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Proceso contra la presidenta de Madres de Plaza de Mayo divide a Argentina

A Hebe de Bonafini, de 87 años de edad, se la citó a dar su versión sobre un presunto caso de corrupción alrededor de la fundación Sueños Compartidos; mientras la oposición la apoya, el oficialismo dice que no puede haber nadie por encima de la ley.

Hebe de Bonafini, con simpatizantes. AFP

La posible detención de la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, tiene dividido a Argentina. Pese a que el juez Marcelo Martínez de Giorgi le dio a De Bonafini un pequeño plazo para presentarse ante la justicia a dar su versión sobre un presunto caso de corrupción que involucra a Sueños Compartidos, una ONG vinculada a Madres, la controversia no ha mermado. El kirchnerismo ha mostrado su apoyo a De Bonafini, mientras que el oficialismo, empezando por el presidente Mauricio Macri, ha dicho que no puede haber nadie por encima de la ley. 

A De Bonafini y a varios exfuncionarios del pasado gobierno, se los investiga por la presunta desviación de fondos para la construcción de viviendas sociales, a cargo de Sueños Compartidos. Y es que de 748 millones de pesos argentinos que se le desembolsaron a Sueños Compartidos para este proyecto, 206 millones fueron desviados sin un fin específico. De acuerdo con la justicia, hubo todo un entramado de funcionarios, miembros de Madres y dirigentes, organizado por el exapoderado de Madres de Plaza de Mayo, Sergio Schoklender, y su hermano Pablo. 

En palabras del juez Martínez, "Sergio y Pablo Guillermo Schoklender, valiéndose del prestigio y trayectoria de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, habrían utilizado a la Fundación de la cual eran apoderados, en connivencia con funcionarios públicos nacionales, provinciales y municipales, para gestionar y obtener ilegítimamente fondos". Y, en este entramado, De Bonafini, reconocida a nivel mundial por casi 50 años de trabajo en favor de los desaparecidos por la dictadura argentina y sus familias, según la justicia, se dedicó a firmar cuanto papel hubiera. 

La justicia argentina ha dicho que este proceso no tiene nada que ver con la lucha por los desaparecidos que ha impulsado De Bonafini desde 1979, tras la desaparición de sus dos hijos, Jorge Omar y Raúl Alfredo, y su nuera, María Elena Bugnone. Sin embargo, su caso ha servido para atizar aún más la polarización que se vive en la Argentina, tras la llegada al poder de Mauricio Macri y el fin de 12 años de kirchnerismo. De Bonafini, símbolo internacional de la lucha por los derechos humanos, se ha despachado en epitetos en contra de Macri, al que ha llamado un torturador y ha mostrado desconfianza en el proceso; de hecho, ha dicho que durante años, la justicia no ha hecho sino estar del lado equivocado.  

El juez del caso ha dicho que no quiere ninguna confrontación. Y baraja la posibilidad de recibirle a De Bonafini su declaración en la sede de la Fundación Madres de Plaza de Mayo. Se espera que De Bonafini, de 87 años de edad, asista este fin de semana a un congreso sobre periodismo en la ciudad de Mar del Plata y luego atienda el llamado de la justicia. Y, mientras tanto, Argentina seguirá profundamente dividida.