Propuesta de ley contra la blasfemia genera violencia en Bangladesh

Organizaciones musulmanas extremistas, ante la negativa de la primera ministra, organizaron marchas que convirtieron a la capital, Dacca, en un campo de batalla.

Un hombre observa un libro islámico quemado durante los enfrentamientos registrados desde ayer en Dacca, Bangladesh. Las manifestaciones que comenzaron el domingo reunieron hasta 200.000 personas, lideradas por Hefazat-e Islam, que pide una aplicación
Un hombre observa un libro islámico quemado durante los enfrentamientos registrados desde ayer en Dacca, Bangladesh. Las manifestaciones que comenzaron el domingo reunieron hasta 200.000 personas, lideradas por Hefazat-e Islam, que pide una aplicación más estricta del islam, con una ley de la blasfemia y la segregación del hombre y la mujer, entre otras exigencias. / EFE

Hasta hace apenas ocho días, los heridos en Bangladesh ascendían a 100.000. Hoy la cifra se eleva a 150.000, al igual que el número muertos, que se calcula se acerca a los cien. La razón de la explosión de violencia es este país de 150 millones de habitantes, la ley antiblasfemia que organizaciones musulmanas extremistas quieren que sea aprobada por el gobierno. Sin embargo, la primera ministra de Bangladesh, Sheikh Hasina, la rechazó y aseguró que en el país “ya existen todas las leyes necesarias para sancionar a los que atentan contra los sentimientos religiosos”.

La respuesta fue insuficiente para Hefazat-e-Islam, una organización religiosa de profesores y estudiantes radicales, que organizó una serie de marchas que convirtieron a la capital, Dacca, en un campo de batalla, saqueo y destrucción de tiendas y carros. Los radicales musulmanes le habían otorgado plazo al gobierno para decretar la ley hasta este 5 de mayo y exigiendo también imponer la pena de muerte para todos los que hablen mal del Islam. Exigen, además, la separación de hombres y mujeres en lugares públicos.

A pesar de la ola de violencia, que se presenta justo ocho días después de la tragedia industrial que le costó la vida a 654 personas en el derrumbe de un edificio de talleres de confección, Hasina no dio su brazo a torcer y aseguró que no aprobaría ninguna ley. La primera ministra, que estableció un gobierno laico desde 2009 en un país de mayoría musulmana, es ahora blanco de duras críticas por parte de los islamistas, que ya organizaron una huelga general en contra del gobierno para los próximos días.

Los islamistas acusan además al gobierno de intentar acallar la protesta abriendo juicios contra personalidades -en su mayoría opositoras- sospechosas de haber cometido crímenes (asesinatos, violaciones, conversiones forzadas al islam, entre otros) en la guerra de 1971, en la cual según algunas estimaciones, murieron tres millones de personas y cientos de mujeres fueron violadas. Lo dicen porque Hasina promovió la creación de un tribunal con la intención de juzgar los crímenes de la independencia de Pakistán y ya tres personas han sido condenadas, todos miembros de Hefazat-e-Islam.

Esa acción provocó que una amplia red de blogueros le dieran su apoyo a la primera ministra y pidieran durante meses la pena de muerte para cabecillas islamistas condenados por crímenes de lesa humanidad en la guerra civil. Cuatro blogueros, blancos de la ira musulmana, ya fueron detenidos por "herir los sentimientos religiosos" al pedir la prohibición de Hefazat-e-Islam, lo que les puede acarrear diez años de cárcel.

Ese enfrentamiento entre militantes laicos y radicales religiosos, sin embargo, no son nuevos en el país. En 1994 hubo una gran confrontación, al igual que en el 98, por la misma causa: la aprobación de una ley antiblasfemia. La diferencia en esta oportunidad es que los enfrentamientos llegaron al límite con el asesinato y decapitación, el pasado mes de febrero, del bloguero Rajib Haider, y más recientemente con la detención y encarcelamiento a principios de abril de Asif Mohjuddin, gravemente herido por islamistas.

En aras de calmar la situación, la Border Guard Bangladesh (BGB), así como unidades militares de refuerzo se desplegaron en todo el país, pero según testigos, los incendios, tiroteos, persecuciones y destrucción de árboles y almacenes no cesan.

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