Rousseff y Lula alinean fuerzas y marcan puntos en "batalla" política y judicial

El tribunal supremo brasileño debería decidir finalmente el 30 de marzo si el expresidente puede ser ministro.

AFP

 Dilma Rousseff y Luiz Inacio Lula da Silva alineaban el miércoles sus fuerzas y anotaban puntos en "la batalla" para evitar el juicio de destitución de la presidenta de Brasil y desbloquear el ingreso de su predecesor al gobierno.

El jefe del gabinete personal de Lula, Jacques Wagner, explicó el miércoles que esa "batalla" se da en tres frentes: "en el Parlamento, en el campo judicial y (...) en la calle", ante una opinión pública saturada de escándalos y golpeada por la recesión, con el mayor índice de desempleo (8,2% en febrero) desde 2009.

La crisis de la principal economía latinoamericana provoca por lo demás una marcada preocupación externa.

"Esperemos que Brasil pueda resolver sus problemas de forma eficaz", dijo en Buenos Aires el presidente estadounidense, Barack Obama, quien destacó que el gigantesco país de 200 millones de habitantes cuenta "con una democracia madura (...) que le permitirá prosperar y ser el líder que necesitamos".

La batalla política 

Rousseff, de 68 años, y el Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) denuncian una tentativa de "golpe de Estado" detrás del impeachment (juicio político) que la oposición impulsa en el Congreso contra la mandataria, por presunto maquillaje de las cuentas públicas.

Para frenarlo, la gobernante debe conseguir el apoyo de al menos 172 diputados (más de un tercio), de los 513 de la Cámara. Un objetivo que muchos legisladores de la coalición oficialista ven cada vez más difícil, según medios brasileños.

En caso de no lograrlo, el segundo mandato de Rousseff (2014-2018) podría ser salvado con el rechazo del impeachment por más de la mitad de los 81 escaños del Senado.

Para ello, es indispensable cortejar al centrista PMDB, la mayor fuerza parlamentaria, que el próximo martes debe decidir si permanece en la coalición de gobierno, con una fuerte presión interna por la ruptura.

A ese partido pertenece el presidente del Senado, Renan Calheiros, con quien Lula se reunió el martes. También pertenece a ese partido el vicepresidente brasileño Michel Temer, heredero virtual de la presidencia en caso de impeachment, quien se reunió con Aecio Neves, el jefe de la oposición socialdemócrata derrotado por Rousseff en 2014.

"Todos notros estamos muy interesados en la permanencia del PMDB en el gobierno", dijo Rousseff, que cuenta en su gabinete con varios ministros "pemedebistas".

El Colegio de Abogados de Brasil anunció igualmente que pedirá ante el Congreso la destitución de Rousseff por manipulación de cuentas fiscales.

El frente judicial

Rousseff y Lula tuvieron un motivo de satisfacción por la decisión de un juez del Supremo Tribunal Federal (STF) de ordenar al juez de primera instancia Sergio Moro la entrega de las conversaciones pinchadas que el expresidente mantuvo con su sucesora y con otras personalidades aforadas.

Moro divulgó un diálogo que motivó el bloqueo del nombramiento de Lula como jefe de gabinete, por dar a entender, según juristas y opositores, que se trataba de una mera maniobra para aforar a Lula, investigado por supuesta ocultación de bienes en el caso de la petrolera estatal.

"La divulgación de un diálogo con la presidenta fue lesiva para los fundamentos del Estado democrático y de las garantías y derechos constitucionales", subrayó Rousseff tras una visita de una instalación militar en Brasilia.

Este leve triunfo de Rousseff hizo reaccionar negativamente a los mercados: el real cayó un 2,07% a 3,6 por dólar, mientras que la bolsa retrocedió un 2,59%.

Grupos opositores manifestaron frente a las sedes del STF en Brasilia y Sao Paulo su apoyo al juez Moro, considerado por buena parte de la opinión como un cruzado de la lucha contra la corrupción.

El STF decidiría finalmente el 30 de marzo si Lula puede ser ministro. En caso de que el tribunal bloquee definitivamente su nombramiento, podría actuar como un "consejero especial" de Rousseff, reveló Jacques Wagner.

Pero los desdoblamientos del caso Petrobras, un gigantesco sistema de sobornos pagados por grandes constructoras a la petrolera y a políticos para ganar licitaciones, no deja de sacudir al país.

Una de esas constructoras, Odebrecht, anunció que estaba dispuesta a colaborar con la justicia, en una decisión que podría incluir a nuevos actores y hundir más a los implicados, pertenecientes a prácticamente todo el arco político de Brasil.

Lula, de nuevo sindicalista

Lula vuelve por lo demás a sus orígenes de dirigente sindical y busca movilizar a las decepcionadas bases del PT para contrarrestar la presión de la opinión pública, 68% de la cual es favorable al impeachment de Rousseff, según las últimas encuestas.

Este jueves participó en un encuentro nacional de sindicalistas en Sao Paulo.

El expresidente aseguró que si alguno de quienes lo acusan "fuera la mitad de honesto que yo, desisto de la vida política", en medio de gritos de "¡Lula, guerrero del pueblo brasileño!".

"Voy a esperar pacientemente", pero "se equivocan si piensan que sólo puedo ayudar a Dilma como ministro", aseguró.

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