Ríos Montt, un genocida al que la justicia llega tarde

El exgeneral, ahora condenado, fue el rostro visible de uno de los periodos más sangrientos de la historia de Guatemala.

Efraín Ríos Montt fue jefe de estado Guatemala entre 1982 y 1983. /AFP
Efraín Ríos Montt fue jefe de estado Guatemala entre 1982 y 1983. /AFP

Es una lástima que la justicia llegue tan tarde, como pasara con Pinochet o más recientemente con Videla, sobre aquéllos que han sido los responsables directos de crímenes atroces contra la humanidad. El último de estos casos es el del exdictador guatemalteco Efraín Ríos Montt.

Conviene recordar que Ríos Montt llegó al poder en marzo de 1982, tras un golpe de Estado contra el gobierno de Lucas García - otro exgeneral poco comprometido con la democracia y los derechos humanos, evitando la toma de posesión del entonces recién presidente electo, el general Aníbal Guevara.

Ríos Montt, en apenas 17 meses que duró al frente del gobierno guatemalteco – pues fue depuesto por un nuevo golpe de Estado de su entonces ministro de defensa, el genera Mejía- promovió el terrorismo de Estado por medio de la creación de una estructura paramilitar, las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), que pronto alcanzaría la cifra del medio millón de efectivos, y que fue protagonista de la violencia más atroz que azotó a la guerra guatemalteca entre 1960 y 1996.

El año y medio de mandato de Ríos Montt se reduce a dos palabras: matanza generalizada. Más de 10.000 muertes extrajudiciales, 448 aldeas indígenas arrasadas, masacres, persecuciones y más de 100.000 refugiados son cifras que hablan por sí mismas de Ríos Montt. Un fanático que entendía que el destino le había conferido una misión católica de liberación nacional para Guatemala que, lejos de ésta, en realidad, supuso el genocidio de miles de campesinos indígenas, especialmente en Quiché y Huehuetenango, por ser considerados cercanos y cómplices a la guerrilla.

Ríos Montt restauró la pena de muerte y el fusilamiento sumario como práctica corriente. Una justicia, la suya, siempre indeseable incluso para alguien como él, responsable atroz de tales atropellos a la condición humana. La justicia de la democracia, por desgracia, llega tarde para Montt, recientemente condenado a 80 años por genocidio. Lo importante de todo esto es que la sentencia de la Historia grabe el nombre de Ríos Montt lejos de la impunidad. Asimismo, con esta sentencia se hace valer la voz de la población indígena guatemalteca, aproximadamente el 40%, y permite detenerse a leer una de las páginas más cruentas y sangrientas del país, pero que merece ser atendida en lugar de ser obviada, como pretenden muchos, aquéllos que erróneamente consideran que todo ello no es más que un ejercicio con el que abrir nuevamente una cicatriz reciente de la historia guatemalteca. Una cicatriz que con la impunidad queda lejos de ser cerrada.

*Investigador en ciencias políticas y sociología de la Universidad Complutense de Madrid

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