Retos ante el fin de un diferendo

A muchos cubanos les preocupa que se blinde moral, económica y financieramente un sistema que lleva más de cinco años en transición de poder de viejos a nuevos castristas, sin apertura a otras fuerzas políticas.

La Habana, 17 de diciembre de 2014. Dos mujeres observan la alocución histórica del presidente Raúl Castro. / AFP

América Latina asiste a otra fecha memorable que conmociona al planeta, un nuevo giro histórico total en el continente. La primera de esas fechas, tal vez la más importante del siglo XX en la región, fue el triunfo de Fidel Castro y la instauración de la Revolución Cubana en 1959, abriéndose así una era de confrontación entre lo que comenzó a llamarse “el imperio del Norte” y Cuba como adalid de la esperanza universal de un mundo mejor libre de la crueldad voraz del capitalismo. Este 17 de diciembre de 2014 otro Castro, Raúl, aparece en público, vestido de militar, asegurando que acepta el reto que le lanza el presidente Obama de cesar esa confrontación que dura ya más de medio siglo.

¿Conseguirá Obama llevar adelante sus propuestas en sus dos últimos años de mandato y teniendo en contra a la mayoría republicana del Congreso e incluso a buena parte de senadores y congresistas demócratas? ¿Logrará blindar bien los cambios que alcance en esta nueva política hacia Cuba, de modo que la administración ganadora de las elecciones de 2016 no pueda removerlos? ¿Actuará La Habana teniendo en la mira el bienestar de su pueblo y no, como ha sucedido hasta hoy en este largo diferendo, atrincherándose en sus intereses políticos e ideológicos? ¿Podrán tener éxito las pretensiones de Washington de que el gobierno cubano ponga “un punto final a las innecesarias restricciones impuestas en sus actividades políticas, sociales y económicas”, para “que la vida de los cubanos ordinarios sea un poco más fácil, más libre y más prospera”?

Un primer detalle ha saltado a la vista de críticos y partidarios: Obama detalla claramente en su discurso cuál es su propuesta. Raúl Castro, sin embargo, ha dedicado más tiempo en sus palabras a cantar victoria y a explicar lo que, en opinión del gobierno cubano, le falta por cumplir a Estados Unidos para que las relaciones puedan ser totalmente satisfactorias. El presidente cubano, que en los últimos años ha aparecido en la mayoría de los eventos oficiales vestido de civil, respondió a Obama enfundado en su traje de general y aunque propuso “adoptar medidas mutuas para mejorar el clima bilateral y avanzar hacia la normalización de los vínculos entre nuestros países, basados en los principios del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas”, ya desde el inicio aclaró que sus premisas son las mismas de Fidel: “Discutir y resolver las diferencias mediante negociaciones, sin renunciar a uno sólo de nuestros principios”.

Para los cubanos, las palabras finales de esta frase han sido siempre un grito de guerra y resulta preocupante el hecho de que, en vez de explicar al pueblo cuál es el programa con el cual pretende entrar en negociaciones con Estados Unidos en materias tan sensibles como la inmigración ordenada, el desarrollo de la salud, el transporte, el comercio y el flujo de información entre ambas naciones, la prensa en la isla se haya concentrado en celebrar “una nueva victoria que hemos propinado al imperio”: la liberación de los tres espías cubanos del grupo que La Habana llama “Los Cinco Héroes”, condenados en 2001 a largas penas de prisión, acusados de espionaje, labor en la cual se convirtieron en el centro del ataque del exilio cubano, puesto que su espionaje propició que aviones de las Fuerzas Aéreas de Cuba derribaran dos avionetas civiles de Hermanos al Rescate, grupo que se dedica a vuelos de reconocimiento para rescatar balseros en el tránsito marítimo entre Cuba y Florida.

Reclamando al gobierno que aproveche esta coyuntura para una real apertura, desde la isla, la internacionalmente reconocida artista Tania Bruguera le escribió en carta abierta a Raúl Castro que: “Exijo como cubana que se nos deje saber cuáles son los planes con nuestras vidas, que se establezca como parte de esta nueva etapa un proceso de transparencia política, en donde tengamos todos un espacio de participación y el derecho a tener una opinión diferente que no sea castigada. Que cuando tengamos que negar muchas de las cosas que nos definieron, no venga este proceso con la misma intolerancia e indiferencia con la cual hasta ahora se han acompañado los cambios en Cuba, donde la aceptación es la única opción”.

Cuando este 17 de diciembre ambos mandatarios hacían oficiales sus intenciones, caía uno de los obstáculos principales para el cese de 53 años de conflictos políticos y falta de diálogo entre Washington y La Habana. Sin embargo, aún están en pie otros dos grandes obstáculos: que Estados Unidos levante el bloqueo económico contra Cuba y que saque a la isla de sus listas de países patrocinadores del terrorismo internacional.

Importantes figuras del exilio cubano, junto a reconocidos senadores y congresistas norteamericanos y cubanoamericanos, han denunciado lo que consideran un relajamiento no recíproco de la postura del presidente Obama hacia Cuba. Exigen que ese diálogo esté condicionado a que Cuba demuestre su intención de avanzar en el respeto de los derechos humanos. La liberación de Alan Gross era una de las exigencias, junto al reconocimiento de la sociedad civil alternativa, la liberación de los presos políticos y el cese de la represión contra el creciente movimiento opositor, básicamente las acciones contra las Damas de Blanco y los partidos y proyectos independientes de mayor auge popular, como el Movimiento Cristiano Liberación y la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU).

En este sentido, Raúl Castro anuncia como un gesto de reciprocidad la liberación de medio centenar de prisioneros políticos. Pero esa es sólo la mitad de las personas encarceladas por manifestar su opinión contra el gobierno, y esa lista no incluye a otros opositores que en los tres últimos años han sido procesados en farsas judiciales en las que se les condena por supuestos delitos comunes.

El caso más sonado internacionalmente es el escritor Ángel Santiesteban Prats, considerado uno de los intelectuales cubanos más prestigiosos hasta que decidió abrir el blog Los hijos que nadie quiso, desde el cual se atrevió a criticar duramente los errores del régimen y responsabilizó a Raúl y Fidel Castro por el desastre económico, político y social de la isla. Antes de ser llevado a juicio, delante de testigos, un oficial de la Seguridad del Estado le hizo saber que pasaría cinco años en la cárcel por esa osadía. Y, apenas un mes después, fue condenado precisamente a cinco años en un juicio tan lleno de irregularidades y acusaciones burdamente inventadas que su caso ha sido denunciado por instituciones internacionales como el PEN, Club Internacional, Reporteros Sin Fronteras y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

La fuerte campaña en EE.UU. para que Alan Gross fuera liberado por razones humanitarias, la liberación de uno de los cinco espías en febrero de este 2014, los pronunciamientos de Obama apoyando la presencia de Raúl Castro en diversos cónclaves políticos, los editoriales de The New York Times alabando la transición raulista y las presiones a Washington del sector empresarial norteamericano que teme que la Unión Europea monopolice a Cuba como punto importante de la geopolítica y la economía en la región, crearon un escenario inédito para este nuevo capítulo en las relaciones bilaterales luego de 18 meses de conversaciones secretas en Canadá con la intercesión del papa Francisco.

Obama no puede levantar por decreto el bloqueo porque este se legisla en la Ley Helms-Burton. Pero sí dejó claras tres grandes áreas de influencia en las cuales pretende trabajar: la política, abandonando la estrategia de la presión por nuevas formas de promover la democracia; la información, facilitando el aumento de las conexiones de telecomunicaciones entre ambos países o permitiendo que empresas estadounidenses vendan a los cubanos productos que les permitan comunicarse con Estados Unidos y el mundo; y la económica y financiera, considerando que “las empresas estadounidenses no deberían estar en desventaja”, facilitando las transacciones, autorizadas y el contacto entre instituciones financieras cubanas y norteamericanas, así como favoreciendo que exportadores de Estados Unidos vendan sus productos en Cuba. Todo ello, de lograrse, aliviaría la dura existencia de los cubanos.

Si además logra levantarse el bloqueo, Raúl Castro perdería el pretexto esgrimido hasta hoy para justificar el descalabro económico cubano. Pero este es un espinoso asunto: por un lado, La Habana tendría la posibilidad de desarrollar la economía, libre de las ataduras comerciales y financieras impuestas por Washington durante ya más de cincuenta años, y por otro, un levantamiento propiciaría el fortalecimiento político de un régimen que se caracteriza por reprimir ideológicamente con más saña siempre que ha recibido apoyos económicos externos.

En cualquier caso, que haya caído el pretexto que Fidel Castro esgrimió para ponerse a la cabeza de quienes en el mundo históricamente consideran a Estados Unidos como el eterno enemigo; que Obama anunciara el fin de una estrategia de presiones que ha fracasado en estas cinco décadas y que Raúl haya rescatado su uniforme militar, que no utilizaba en los últimos años, y haya mantenido el mismo discurso condicionador de siempre, ha despertado gritos de júbilo en quienes confían en el cese de las hostilidades entre ambos países, pero también ha disparado las alarmas entre quienes temen que ello blinde moral, y tal vez económica y financieramente, a un sistema que lleva más de cinco años en una transición del poder de los viejos a los nuevos castristas, sin la apertura a las otras tendencias políticas que existen en la oposición cubana.

 

 

 

 

* Escritor y periodista cubanowww.amirvalle.com