Rachid Kassim, el rapero yihadista

Tres menores que planeaban cometer atentados en ese país fueron detenidos. Habían estado en contacto con Rachid Kassim, un francés que se unió al Estado Islámico en 2012 y que encontró en la música la vía para convencer incautos.

Imagen tomada de un video en donde Rachid Kassim habla a los jóvenes que buscan radicalizarse en Francia.
Imagen tomada de un video en donde Rachid Kassim habla a los jóvenes que buscan radicalizarse en Francia. AFP

Rachid Kassim, de 29 años, ha teledirigido desde Siria una decena de ataques en su país de origen.

Ante el retroceso del Estado Islámico (EI), los yihadistas activan en Francia a los más entregados. El encargado de hacerlo es Kassim, según la policía. En Roanne (36.000 habitantes), su ciudad de origen, en el sureste de Francia, llevaba una vida activa y entretenida. Practicaba el karate y, como asistente social, trataba con niños y adolescentes.

Sus tendencias violentas se destaparon cuando, como aficionado al rap, grabó las canciones Soy terrorista y Rap atentado bajo el genérico título de Primera arma, según han difundido medios locales. Se casó, tuvo tres hijos. En 2011 viajó a Argelia y a su regreso se presentó en su mezquita como un hombre nuevo: muy religioso, practicante del islam más radical. En 2012 viajó con su familia a Egipto. Y de ahí a Siria.

Las siguientes noticias las han tenido los servicios secretos en la red. En videos a cara descubierta en algunos casos, Kassim ha pedido a sus seguidores en Francia que degüellen a los infieles y que ataquen lugares públicos con coches. Dicho y hecho. A través de Telegram y sus mensajes cifrados, Kassim estuvo en contacto previo con los autores de los atentados de junio —un policía y su mujer asesinados a cuchilladas— y julio —un cura degollado—, con las jóvenes que querían atentar con bombonas de gas cerca de Notre Dame de París, con los adolescentes arrestados ahora y con otros dos detenidos en agosto.

La líder de las terroristas del gas tiene 19 años. Era la que mantenía el contacto directo con Kassim. El único atentado reciente en el que no aparece Kassim es el de Niza —86 muertos, el 14 de julio—, pero en este caso difundió un mensaje de felicitación al terrorista.

En el video se ve a dos personas a punto de ser degolladas. “Mira bien, Hollande: esto va a ocurrir en París, Marsella, Niza, en toda Francia”, decía Kassim. “Llenen coches con bombonas de gas, rociar con gasolina, aparcar en lugares concurridos. ¡Bummm!”, decía en otro mensaje de Telegram captado por el espionaje.

“La pérdida de terreno por parte del EI y los bombardeos han originado un menor reclutamiento, pero, en paralelo, la amenaza en Francia ha aumentado”, asegura Interior. “Tenemos que prepararnos para resistir”, ha reiterado el primer ministro, Manuel Valls.

Los servicios secretos, dice el Ministerio, creen que han fallecido 159 franceses en Siria e Irak, casi el 20 % de los que se han sumado a los combates directos. Ahora, y según Bernard Cazeneuve, titular de Interior, hay 689 franceses en las filas del EI.

Sin embargo, los servicios de información creen que 900 franceses tienen tentaciones de ponerse a las órdenes del yihadismo. El número de radicalizados no deja de aumentar: de 4.000 en 2015 a 8.000 este año, de los que un 10 % son adolescentes. En noviembre, 10.500 tenían ficha S (radicalizados y peligrosos). Ahora, 15.000.

La amenaza se dispara también por el regreso de combatientes a sus ciudades de origen. Interior calcula que ya han regresado entre 300 y 400. Decenas de ellos sin ser detectados. Cazeneuve afirma que son 138 los que están “imputados, encarcelados, bajo control judicial”.

El fenómeno se traduce en un insólito aumento de presos islamistas. Hay ya 1.400, casi diez veces más que en 2014, cuando eran 152. De los presos actuales, 325 están implicados directamente en causas de terrorismo, según datos del Ministerio de Justicia, que incluye a las decenas de imputados tras regresar de Siria.

Los encarcelados están repartidos en 50 prisiones por toda Francia. Justicia ha puesto en marcha esta semana un plan para reforzar la seguridad frente a ese grupo. Impide, por ejemplo, toda comunicación entre ellos y el resto de presos para evitar la captación de más radicales. A la vez, habrá más controles sin previo aviso, habrá cambios continuos de celdas, se endurecerán los castigos en caso de agresiones a los funcionarios y habrá más unidades dedicadas a la prevención de la radicalización.

La situación carcelaria será de imposible gestión si el año que viene gana las elecciones presidenciales Nicolás Sarkozy. Ha prometido privar de libertad sin previa orden judicial a todos los radicalizados con ficha S. Es su fórmula para combatir lo que él denomina la “peste negra” del terrorismo islamista. En esa “guerra total” que proclama, la ultraderechista Marine Le Pen medita iniciativas más duras. La amenaza, mientras, no para de crecer.