Revuelta turca en las urnas

Los errores del presidente, Recep Tayyip Erdogan, fueron castigados en la contienda electoral. Los kurdos, los más favorecidos. Análisis.

Una mujer turca luego de votar el domingo en Estambul. / EFE

Las elecciones parlamentarias del pasado domingo en Turquía reflejan el creciente descontento con un gobierno arrogante, autoritario y mentiroso.

Turquía ya no se mueve sólo en las protestas callejeras, como las famosas del parque Gezi y la plaza Taksim en Estambul, sino en las urnas. Los errores del presidente Recep Tayyip Erdogan han sido castigados en las elecciones: sus promesas de justicia social incumplidas, la presión para aumentar la islamización, su abandono a los kurdos en la dura batalla de Kobane, la falta de libertad de prensa, la negación sistemática de las minorías, el control de las redes sociales y la falta de compromiso con el proceso de paz con las guerrillas del PKK le pasaron una cuenta de cobro.

En comparación con la elecciones de 2011, el Partido Justicia y Desarrollo (AKP), el partido en el Gobierno, pierde 2,5 millones de votos y con ello la mayoría absoluta que tuvo en el Parlamento durante 13 años.

La izquierda logró el 38% de los votos, mientras los kurdos pasaron de 2,8 millones de votos en 2011 a 5,8 millones, lo que les garantiza 80 diputados. Además entran fortalecidos al Parlamento los cristianos armenios, los alevíes y, por primera vez, los yazidíes. Los kurdos logran un gran avance electoral: su apuesta por la conquista del poder local ha dado sus frutos. En el Kurdistán la participación fue superior al 90%, con un apoyo al partido kurdo de entre 70 y 84%, según las diferentes localidades.

El gran perdedor es el presidente Erdogan, que, si bien conserva la mayoría, deberá hacer alianzas para gobernar, lo cual frena su proyecto de convertir a Turquía, a través de la reforma de la Constitución, en un régimen presidencialista del tamaño de sus ambiciones personales. Erdogan está herido en su ego, pero aún tiene el poder. Es considerable el número de votos nulos o inválidos, que superaron los 1,3 millones, además de las denuncias por fraude electoral.

La nueva dinámica política es de pluralidad, el triunfo de esta apuesta en las urnas da legitimidad al proceso electoral y obliga a un sector reacio de Turquía a reconocer la diversidad étnica, social y política, contrario al sueño kemalista de una cultura, una lengua y una nación, negando las diferencias en la sociedad turca.

El ascenso político de los kurdos pone sobre la mesa el estancado proceso de paz con las guerrillas del PKK y, sobre todo, la muy discutible actitud del gobierno turco en relación con los avances del Estado Islámico, que ha golpeado a los kurdos de Siria y de Irak, cerca de las fronteras con Turquía.

Erdogan hizo mal las cuentas y su campaña de miedo fracasó. Ahora sólo le queda recomponer el poder en una Turquía plural y con una comunidad kurda dispuesta a pelear tanto en la guerra como en las urnas.