¿Quién está detrás del golpe en Turquía?

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, acusó a Fethullah Gülen, imán turco exiliado en Estados Unidos, de orquestar la intentona. Insinuó que Washington conocía los planes desestabilizadores.

El presidente Recip Tayyip Erdogan en el funeral de una de las víctimas del golpe de Estado. / AFP

De acuerdo con registros de prensa, desde finales de marzo de 2016 crecían los rumores sobre un golpe en contra del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. The Wall Street Journal registró informes desde Turquía que sugerían que Estados Unidos intentaba derrocar al mandatario. Como las voces sobre el tema subían de volumen, un periodista turco le preguntó en rueda de prensa a John Kirby, vocero del presidente Barack Obama, si EE. UU. estaba trabajando para derrocar a Erdogan.

“¿Si estamos tratando de derrocar al gobierno de Turquía? Esa es una afirmación y una acusación tan ridícula que no merece respuesta”, respondió Kirby.

El presidente turco lo había dicho antes. A finales de febrero de este año, luego de una gira por América Latina que incluyó Colombia, Erdogan criticó que Brett McGurk, representante del presidente Barack Obama ante la coalición multinacional que batalla contra el grupo Estado Islámico, hubiera visitado Kobane (norte de Siria) para recibir una placa de un supuesto general de las YPG, brazo armado oficial del Comité Supremo Kurdo del Kurdistán y del Partido de la Unión Democrática (PYD). “Así, ¿cómo podemos confiar en Estados Unidos?”. El YPG y el PYD son extensiones sirias del PKK (Partido de los Trabajadores Kurdos), al que Erdogan señala como terrorista y contra el que ha desatado una fiera persecución. (Lea más aquí)

Es en el tema kurdo en donde Erdogan es más criticado desde EE. UU. y otros países de Occidente. Analistas turcos señalan que “aunque los kurdos al norte de Siria parezcan la mejor opción para detener al Estado Islámico, para Erdogan y otros turcos, un pequeño estado turco en la frontera con estrechos vínculos con el PKK es una amenaza para Turquía”.

Unas horas después de sofocar la intentona golpista, que dejó 265 muertos y cerca de 3.000 detenidos, Erdogan acusó a su antiguo aliado y ahora enemigo, el clérigo Fethullah Gülen, autoexiliado en Estados Unidos, de estar detrás del golpe. Y pidió su extradición inmediata. Pero John Kerry, secretario de Estado, respondió que no había solicitud formal y que necesitaba “una prueba legítima de la implicación del clérigo en el golpe”. Y agregó que insinuar que Washington pudo estar detrás del levantamiento es “totalmente falso y dañino”.

Erdogan, que prometió acabar con “el virus que corroe a las instituciones del Estado”, ordenó la detención de Bekir Ercan Van, jefe de la base aérea de Incirlik (sur), utilizada por la coalición internacional —comandada por EE. UU.— para lanzar ataques contra el Estado Islámico en Siria. También fue arrestado un juez de la Corte Constitucional, la más alta instancia legal del país, y se anunció que 2.745 jueces iban a ser relevados de sus funciones.

Bekir Ercan Van hizo parte del grupo de militares que presionaron al presidente turco para enviar tropas a Siria y mejorar sus relaciones con los líderes occidentales. Eso llevó a que Erdogan aceptara, en julio de 2015, que la coalición contra el EI usara la base de Incirlik. El mandatario se había negado en repetidas oportunidades, en parte por la desconfianza. Hoy Estados Unidos tiene desplegados en esa base aviones no tripulados, de ataque, de guerra electrónica, aprovisionadores y cerca de 1.500 militares y personal civil de defensa. La OTAN también utiliza esa base, desde donde operan cazas turcos, estadounidenses, británicos y alemanes, así como F-16 saudíes. 

Por eso esa base concentró las primeras operaciones luego del golpe fallido. Las autoridades le impusieron un cerco de seguridad y desde entonces impiden la entrada y salida de Incirlik. “También han cortado el suministro de energía eléctrica”, precisó el consulado de EE. UU. en Ankara. Horas después, Washington anunció que suspendía las misiones aéreas desde esa base.

El editor de opinión de The Daily Star, Michael Young, lo explicó así: “La administración Obama ha subordinado todo en la región a la lucha contra el EI, ignorando las muchas otras dimensiones de la guerra siria, por eso la frustración de Erdogan, quien también tiene que explicar el apoyo de Turquía al frente Al Nusra —un secreto a voces— y sus turbios lazos con el EI, sumado a la campaña contra las instituciones seculares turcas. Cosas que no inspiran más confianza que las acciones de Obama”. El golpe reavivó la desconfianza.