Putin se sale con la suya

El presidente ruso no sólo salió bien librado de las acusaciones en su contra. Además reforzó la imagen de que puede hacer lo que quiera sin problemas.

El presidente ruso Vladimir Putin. AFP

Nada detiene al presidente ruso Vladimir Putin. Ya se confirmó que intervino en las elecciones de su mayor enemigo: Estados Unidos. Y no sólo no va a ser sancionado, sino que va a salir bien librado, muy bien librado. El presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, de quien se dijo que fue ayudado por Putin para ganar las elecciones, ha decidido no pararles bolas a las acusaciones en contra del gobierno ruso.

El pasado 11 de enero, durante su primera rueda de prensa como presidente, Trump reconoció que Rusia había intervenido en las elecciones. Pero lo hizo a regañadientes , como quien no quiere la cosa. Dijo, como exculpando a Rusia, que cualquier otro país hubiera podido hacer lo mismo y culpó al Partido Demócrata por no haberse protegido. Del gobierno de Vladimir Putin sólo dijo que “Rusia nos respetará más cuando yo lidere este país”. Pero en cuanto a sanciones, nada.

Apenas dijo que va a crear una comisión que investigue lo sucedido y cree un plan para proteger a Estados Unidos de nuevos ataques informáticos. ¿Y quién va a dirigir esta comisión? El exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, amigo de vieja data de Vladimir Putin. Mientras Trump daba su primera rueda de prensa en 167 días, el Senado escuchaba a su candidato para secretario de Estado, el expresidente de la multinacional Exxon Mobil, Rex Tillerson.

A juzgar por sus palabras, se podría creer que hay posibilidades de que Putin sea sancionado por su intervención en las elecciones de noviembre. Tillerson les dijo a senadores de ambos partidos que Moscú “representa un peligro”. Señaló que “Rusia debe rendir cuentas por sus acciones” y que, aunque este país “busca respeto y relevancia en el escenario mundial, sus recientes actividades no han respetado los intereses de Estados Unidos”.

Pero al aún candidato a secretario de Estado le cabe ese adagio de que del dicho al hecho hay mucho trecho. Sus vínculos con Putin, al que conoció como presidente de la Exxon Mobil, generan dudas, incluso entre sus copartidarios. Durante su audiencia en el Senado, Tillerson se negó a calificar a Putin como un criminal de guerra por bombardear Siria, pese a la insistencia de un senador republicano, el excandidato presidencial Marco Rubio.

Y, como si fuera un mantra de la nueva administración, dijo que le interesaba tener una buena relación con Rusia. Pero Tillerson, por lo menos, se mostró de acuerdo con el gobierno de Barack Obama en que los aliados de los Estados Unidos en la frontera con Rusia tenían razón para “alarmarse” de las acciones de su vecino.

Ante la inminente llegada de Donald Trump, y ante las dudas sobre si se enfrentará a Putin o no, la Organización del Tratado del Atlántico Norte ha decidido reforzar su flanco oriental y ha enviado tropas a Polonia. Trescientos soldados estadounidenses llegaron a ese país el pasado 11 de enero. Y Rusia ya respondió.
El portavoz del presidente Putin, Dmitri Peskov, ha dicho que el traslado de tropas a Polonia es una “amenaza” para Rusia.

“Son acciones que amenazan nuestros intereses y nuestra seguridad, máxime que es un tercero, ni siquiera un país europeo, el que incrementa su presencia militar cerca de nuestras fronteras”. Peskov también se refirió a las acusaciones en contra de Rusia. Dijo, al igual que Trump lo hizo en su momento, que son una “tontería”. Pero se mostró confiado de que las cosas cambien con Trump.

Sea como sea, sea que Trump se convierta en su nuevo mejor amigo o, todo lo contrario, en su nuevo enemigo, Putin va a salir ganando. Por lo menos ya demostró que puede influir en las elecciones de otro país, como lo hiciera durante años Estados Unidos, sólo que, en este caso, esa potencia fue la intervenida.