“Salvemos nuestro barco: una respuesta mundial para refugiados y migrantes”: Ban Ki-moon

Comenzó Cumbre en Naciones Unidas para tratar la crisis de los refugiados. El secretario general de Naciones Unidas pide actuar pues este es el momento.

El secretario general de Naciones Unidas, Ban ki-moon.  / EFE
El secretario general de Naciones Unidas, Ban ki-moon. / EFE

Entre los temas de la actualidad mundial no hay, probablemente, una cuestión tan susceptible a las manipulaciones de la retórica de los demagogos como la de los refugiados y los migrantes.

La dicotomía de “nosotros” y “ellos” es un factor de unificación tan antiguo como irresponsable, y a lo largo de la historia hay quien lo ha utilizado para velar nuestra común naturaleza humana en beneficio de sus peligrosos intereses personales. La diferencia es que hoy hay más gente desplazada que nunca y, en esta época en la que los relatos se propagan con la rapidez de un virus, vemos cómo crece la xenofobia y cómo, con demasiada frecuencia, estalla la violencia.

La Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Refugiados y los Migrantes, que se celebrará esta semana, representa un avance significativo en un momento crucial. Frente a las muchas voces estridentes que dominan el debate, los Gobiernos de todo el mundo responden en un tono mesurado que puede dar resultados tangibles si se cumplen las promesas.

En la Cumbre, los altos mandatarios se reunirán por primera vez para tratar de forma específica el tema de los refugiados y los migrantes. Se adoptará un innovador acuerdo de consenso: la Declaración de Nueva York. Resulta muy apropiado que ese documento rinda honores a una ciudad cuya vibrante diversidad tiene fama mundial, simbolizada por la Estatua de la Libertad en su pedestal de la bahía de Nueva York. Es importante recalcar que en la Declaración se aplica un enfoque pragmático y de principios para abordar los problemas de las personas que se desplazan y defender al mismo tiempo nuestros valores más preciados.

Es mucho lo que está en juego. Hay 244 millones de migrantes en el mundo. Más de 65 millones de personas han sido desplazadas a la fuerza, la mitad de ellos, niños. Los refugiados huyen para salvar la vida, pero es muy frecuente que en el trayecto hacia un lugar seguro se vean expuestos a riesgos muy serios. Cuando llegan, muchos de ellos son discriminados, y algunos detenidos. Ante las dificultades de un mundo cambiante, suelen viajar a destinos más alejados buscando seguridad y estabilidad. Pero las vías legales son escasas, y los traficantes de personas sin escrúpulos se aprovechan de la situación y cobran sumas exorbitantes a cambio de una peligrosa oportunidad de escapar.

Las guerras duran cada vez más y a los refugiados les resulta más difícil volver a casa; en algunos casos el desplazamiento se prolonga durante varias generaciones. Contrariamente a la impresión general, la inmensa mayoría de los refugiados no está en los países ricos; el 86% está en países en desarrollo. La cantidad de ayuda que reciben los países pobres que acogen a los refugiados no es ni mucho menos la suficiente. El año pasado, con los llamamientos humanitarios de las Naciones Unidas solo se consiguió recaudar algo más de la mitad de los fondos solicitados.

Las alternativas de reasentamiento también son solo una muestra de lo que deberían ser. En 2015 se determinó que había cerca de un millón de personas que necesitaban reasentarse, pero solo se logró trasladar a poco más de 100.000.

Los desafíos son enormes, pero no debemos olvidar la parte positiva. Si se utiliza el enfoque correcto, los refugiados y los migrantes pueden ser beneficiosos tanto para sus sociedades adoptivas como para sus países de origen. Esta vertiente positiva y bien documentada no debería perderse de vista durante el debate.

La Declaración de Nueva York debe enmarcarse en el contexto más amplio de los nuevos y ambiciosos esfuerzos internacionales por mejorar las condiciones de vida de la gente, de manera que nadie se vea obligado a marchar. Uno de los elementos centrales en este sentido es la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, nuestro plan mundial para la paz y la prosperidad en un planeta sano. También vamos a hacer lo posible por prevenir y resolver conflictos, y por mantener la paz una vez que se silencien las armas.

La Cumbre incluirá el testimonio de las personas directamente afectadas. En particular, tengo un especial interés en volver a reunirme con una extraordinaria joven que conocí el mes pasado en los Juegos Olímpicos de Río.

Yusra Mardini es siria, pero compitió con el nuevo equipo de refugiados que se creó para los atletas que, con muchos millones de personas en todo el mundo, se han visto obligados a abandonar sus lugares de origen.

Antes de competir en las pruebas de natación, Yusra tuvo que pasar por otras pruebas, y salvar vidas.

El año pasado, salió de Siria en un barco sobrecargado de emigrantes. Cuando el motor se detuvo, se lanzó al mar Egeo y se puso a empujar la barca junto con otros nadadores que había en el grupo. Tres penosas horas más tarde, consiguieron alcanzar la costa. Llegaron exhaustos, pero demostraron cómo el poder de la solidaridad humana nos puede guiar a un lugar seguro.

Todo el género humano va en el mismo barco. Si avivamos el miedo, culpamos a “los otros” o utilizamos a las minorías como chivos expiatorios no conseguiremos más que aumentar los riesgos para todos.

Los dirigentes juiciosos entienden que lo más acertado es tratar de salvar a todos, optimizar las contribuciones de cada uno y gobernar nuestra nave compartida rumbo a nuestro destino común: un futuro de oportunidades y dignidad para todos.

Secretario General de la ONU

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