Se agrava la tragedia en Filipinas

Seis días después de que un tifón azotara el centro del país se registran hechos violentos entre víctimas desesperadas y hambrientas. La ayuda humanitaria tarda en llegar.

Seis días después de que el tifón Haiyan azotara a Filipinas, dejando una cifra hasta ahora incalculable de muertos, la ayuda internacional no ha podido llegar a las principales zonas del desastre. La tragedia natural ha sacado a relucir la carencia en infraestructura y organización del país asiático. Según la organización Médicos Sin Fronteras (MSF), la operación para atender a los afectados se ha convertido en una “pesadilla logística”.

La isla de Leyte es la más afectada: está sin electricidad, agua, comida ni electricidad. Cebú, la segunda, en cambio, es una zona desarrollada y uno de los más importantes atractivos turísticos del país. Por eso a los habitantes de Leyte, en medio del panorama de creciente desesperación y muerte, no les ha quedado más que comenzar a migrar hacia Cebú. En todo caso, a ninguno de los dos lados ha llegado la esperada ayuda internacional. La responsable adjunta de la unidad de emergencias de MSF, Llanos Ortiz, ha explicado que aunque se planea que Cebú se transforme en el centro neurálgico para el despliegue de los operativos de socorro, hasta ahora ha sido difícil actuar debido a que no hay canales de comunicación, la destrucción en el terreno impide el acceso y el aeropuerto está demasiado congestionado.

Londres y Washington también se han movilizado para proporcionar ayuda de inmediato. Las Fuerzas Armadas estadounidenses han llevado ayuda suplementaria de emergencia a los afectados por el tifón en una docena de aviones y helicópteros, anunció el cuerpo de Marines. Cuatro MV-22 Osprey dejaron su base de Okinawa (Japón) en dirección a las zonas afectadas del archipiélago filipino, con lo que llega a ocho el número de esos aparatos involucrados en operaciones de socorro. Además, ocho aviones de carga MC-130, una variante del famoso Hércules, fueron enviados como refuerzo, llegando a 12 el número de esos aviones destinados a trasladar materiales de socorro, agua y alimentos. El gobierno británico ha recaudado en los últimos días 13 millones de libras para ayuda humanitaria.

Desde el sábado, MSF tiene un equipo de 20 personas en Cebú y en los próximos días enviará nueve aviones con material sanitario y personal especializado para hacer frente a la destrucción generada por la tormenta más potente registrada sobre la tierra, con vientos de 300 km por hora y olas de más de cinco metros. Esos esfuerzos, sin embargo, no serán suficientes para evaluar la magnitud de la destrucción y llegar a tiempo a salvar las vidas de quienes aún están en peligro.

La cantidad de muertos sigue sin determinar. El último balance provisional del gobierno filipino es de 2.275 muertos y 80 desaparecidos, aunque miles de cuerpos en descomposición siguen todavía esparcidos por las ciudades devastadas por el tifón. Naciones Unidas y algunas ONG sostienen que cualquier cifra que supere los 2.275 fallecidos del recuento oficial es especulación. La ONU, además, ha estimado que 670.000 personas han tenido que huir de sus hogares.

Como si fueran pocas las víctimas, a raíz del hambre y la desesperación también se han empezado a registrar episodios de violencia. Ayer en la ciudad de Alangalang, en la provincia de Leyte, al menos ocho personas murieron en el asalto a un almacén gubernamental donde se guarda el arroz antes de su distribución entre los damnificados. En medio del caos desaparecieron cerca de 100.000 sacos de arroz, ante la impotencia de otros sobrevivientes hambrientos que habían hecho fila durante horas para recibir comida.

Esta no es la única ocasión en que se registra un conflicto para acceder a la ayuda humanitaria. El martes dos rebeldes comunistas del Nuevo Ejército Popular (NEP) murieron cuando, junto con un grupo fuertemente armado, atacaron en la isla de Luzón un helicóptero con ayuda humanitaria.

Temas relacionados
últimas noticias