Resistir y sobrevivir a Donald Trump

El magnate llega a su posesión con el 37 % de popularidad. Propone levantar un muro en la frontera, deportar a millones de migrantes y renunciar a los tratados comerciales. Las ciudades serían los focos de oposición.

Como se observa anecdóticamente en el fiasco de la inauguración, de la que huyen muchos y boicotean otros, Donald Trump no goza de un mandato fuerte para gobernar. Ganó los estados bisagras del colegio electoral por un margen estrecho y perdió el voto popular por más de 2,8 millones; su triunfo se debe, al menos en parte, a la intervención de Rusia; goza como presidente electo del nivel más bajo de favorabilidad (37 %) de la historia, y lo asedian innumerables conflictos de interés. (Lea: Trump promete unir a EE. UU. en la víspera de su investidura como presidente) 

Juzgando por su futuro gabinete y algunos de sus tuits recientes, tampoco hay motivos para darle ningún beneficio de la duda mientras asuma el poder. El primero incluye a dos racistas como estratega de la Casa Blanca y fiscal, un islamófobo como consejero de Seguridad, un defensor de la tortura como director de la CIA, un barón del petróleo como secretario de Estado, un escéptico de las vacunas y opositor de los derechos a la salud (incluyendo los reproductivos) de los ancianos, pobres y mujeres como secretario de Salud, un explotador de los trabajadores como secretario del Trabajo, y dos negacionistas del cambio climático como director de la Agencia de Protección Ambiental y secretario de Energía. Entre los segundos se destacan la condena de la OTAN como obsoleta, la celebración del Brexit y del ocaso de la Unión Europea, la oferta de levantar sanciones contra Rusia, el chantaje contra empresas con operaciones en México y la agresión contra el legislador e ícono de los derechos civiles John Lewis.  (Lea: Esto piensan los estadounidenses de la llegada de Trump al poder)

Siendo así, han comenzado a trazarse distintas estrategias de sobrevivencia entre un sinnúmero de sectores que se sienten amenazados por las políticas (y reversas) que podrá adoptar el gobierno entrante, entre ellos las mujeres, la comunidad LGBTI, los ambientalistas, los migrantes, las minorías, los sindicalistas, los opositores de las armas, los medios progresistas, los conservadores constitucionales y los #NeverTrumpRepublicans. Además de la movilización y la protesta social, la desobediencia civil y el uso estratégico de la ley, todo lo cual puede aumentar el costo de la impopularidad, la incompetencia y el radicalismo de Trump, el ejercicio de la oposición a nivel estatal y municipal puede tornarse fundamental. (Lea: ¿Esperanzados o furiosos? Los estadounidenses y la investidura de Trump)

En el caso de la migración y ante la promesa (creíble) de deportar a millones de indocumentados y de revocar el estatus temporal otorgado a unos 740.000 jóvenes, las alrededor de 47 “ciudades de santuario” (que desconocen la ley federal), entre ellas Nueva York, Los Ángeles y Chicago, se perfilan como centros de resistencia. De forma similar, si Trump se retira del acuerdo de París sobre el cambio climático, algunos gobiernos locales, como el de California, ya han manifestado su interés en suscribirlo con miras a preservar los logros alcanzados en medioambiente. (Lea: Familia Trump ya está en Washington para investidura presidencial de Donald Trump)

Es de esperar que estrategias similares florezcan alrededor del mundo, si no en solidaridad con quienes viven en Estados Unidos, en respuesta a lo que será una de las mayores fuentes de inestabilidad global de aquí a cuatro años. (Lea: Las fichas del Gobierno de Donald Trump)