Rebeldes alistan incursión en Bani Walid, último bastión de Gadafi

No se descarta que allí esté el dictador libio, que estaría usando escudos humanos.

Los "combatientes de la libertad" pueden tomar Bani Walid. Están listos. Pero en este bastión del ex dirigente libio, los gadafistas utilizan a los civiles como escudos humanos. Aquí han causado matanzas y las fuerzas del CNT quieren evitar un baño de sangre.

El ultimátum que les daba hasta el domingo para rendirse ha expirado y las negociaciones se han terminado. La impaciencia es palpable. "Nuestras fuerzas están listas (...) Tenemos que entrar en el centro con las armas, no deberíamos darles más tiempo", comenta Abdallah Kenchil, principal negociador del Consejo Nacional de Transición (CNT).

Pero las fuerzas de las nuevas autoridades esperan, siguen esperando, para evitar que se derrame sangre. Los irreductibles incondicionales de Muamar Gadafi ya no son muy numerosos. Entre 60 y 80 hombres armados según los testimonios. Pero desde la caída de Trípoli, retienen como rehenes a los civiles. Los habitantes, que viven desde hace días sin gasolina, gas, electricidad, ya no pueden abandonar Bani Walid.

"Algunos (gadafistas) se esconden con familias que utilizan como escudos humanos. Tenemos miedo por ellas, no de los francotiradores", explica el número dos del consejo militar de Tarhuna (a unos 80 km al norte de Bani Walid) Abdelrazzak Naduri, comandante operacional en este frente.

Todos aquí tienen presente la matanza del 28 de mayo. Ese día, se manifiestan insurgentes, tienen armas, el sangriento jefe de la seguridad es asesinado. Los gadafistas disparan contra los manifestantes, que se escapan y se refugian en un edificio colindante con una escuela.

"Los jefes tribales negociaron, prometieron que si deponían las armas, no les pasaría nada. Los rebeldes entregaron las armas y las fuerzas de Gadafi los mataron. Hubo trece muertos", cuenta un combatiente, Abdelaset Bendellah, de 30 años, que logró escapar de la carnicería descrita de la misma manera por varias personas más.

Unas imágenes filmadas con teléfono móvil ese 28 de mayo muestran una escena insoportable: un grupo de gadafistas en un cuartito, una decena de cuerpos ensangrentados en el suelo, un hombre que exclama "aún está vivo" y una ráfaga contra los cuerpos del suelo. "Son asesinos", recalca el negociador. "Tienen miedo de que los capturemos".

Muchos de los combatientes pro-CNT son de Bani Walid y algunos podrían buscar venganza. "Mi hermano fue asesinado en esta escuela. (Sus asesinos) siguen ahí, los conozco, tengo sus nombres. Vamos a entrar y los vamos a ver. Quiero que sean juzgados", dice Abdelmajid Rajad, un combatiente de 22 años.

También las negociaciones son complicadas. En Bani Walid, una ciudad de 70.000 habitantes, la población parece divididas entre seguidores y enemigos de Gadafi (de aquí salieron oficiales que intentaron dar un golpe contra el ex dirigente en 1993). La mayoría dice hoy que quiere unirse a la revolución, según los testimonios.

Pero sigue siendo ante todo una fortaleza para los gadafistas. Los hijos del coronel y varios altos responsables del antiguo régimen se han refugiado allí como numerosos gadafistas que huyeron de Trípoli, según los responsables locales.

La tribu de la ciudad, los warfalla, una de las más poderosas del país, está vinculada a la tribu de Muamar Gadafi y le es fiel. Numerosas familias integraban los "comités revolucionarios", pilar de su régimen, y con esta alianza ganaban poder, dinero, influencia e inmunidad en todo Libia, cuenta Abdelasset Bendellah.

El CNT negocia con sus dirigentes. "Bani Walid es un concentrado de gadafistas. Después de 42 años de régimen, los jefes tribales no son los más inteligentes, son sencillamente personas incondicionales de Gadafi, que les dio dinero, armas y poder. Podrían pretender tender una trampa a los rebeldes", dice un médico, Mohannad Bendellah, de 28 años, en el hospital de campaña montado en Uichtata, a 60 km de Bani Walid.

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