Las relaciones impúdicas de los republicanos

Dylann Roof, el asesino de Charleston, era asiduo seguidor del Consejo de Ciudadanos Conservadores (C.C.C.), cuyos integrantes han donado grandes cantidades de dinero a miembros del partido Republicano.

El Partido Republicano de Estados Unidos ha estado en el centro de la polémica en los últimos años por su apoyo a políticas que son, en muchos sentidos, segregacionistas: el cierre de las fronteras a los inmigrantes, el irrestricto apoyo a la religión en el tema del matrimonio igualitario, su insistencia en aprobar el uso de armas por parte de los ciudadanos. Sin embargo, muchos recuerdan aún que este es el partido del que provenía Abraham Lincoln, justo el personaje político que produjo la liberación de todos los esclavos del país.

En la última semana, el partido ha estado de nuevo en el ojo del huracán a causa de las nueve personas asesinadas en Charleston por Dylann Roof, un joven de 21 años que se declaró seguidor del Consejo de Ciudadanos Conservadores (C.C.C.), una agrupación extremista que ha apoyado económicamente a candidatos de ese partido.

El periodista John Cassidy discute esos vínculos en la revista The New Yorker. Con base en cifras entregadas por otros medios, Cassidy afirma que los líderes del C.C.C. han donado más de US$70.000 (unos $180 millones) a distintos miembros del Partido Republicano y que ya han puesto dinero en las cuentas bancarias de tres de sus precandidatos presidenciales: Ted Cruz, Rand Paul y Rick Santorum.

Cassidy critica la cercanía del partido con una organización que, entre otras cosas, ha llegado a comparar en su página web a Michael Jackson con un simio y asegura que la raza negra es un “retroceso” para toda la humanidad.

En esta ocasión, sin embargo, muchos de los miembros del partido se han alejado del punto de vista predominante en el C.C.C. Como soporte de pretensiones contra los negros, el C.C.C. fue una de las organizaciones que impulsó la instalación de la bandera confederada —que fue el símbolo utilizado por los siete estados esclavistas del sur durante la Guerra Civil, de 1861 a 1865— en las oficinas de estado de Carolina del Sur, mientras que, por ejemplo, la gobernadora de ese estado, Nikki Haley, aseguró que la bandera debía ser removida de los patios del Capitolio por ser “el símbolo profundamente ofensivo de un pasado opresivo”. Otros precandidatos se han puesto también en su lugar, aunque algunos otros, como Santorum, prefirieron dejar el asunto a los habitantes del Estado.

“Todo esto —escribe Cassidy— no significa que los republicanos sean racistas o que fueran en algún sentido responsables por las acciones de Roof, un individuo lleno de odio. Pero los candidatos republicanos y sus cercanos —que confían profundamente en los votos de los sureños blancos, y particularmente en los de los hombres blancos y sureños— en ocasiones se ven impulsados a cultivar la aprobación de grupos que apoyan las armas, grupos antiinmigrantes, grupos ‘patriotas’ y otras organizaciones enardecedoras que bordean los límites de su partido y en ocasiones van más allá”.

(Lea aquí el artículo completo de The New Yorker)