Las protestas tocan a Dilma Rousseff

La popularidad de la presidenta de Brasil cayó 8% en los últimos días, marcados por las protestas a raíz de un alza en las tarifas de transporte.

Un grupo de manifestantes en São Paulo sostiene carteles en contra del Gobierno. / EFE
Un grupo de manifestantes en São Paulo sostiene carteles en contra del Gobierno. / EFE

Brasil ya completa 10 días de protestas y la presidenta del país, Dilma Rousseff, ha reconocido que son un derecho de la sociedad a “influir en las decisiones de sus gobiernos”. De parte de la jefa de Estado no ha habido llamados a la represión, ni algún tipo de ultimátum para las manifestaciones. No obstante, los focos de tensión entre los protestantes y la policía han estado en los estadios, en los que por estos días se disputa la Copa Confederaciones de la FIFA. En Fortaleza se presentaron los enfrentamientos más recientes, en la víspera del partido entre Brasil y México, cuando un grupo de alrededor de 15.000 manifestantes se concentró a las afueras de la estructura.

El aumento en las tarifas de transporte de São Paulo sirvió de detonante para las demostraciones de inconformidad de miles de ciudadanos que hoy salen a las calles de diversas regiones del país a pedir, además, mejores servicios estatales y un freno para la inflación, y repudiar la corrupción de las instituciones. El impacto fue tan fuerte que incluso en ciudades como Recife, Portoalegre y Cuiabá las administraciones locales optaron por reducir las tarifas.

Sin embargo, en São Paulo la historia es diferente: el alcalde de la ciudad, Fernando Haddad, aseguró que no poner en marcha el aumento “sería dañino, porque significaría que habría que hacer recortes en otras áreas”. A lo que agregó: “Ya lo dejé claro más de una vez”. A pesar de ello, dejó una ventana abierta: una reducción en las tarifas sólo sería posible si en el Congreso se aprueba una ley que reduzca los impuestos al sector de transportes.

Las versiones extraoficiales que la prensa brasileña publica apuntan a que Haddad sostiene conversaciones con la presidenta Rousseff y con su antecesor, Luiz Inácio Lula, para hallar soluciones intermedias. No es para menos, pues la última encuesta de la firma CNI/Ibope muestra que en los últimos días la aprobación del gobierno de Rousseff ha caído hasta el 55% después de que en los meses anteriores se estableciera en el 63%. No obstante, en los grupos que lideran las protestas —Pase Libre y el movimiento de estudiantes universitarios ANEL— comienza a barajarse la idea de promover una revocatoria de su mandato.