Próximo viernes Irán elige nuevo presidente

El mandatario elegido pondrá fin a los ocho años de la era de Mahmud Ahmadinejad.

Candidato presidencial iraní y ex jefe de la Guardia Revolucionaria, Mohsen Rezai.
Candidato presidencial iraní y ex jefe de la Guardia Revolucionaria, Mohsen Rezai.AFP

En junio de 2009, las manifestaciones contra la reelección de Ahmadinejad, acusado de manipular los votos, fueron duramente reprimidas. Este año, el guía supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, quiere "unas elecciones ordenadas, tranquilas y sin protestas", explica Alireza Nader, un investigador del centro estadounidense RAND corporation.

Estados Unidos y Francia ya han denunciado la "falta de transparencia" del proceso de selección por parte del Consejo de los Guardianes de la Revolución de los ocho candidatos, entre los que hay cinco conservadores más o menos cercanos al guía.

Este consejo, en manos de los ultrareligiosos, dejó fuera de las elecciones al expresidente moderado Akbar Hachemi Rafsandjani (1989-1997) y también a Esfandiar Rahim Mashaie, el sucesor designado por Ahmadinejad.

Entre los aspirantes están Alí Akbar Velayati y Said Jalili, dos consejeros cercanos al Jamenei, el alcalde de Teherán Mohamad Bagher Ghalibaf, un tecnócrata que fue militar y policía, el religioso moderado Hasan Rohani, que sorprendió por su discurso ofensivo, y Mohamad Reza Aref, un reformador sin mucho peso.

La constitución prohíbe a Ahmadinejad presentarse para un tercer mandato consecutivo. Mir Hosein Musavi y Mehdi Karubi, los dirigentes que lideraron la revuelta de 2009 y que están en arresto domiciliario desde hace dos años, estuvieron presentes durante la campaña en forma de llamamientos para su liberación, el martes en el entierro de un religioso reformador.

La campaña electoral, bajo control estricto de las autoridades, se limitó a tres debates televisivos y no hubo casi carteles en las calles del país, donde están prohibidas las reuniones públicas de los militantes políticos.

El ayatolá Jamenei, de 73 años, pidió por su parte una gran participación en las elecciones para dar "un voto de confianza al régimen", aunque los 50,5 millones de electores llamados a las urnas están sobre todo preocupados por la crisis económica.

Irán está enfrentado con los grandes países occidentales, que consideran que su programa nuclear, reactivado en 2005 tras la llegada de Ahmadinejad al poder, tiene en realidad objetivos militares.

Teherán lo niega y reivindica su derecho a la energía nuclear. El ayatolá Jamenei, que tiene la última palabra en los temas sensibles, ha dicho en varias ocasiones que la bomba atómica es "haram", es decir prohibida por la ley islámica.

Ante la intransigencia del negociador iraní Said Jalili, criticadas incluso por algunos candidatos, la ONU y las grandes potencias impusieron sanciones económicas, reforzadas de nuevo en 2012 por un embargo financiero y petrolero de Estados Unidos y la Unión Europea.

En total, el programa nuclear ha costado a Irán "más de 100.000 millones de dólares en inversiones extranjeras pérdidas y en ingresos del petróleo", estima Karim Sadjadpur, un experto de la Fundación Carnegie Para la Paz de Estados Unidos.

Las exportaciones de petróleo, una de las principales fuentes de ingresos de Irán, cayeron un 40% en 2012, según el gobierno. El país también está aislado dentro del sistema bancario internacional.

Toda la economía del país está afectada por el embargo, con una inflación superior al 30% y una devaluación de cerca del 80% del rial, la moneda iraní. Los productos básicos han aumentado un 63% en un año, según un profesional del sector.

El conflicto sirio es otro de los temas candentes para Irán, un aliado indefectible del régimen de Bashar Al Asad. Los países occidentales acusan a Teherán de proporcionar armas y de implicarse en el conflicto, directamente o a través del Hezbolá libanés.

Pero el próximo presidente tendrá probablemente poco margen de maniobra frente al poder del guía supremo y de los Guardianes de la Revolución, el ejército de élite del régimen, convertido en poder económico gracias a las sanciones, asegura Afshon Ostovar, un experto del centro estadounidense CNA.

Si el próximo presidente es "capaz y de buena voluntad, debería presionar al régimen para hacer concesiones sobre el programa nuclear y ayudar a mejorar la situación económica. Pero dudo que uno de los candidatos esté en posición de hacerlo o quiera arriesgarse", afirma Ostovar.

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