La rebelión demócrata

Mientras cientos de miles de estadounidenses veían a Trump convertirse en el 45º presidente de ese país, otros miles protestaban en las calles de Washington por su llegada a la Casa Blanca. Algunas manifestaciones derivaron en violencia.

Las calles de Washington fueron escenario de varias protestas, algunas de ellas violentas, en contra de Trump. / AFP

Washington no fue una fiesta. Mientras cientos de miles de estadounidenses veían a Donald Trump convertirse en presidente de los Estados Unidos, miles de personas se encontraban en las calles de la capital de ese país y en otras grandes ciudades protestando por la llegada del empresario a la Casa Blanca.

Washington no fue una fiesta. Mientras cientos de miles de estadounidenses veían a Donald Trump convertirse en presidente de los Estados Unidos, miles de personas se encontraban en las calles de la capital de ese país y en otras grandes ciudades protestando por la llegada del empresario a la Casa Blanca.

Algunas de las calles de Washington se convirtieron en campos de batalla. Y eso que este es apenas el principio. Para hoy hay varias marchas convocadas, como la Marcha de las Mujeres, a la que se espera que asistan unas 300.000 personas, entre ellas congresistas demócratas que se negaron a ir a la posesión de Trump.

Un boicot promovido por el representante John Lewis, un reconocido y respetado parlamentario que en su juventud trabajó con Martin Luther King en pro de los derechos de los afroamericanos. En una reciente entrevista, Lewis dijo que consideraba a Trump un “presidente ilegítimo”. Entonces Trump arremetió contra él.

El presidente dijo que Lewis era sólo “charla, charla y charla” y nada de “acciones ni resultados”. Y eso motivó a varios demócratas a no asistir a su posesión. Incluso algunos de sus copartidarios salieron a condenar sus palabras. Por ejemplo, el congresista republicano Kevin Yoder, quien dijo que Lewis “merece todo nuestro respeto”.

Mientras, el vicepresidente Mike Pence, el “apagafuegos” de Trump, sostuvo que respetaba “el sacrificio” de Lewis, en referencia a su lucha por los derechos civiles, pese a que hiciera “afirmaciones sin fundamento”.

Todo esto, al final, no hace más que favorecer a Lewis, quien ha adquirido un rol protagónico en un Partido Demócrata en crisis. Pero, al final, el congresista sólo refleja el sentir de una parte importante de esa colectividad: una que va a ser clave para lo que se viene en los Estados Unidos.

Se trata del sector más progresista del Partido Demócrata: el que apoyó a Bernie Sanders en las primarias de ese partido y que ahora aboga porque esa colectividad asuma con una mayor firmeza el rol de oposición.

El mismo Sanders —con el que Lewis tuvo algunos encontrones durante la campaña presidencial, aunque estos parecen ya cosa del pasado— difundió ayer un video en el que señalaba el que, según él, debe ser el camino a seguir por parte de su partido.

“Nuestra respuesta no debe ser perder la calma o rendirnos, sino responder tan efectiva y vigorosamente como podamos. Tenemos que mantener los ojos en el premio. Y el premio es seguir luchando por un gobierno que nos represente a todos y no sólo al 1 %. Tenemos que luchar por una sociedad económica, social, medioambiental y racialmente justa. No nos vamos a rendir”, dijo el excandidato presidencial.

Eso es, precisamente, algo de lo que se ha visto esta semana. En Estados Unidos, a diferencia de lo que ocurre en Colombia, el presidente electo postula a quien quiera para ocupar su gabinete, pero es el Senado el que avala o rechaza estos nombramientos.

Por ello, el Senado de los Estados Unidos se ha dedicado, toda la semana, a escuchar a los postulados de Donald Trump para su gabinete.

Y los senadores demócratas, pese a que saben que no cuentan con la mayoría para evitar estos nombramientos, se han dedicado a, por lo menos, incomodar a los candidatos. Una muestra de lo que va a ser el Parlamento en la era Trump.

Así fue, por ejemplo, durante la audiencia de confirmación de los candidatos a secretario de Estado, Rex Tillerson; de Educación, Betsy DeVos, y del Tesoro, Steve Mnuchin. Y eso que esa es, apenas, la primera pelea.

Se viene una batalla mayor: el desmonte del Obamacare. Los demócratas no pudieron impedir que los republicanos le dieran muerte al sistema de salud del expresidente Barack Obama. Pero seguramente no van a permitir que Trump acabe completamente con él sin por lo menos pelear. Y el presidente electo lo sabe. Por eso los amenazó.

Les recordó que en 2018 hay elecciones legislativas y que muchos de los senadores demócratas que aspiran a ser reelegidos representan a estados donde Trump obtuvo buenos resultados. “Yo gané algunos de esos estados con cifras que nadie había visto (y) estaré allí haciendo campaña”, en contra de ellos, por supuesto.

Ya hay una pelea casada y eso que Trump no lleva 24 horas al frente de los Estados Unidos. Curiosamente, el Partido Demócrata hará lo que el Partido Republicano hizo durante años con el expresidente Obama. En el caso de los republicanos, el resultado fue el fortalecimiento de su ala más conservadora, la misma que llegó ayer al poder.

La pregunta es si esta misma actitud llevará a un fortalecimiento del ala más progresista del Partido Demócrata y a un candidato presidencial de esa facción para las elecciones de 2020. Lo que es claro es que ambos partidos se alejan del centro.