Rousseff: crónica de una destitución anunciada

La suspendida presidenta brasileña, Dilma Roussef, se expone a su destitución, tras la aprobación, por parte del Senado, del juicio político en su contra. Se requieren los votos de 54 de los 81 senadores para aprobar su retiro.

La suspendida presidenta de Brasil, Dilma RoussefAFP

"En este proceso tan discutido en el Senado ya hay una posición definida. Es muy difícil que haya algún hecho que pueda cambiar esto". Lo dijo el senador opositor, Romero Jucá, tras la aprobación, por parte del Senado, del juicio político en contra de la suspendida presidenta brasileña, Dilma Roussef, por supuestamente haber maquillado cuentas oficiales. Y es que la oposición avanza, paso a paso, hacia la destitución de Roussef y hasta el aparente fin de 12 años de gobiernos de izquierda en Brasil. 

Falta que la Corte Suprema de Brasil establezca una fecha para el juicio y, entonces, Roussef estará a 54 votos de su destitución, ya que basta el voto favorable de las dos terceras partes del Senado, para sacar a la mandataria. Y el gran problema, es que Roussef ya ha obtenido votaciones similares en otras instancias del proceso. En mayo pasado, por ejemplo, 55 senadores votaron a favor del Impeachment en contra de Roussef, apenas 22 votaron en contra. Y ayer, 10 de agosto, 59 parlamentarios votaron a favor y apenas 21 lo hicieron en contra de aprobar el juicio a Roussef.

Fueron 15 horas de deliberaciones, hasta que, en virtud de un acuerdo hecho por los parlamentarios de no extenderse en sus intervenciones, se llegó a esa votación, que deja a Roussef con un pie fuera del palacio de Planalto. Por su parte, su sucesor, por ahora temporal, el presidente interino Michel Temer, se encuentra ad portas de ser confirmado como presidente, cargo en el que estaría hasta enero de 2019. Todo esto, pese a que su gobierno ha recibido fuertes críticas de varios sectores que califican a Temer, otrora vicepresidente de Roussef, de golpista y traidor. 

Se especula sobre la posibilidad de que la audiencia definitiva se realice a finales de este mes. Roussef se ha pronunciado poco al respecto. Y se ha limitado a agradecerle al exprecandidato presidencial estadounidense, Bernie Sanders, por su apoyo. Sanders dijo recientemente que "para muchos brasileños y observadores, el controvertido proceso (contra Rousseff en el Senado) se parece más bien a un golpe de Estado (...) El intento de alejar del poder a la presidente no es un juicio legal sino político. Estados Unidos no puede quedarse en silencio".

Mientras tanto, los congresistas oficialistas se han movido para intentar evitar lo que no han dudado en llamar un golpe de Estado, acudiendo a organismos internacionales. "La CIDH confirma que ha recibido una petición y una solicitud de medida cautelar alegando violaciones al debido proceso en el proceso contra Dilma Rousseff", dijo al respecto la Corte Interamericana

Todo este embrollo político se desarrolla en momentos en los que Brasil es anfitrión de unos Juegos Olímpicos que han estado marcados por la controversia: retrasos en algunas de las obras,  problemas de seguridad e, incluso, denuncias de corrupción han empañado los juegos. Brasil vive entonces entre la alegría de los Juegos y la desazón de un panorama político que sigue sin resolverse y que, peor aún, ha empeorado la situación económica del país.