese país". Sin embargo, según el experto, los países de Unasur "en realidad no quieren hacer algo sobre Venezuela (...) es un aliado (al que) no tratan de contener".
 
Sin embargo, la preocupación entre los gobiernos y organismos latinoamericanos por el creciente clima de conflictividad es latente. La cancillería brasileña, por ejemplo, expresó que sigue con "gran preocupación la evolución de la situación en Venezuela", Chile alertó que el "cuadro de polarización podría ser un obstáculo significativo para el diálogo entre gobierno y oposición" y el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, llamó a las partes a iniciar un "diálogo inclusivo".
 
El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, fue más allá y pidió "garantías para un debido proceso" en el caso de Ledezma e incluso aseguró que está dispuesto a mediar entre el Gobierno de Nicolás Maduro y la oposición venezolana, siempre "respetando la autonomía", para ayudar a resolver la crisis en la que se encuentra el país vecino.
 
Santos insistió en que sólo el diálogo puede salvar a Venezuela de la profunda crisis que atraviesa, al recordar que la troika formada por los cancilleres de Brasil, Ecuador y Colombia está lista para ayudar en cuanto se lo pidan. "El futuro que se puede construir es solo si ambas partes se sientan a dialogar, de otra forma va a ser muy difícil encontrar salida a los problemas que se están viviendo en Venezuela", apuntó.
 
Preguntado si está dispuesto a ser mediador, Santos respondió: "si las dos partes lo solicitan, por supuesto (...) Eso es lo que queremos, sería ideal que las dos partes se pusieran de acuerdo para solucionar esa situación tan difícil. Si nosotros podemos poner nuestro granito de arena respetando la autonomía de Venezuela pues ahí estaremos", remarcó.
 
"Distracción bienvenida" 
 
En ese escenario, una comisión de la Unasur, integrada por los cancilleres de Brasil, Colombia y Ecuador, prepara una visita a Venezuela con miras a una próxima reunión extraordinaria sobre la situación de ese país. La visita ocurre casi un año después de que la Unasur organizara un diálogo entre opositores y Maduro en medio de las manifestaciones callejeras, que fracasó sin acuerdos, y dejó una imagen ineficaz del organismo. 
 
Para los analistas, los países de la región tienen interés en que se respeten los derechos humanos en Venezuela y el país mantenga la senda democrática, en especial Brasil y Colombia, con millonarios intereses económicos en el país vecino. Pero reconocen que el principal énfasis de los organismos regionales como la Unasur o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) es la autonomía regional y la soberanía de los Estados.
 
Así que cuando Estados Unidos impuso sanciones a altos funcionarios venezolanos señalados de violar los derechos humanos durante las manifestaciones, no se sorprendieron de que América Latina expresara su rechazo unánime. "Las sanciones son una distracción bienvenida para no hacer nada respecto a Venezuela", según Smilde. Para el experto, en este contexto regional, Maduro no tiene incentivos para detener su ofensiva contra los opositores más radicales como Ledezma y López, quienes reclaman la renuncia del mandatario. 
 
De acuerdo con Michael McCarthy, experto de la American University en Washington, aunque los gobiernos latinoamericanos conocen "la gravedad" de la situación de los derechos humanos dentro de sus países, "no quieren empezar un proceso de acusaciones mutuas", pues se trata de temas "tabú".
 
Una percepción que concuerda con lo dicho este jueves por la ONG Human Rights Watch (HRW) que instó a Unasur a "exigir la liberación de los opositores" detenidos en Venezuela y "reclamar justicia por los abusos" cometidos por el gobierno contra manifestantes.
 
"Ni Unasur ni sus Estados Miembros -salvo Colombia y Chile- han manifestado preocupación" por estas dos cuestiones, indicó HRW en un comunicado fechado en Nueva York. El director ejecutivo para las Américas de HRW, José Miguel Vivanco, afirmó que "si Unasur desea propiciar un diálogo genuino, debería en primer lugar exigirle al gobierno venezolano que deje de encarcelar a las personas con quienes tendría que estar dialogando".
 
Según Vivanco, al guardar silencio sobre lo ocurrido en Venezuela "los miembros de Unasur se están apartando de sus principios rectores y están enviado la señal sumamente peligrosa de que el gobierno de Maduro puede continuar encarcelando a opositores y golpeando a manifestantes sin que haya consecuencias".