Republicanos vs. republicanos

Se congregan para oficializar las candidaturas de Donald Trump a la Presidencia y de Mike Pence a la Vicepresidencia. Pero será una reunión muy rara: por primera vez en la historia, grandes figuras no estarán presentes.

Donald Trump será el personaje de la semana por su rol en la cita de Ohio.
Donald Trump será el personaje de la semana por su rol en la cita de Ohio. AFP

Hoy se inaugura la cuadragésimo primera Convención Nacional del Partido Republicano, conocido en Estados Unidos como el GOP (Grand Old Party), que significa literalmente “gran viejo partido”. Ese gran partido, que nació en 1854 en contra de la esclavitud; que llevó a Lincoln a la Presidencia, ganó la Guerra Civil y salvó la Unión; que en la última parte del siglo XIX y comienzos del XX lideró la industrialización y la transformación de la nación en potencia mundial; que bajo Reagan en los ochenta impuso el neoliberalismo, el libre comercio y ganó la Guerra Fría, hoy se reúne en Cleveland en un momento de profunda división e incertidumbre, poco parecido al gran partido de antaño.

Formalmente, se congregan para oficializar las candidaturas de Donald Trump a la Presidencia y Mike Pence a la Vicepresidencia. Pero, en el fondo, van a debatir su identidad y futuro como partido. (Ver más en: http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/elecciones-ee-uu-reality-o-realidad-articulo-621814)

Es una convención muy rara. Usualmente se convocan para unificar al partido y rendirles homenaje a sus dignatarios. Pero en esta ocasión, por primera vez, no asistirán los expresidentes Bush (padre e hijo) ni ninguno de los últimos dos candidatos presidenciales (Mitt Romney y John McCain). Y no van por razones fuertes: Trump llamó mentiroso a Bush hijo y cobarde a McCain. Tampoco estarán presentes la gran mayoría de los 16 precandidatos que Trump derrotó en las primarias. Uno de ellos, Jeb Bush, expresó lo que muchos republicanos están sintiendo: que le dará tristeza por su partido si Trump pierde, pero preocupación por su país si gana.

Parte de los que asistirán lo harán con gran incomodidad. Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, tiene la tarea de presidir la convención, a pesar de haber expresado fuertes reservas frente a declaraciones de Trump.

Ryan está preocupado no sólo por lo que pueda acontecer en la elección presidencial, sino también en el Congreso, donde hoy los republicanos cuentan con la mayoría en ambas cámaras. Muchos temen que, dados los efectos negativos de tener a Trump como candidato presidencial, el Senado, en particular, puede pasar a manos demócratas. Varios candidatos se han distanciado de Trump, especialmente en los estados donde los negros y latinos constituyen altos porcentajes del electorado.

Ryan tendrá también que evitar los enfrentamientos bochornosos que se pueden presentar entre los delegados. Hasta el último momento se promovió la inclusión de la “cláusula de la conciencia”, mediante la cual los delegados podrían abstenerse de votar por Trump si, según sus conciencias, una presidencia suya le haría daño al país. Aunque la rebelión fue neutralizada, aún queda latente el inconformismo de un número significativo, si bien minoritario, de delegados.

Hasta la programación se ha visto afectada por las tensiones internas. Mientras que los demócratas, que se reunirán la semana entrante, hace rato la publicaron, los republicanos, en vísperas del inicio, sólo han definido unos pocos oradores fijos, entre ellos la esposa y cuatro de los hijos de Trump. El más significativo de esa lista es Ted Cruz, quien fue el último rival de Trump en las primarias y cuyo apoyo es clave para atraer al sector más conservador, que aún tiene muchas reservas frente a Trump. Eso puede sonar extraño: varias de las posiciones de Trump son de extrema derecha, como frente a la inmigración, el terrorismo y el uso de la tortura, por ejemplo.

Pero Trump es un candidato poco ortodoxo, no sólo por sus formas excéntricas sino también por su ambigüedad ideológica, particularmente en asuntos muy importantes para los más conservadores: está a favor del matrimonio gay y de que los transexuales puedan utilizar los baños públicos que deseen, lo que ha enfurecido a los poderosos evangélicos. Aunque sus posiciones actuales en temas como el aborto están más en línea con los ortodoxos de derecha, antes no. Esto ha generado muchas dudas acerca de si es un “verdadero conservador” o si más bien lo es ahora por conveniencia. Por otra parte, su fuerte oposición al libre comercio choca frontalmente con uno de los pilares del establecimiento empresarial republicano.

Por eso la selección de Pence como fórmula vicepresidencial puede ser importante. Tiene experiencia tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo y posiciones claramente en sintonía con la base conservadora. Es poco carismático, lo cual habitualmente es considerado un defecto, pero al lado del estrambótico Trump, el ser aburrido y normalito constituye un gran plus. 

Seguramente, la convención republicana tendrá un alto rating. Trump, que viene del mundo del entretenimiento, ha prometido un gran espectáculo. Hasta ahora ha sido muy hábil para maximizar su alta exposición en medios. Independientemente del impacto mediático, ya se inició la lucha por el alma del GOP. Los resultados de noviembre dirán si Trump tendrá un efecto pasajero o si se trata del comienzo de una nueva era para el partido. Tras las derrotas de 2012 y 2008, una comisión de alto nivel determinó que, dadas las irrefutables tendencias demográficas, el partido tenía que atraer a latinos, negros, asiáticos y árabes, con el ideario conservador, ya que en asuntos como aborto y matrimonio gay suelen ser bastante tradicionales. (Ver más en : http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/ee-uu-un-desastre-trump-sabe-arreglarlo-o-eso-dice-articulo-620446

Empezaron a aparecer caras nuevas y diversas: Nikki Haley, hija de inmigrantes de la India y primera gobernadora de Carolina del Sur; Bobby Jindal, gobernador de Luisiana, también de origen indio; Susana Martínez, primera gobernadora latina de Nuevo México; Tim Scott, primer senador negro de Carolina del Sur, y los senadores cubano-americanos Marco Rubio y el propio Cruz. Sin embargo, con la excepción de este último, ninguno de quienes podrían ser las futuras estrellas del partido asistirán.

Trump va por otro lado. Las cruzadas morales que caracterizaron en las últimas décadas a los conservadores en EE. UU. quedaron en un segundo lugar, desplazadas por la raza, el origen étnico y el género como factores centrales en la distinción política. Más que acudir a la capacidad movilizadora del moralismo, apela a los sentimientos aún más primarios de la xenofobia, el racismo y el machismo. El odio y la rabia como motores del activismo político son muy peligrosos. Ya se han visto varios incidentes de violencia en manifestaciones de Trump, quien, en vez de condenarlos, los ha instigado. La policía de Cleveland ha anunciado medidas especiales para manejar las protestas que se esperan por estos días.

En condiciones normales, convenciones conflictivas llevan a derrotas, como lo atestiguaron los demócratas en 1968 y los republicanos en 1976. Pero éste no es un año normal. Trump está convocando a nuevos votantes: hombres blancos viejos, golpeados por la globalización, que se sienten amenazados por la multiculturalidad, desencantados con la política y que hace años no votan. Lincoln, Reagan y otras luminarias del GOP deben estar revolcándose en sus tumbas.

* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

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