Rosario, la capital narco argentina

Desde esta ciudad, narcotraficantes colombianos, que según oficiales de policía pertenecen a la Oficina de Envigado, manejan el negocio en América Latina.

En las calles de Rosario aparecen grafitis que piden la salida de los narcotraficantes de la ciudad. / AFP
En las calles de Rosario aparecen grafitis que piden la salida de los narcotraficantes de la ciudad. / AFP

“Estamos en medio de una guerra narco”. Así describe su día a día Carmen, una vecina del barrio de Flores, en la ciudad de Rosario, 300 kilómetros al norte de la capital argentina, donde dos bandas se enfrentan a sangre y fuego por el control del negocio de las drogas. Cien muertos ha dejado esta guerra en lo corrido del año, varios detenidos —incluidos miembros de la fuerza policial— y la preocupación constante por una espiral de violencia que pareciera no tener un fin próximo.

Detrás, un negocio que mueve más de 2.000 millones de pesos argentinos cada año (720.000 millones de pesos colombianos) y una red de 400 quioscos que distribuyen la droga en toda la ciudad, con aparente complicidad política, según investigaciones realizadas por funcionarios del gobierno nacional.

Fuentes policiales señalan también la incidencia de narcos colombianos en este entramado. No son acusaciones vacuas. Tal como lo han detectado organismos de inteligencia, Rosario es la ciudad desde donde varios narcotraficantes colombianos organizan la distribución de droga hacia y desde Argentina. Investigadores de la policía afirman que serían miembros de la Oficina de Envigado, principalmente, los que estarían detrás del negocio en Argentina, aunque expertos consultados sostienen que en Rosario confluyen capos de distintos carteles colombianos.

“Había una tregua pactada de no agresión entre los distintos narcotraficantes en territorio argentino, pero ahora que el negocio creció, la tregua parece deshecha”, afirma un oficial de la policía rosarina.

Las cifras oficiales cuentan 183 homicidios en Rosario durante 2012, una tasa de 15,3 muertes por cada cien mil habitantes, lo que superaría en más de cinco veces la media nacional, según el Ministerio de Justicia. Según expertos, el aumento este año, de continuar la tendencia, sería de un 30%, aproximadamente.

“Hace cinco años esto no sucedía”, coinciden en reclamar los vecinos de los barrios Ludueña, Nuevo Alberei, Tablada y Toba, donde han ocurrido la mayoría de asesinatos. Los ajustes de cuentas son el pan de cada día. Los vecinos y las autoridades saben que las muertes se deben a una lucha por controlar el negocio de las drogas en la ciudad.

En la búsqueda de razones para la actual situación, investigadores concluyeron que la llegada masiva de migrantes provenientes del norte del país y de la provincia de Chaco cambió la ciudad, particularmente la periferia, en donde se asentaron los carteles.

Disputas por territorio

Los Monos y Los Garompas son las bandas que luchan por el territorio en el sur de Rosario. La última seguidilla de crímenes se desató cuando asesinaron a Claudio, El Pájaro Cantero, hijo de un antiguo líder de Los Monos, y quien también luchaba por el control de la barra del equipo de fútbol Newell's Old Boys. Los miembros de la banda juraron venganza en varias páginas de Facebook donde aparecen con sus autos y haciendo alarde de sus armas. Durante los dos días siguientes, tres personas, aparentemente vinculadas con Los Garompas, fueron asesinadas.

También ha muerto en esta guerra gente inocente. Los narcos reclutan a “soldaditos”, como les llaman, por $150 diarios (unos 52.000 pesos colombianos), quienes atacan a tiros a los militantes sociales que intentan recuperar a menores en situación de calle.

“El crecimiento exponencial del negocio narco trae aparejados conflictos de intereses con saldos sangrientos. Los barrios periféricos estallan y se segmentan en microzonas regidas por los códigos de cada banda. Vivir de un lado u otro de una calle o avenida, lo mismo que trasladarse de un punto a otro, puede significar la pertenencia o adherencia compulsiva a una banda o a su contrincante”, indica al respecto una investigación del Club de Investigaciones Urbanas.

Durante este año cinco trabajadores sociales han sido asesinados y varios han resultado heridos en tiroteos. “Rosario es una de las ciudades más violentas e inseguras de la Argentina. Esta compleja situación es el resultado del incremento del narcotráfico y de la corrupción en la fuerza policial. A esto hay que sumarle que existen muchos jóvenes que están en la edad más vulnerable que ingresan en el mercado como soldados de los narcos. Se dedican a la venta de droga y a sicariar. Así reciben dinero y droga para su consumo”, explica Gonzalo Basualdo, abogado penalista y vecino de La Tablada.

Félix Crous, director de la Procuraduría Adjunta de Narcocriminalidad, sostiene que en Rosario el narcotráfico pelea territorios que la política quiere ganar a través de comedores comunitarios, por ejemplo. ”No quieren que nadie entre en el mundo que ellos ya gobiernan”, dice. Aclara que las bandas armadas no sólo usan la fuerza como modo de operar en los barrios, sino que brindan apoyos a centros comunitarios y eventos sociales, y realizan pequeñas obras de infraestructura en las zonas donde tienen su centro de operación o donde se instalan sus miembros.

Las autoridades argentinas han encontrado pistas de narcotraficantes colombianos que se ocupan del reclutamiento de organizaciones criminales locales. En el caso de Rosario, las investigaciones muestran un proceso de búsqueda e instalación de una red local confiable que asegure nuevos mercados y nuevas rutas para el tráfico de drogas, dice un miembro del Ministerio de Seguridad.

Tras el arresto el mes pasado del comisario general Hugo Tognoli, por entonces jefe de la policía rosarina, por supuestos vínculos con el narcotráfico, los investigadores policiales están tras la pista de un argentino que estaba en Colombia durante los distintos allanamientos realizados en las últimas semanas. Según las autoridades argentinas, esta persona estaría ajustando los detalles para la organización de una nueva red de tráfico.

Así, afirman los investigadores, sin necesidad de trasladar toda la organización, los narcos colombianos reclutan y forman la mano de obra local.

Para Adriana Rossi, especialista en temas de narcotráfico, lo que sucedió en Rosario es que la problemática “se desmadró. Esto no es Colombia, no es México. Me parece peligroso insistir sobre esto, porque las medidas que se pueden tomar pueden ser medidas que no son acordes a la realidad. No tenemos carteles de drogas, son bandas de narcomenudeo o redes de bandas que permiten el pase de la droga hacia otros países”, precisa esta doctora en filosofía, para quien es evidente la colaboración de la policía con los narcos.

El gobierno intenta evitar hablar de carteles de narcotráfico en Argentina, pero la realidad es difícil de ocultar. Mientras la revista especializada Foreign Policy habla del país como el próximo narcoestado, las redes de sicarios siguen cobrando víctimas. Esta, sin embargo, parece apenas la punta de un gran ovillo que enreda a bandas locales con policías, intendentes y gobernadores, y grupos de narcotraficantes colombianos.

La situación es tan grave que diputados, concejales y periodistas convocaron la marcha “Todos contra la droga” el próximo miércoles 18 de junio . “Vamos a convocar a los santafecinos a una movilización en Rosario para decirle no al narcotráfico. Lo importante es que haya una bandera que nos una a todos en contra de las narcomafias y a favor de la vida. No queremos perder ninguna vida más de los pibes en los barrios ni en la provincia de Santa Fe”, aseguró el diputado provincial Maximiliano Pullaro.

Plataforma de trata, tráfico de drogas y lavado

 

Los integrantes de una red internacional de explotación laboral, desarticulada esta semana en Argentina, y que tenía a más de 200 colombianos esclavizados, son investigados también por su presunta participación en actividades de lavado de dinero y narcotráfico. Ricardo Echegaray, director de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) —organización que lideró los 72 allanamientos simultáneos con los que fue desmantelada la banda— afirmó que la plataforma desarrollada para actividades ilícitas no se circunscribía exclusivamente a la trata de personas: “Pensamos que podía terminar en maniobras de lavado de dinero y tráfico de drogas”. El funcionario explicó que, por ahora, se sabe que la organización estaba encabezada por dos colombianos (uno de ellos conocido como El Contador) que reclutaban a sus compatriotas, los introducían en Argentina “aparentemente engañados” y en el país contraían una deuda por el pasaje.