¿Qué puede hacer la Cumbre Iberoamericana por Venezuela?

Varios gobiernos de la región, que desde este viernes se reúnen en Cartagena, manifiestan su preocupación por la situación venezolana.

Seguidores del Gobierno protestan al frente del edificio de la Asamblea Nacional. Varios diputados opositores fueron atacados al entrar a la sesión de ayer.
Seguidores del Gobierno protestan al frente del edificio de la Asamblea Nacional. Varios diputados opositores fueron atacados al entrar a la sesión de ayer. AFP

Se trata de un inesperado coletazo: la victoria del No, el pasado 2 de octubre, promete restarle brillo a la Cumbre Iberoamericana, que empieza este viernes en Cartagena. Muestra de ello es que algunos de los jefes de Estado que estuvieron en la firma del Acuerdo Final, entre el Gobierno y las Farc, el pasado 26 de septiembre, no asistirán a esta reunión.

Por ejemplo, el presidente argentino, Mauricio Macri, quien envió a su canciller, Susana Malcorra. Tampoco estarán en Cartagena el presidente de Cuba, Raúl Castro, ni el de Venezuela, Nicolás Maduro, quien envió a su viceministro para América Latina y el Caribe, Alexander Gabriel Yánez Deleuze.

En el caso de Maduro, su inasistencia tiene una razón clara: la crisis que se vive en su país tras la suspensión, por el Consejo Nacional Electoral, de la convocatoria a un referendo revocatorio. Se espera que, este 30 de octubre, miembros de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) y del chavismo se reúnan en Isla Margarita. (Lea: “Juicio a Maduro no procede”: canciller venezolana)

Todo con el objetivo de sacar a Venezuela de la crisis en la que se encuentra; sin embargo, hay escepticismo sobre lo que pueda pasar y ya la Iglesia Católica, que fungirá como mediadora entre ambas partes, ha dicho que este encuentro es apenas el inicio. Seguramente, la crisis en Venezuela será uno de los temas clave de esta Cumbre.

El pasado 26 de octubre, 12 países, entre ellos Colombia, emitieron un comunicado conjunto en el que señalaban que observaban “con preocupación la aguda polarización por la que atraviesa Venezuela y reiteran su llamado para que las partes tengan voluntad política y establezcan un diálogo constructivo con soluciones que respeten el estado de derecho y las garantías constitucionales y permitan a todos los venezolanos ejercer sus derechos fundamentales”. (Lea: El descontento que Nicolás Maduro quiere ignorar)

Y, a su vez, le dieron la “más enfática” bienvenida “al acompañamiento por parte del Vaticano” como una forma de darle “una mayor agilidad, con sentido de urgencia, a las gestiones para buscar, con el gobierno y la oposición, soluciones efectivas y duraderas para el pueblo venezolano” .

Algunos países, como Perú, se han mostrado partidarios de que la situación en Venezuela sea abordada durante la Cumbre.

Antes de viajar a Colombia, el presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, dijo que va a proponerles a los jefes de Estado iberoamericanos que “se active la Carta Democrática de la OEA y al mismo tiempo se prepare un operativo de ayuda humanitaria a Venezuela, porque todos sabemos que hay problemas de alimentación y medicinas” .

Ese país ha pensado, incluso, en llamar a consultas a su embajador en Venezuela, Mario López Chávarri, ante la crítica situación que se vive allí.

Un llamado similar hicieron las organizaciones empresariales iberoamericanas. “Hemos decidido instar a los gobiernos a que busquen un pronunciamiento efectivo y concreto con respecto a la gravísima situación que atraviesa Venezuela”, sostuvo el vicepresidente de la Organización Internacional de Empleadores, Daniel Funes de Rioja

La pregunta es si todo esto va a afectar, de alguna forma, la crisis en Venezuela. Los organismos multilaterales se han mostrado algo ineficaces en este sentido.

La OEA, pese a la insistencia de su secretario, Luis Almagro, no ha podido activar la Carta Democrática para presionar a Venezuela con medidas como, por ejemplo, la suspensión de esa organización. Unasur tampoco ha hecho mucho. Apenas algunos llamados al diálogo, con el apoyo de un grupo de expresidentes latinoamericanos. El riesgo de que todo se quede, de nuevo, como un saludo a la bandera es alto.