Se extiende la rebelión en Ucrania

Termina el plazo que el presidente ucraniano, Alexándr Turchínov, les dio a los activistas prorrusos sublevados para que depongan las armas. Máxima tensión en el país.

Hombres armados se dirigen a los edificios tomados por rebeldes prorrusos en Donetsk. / AFP

 “La sangre ha sido derramada en la guerra que Rusia libra contra Ucrania (...)”, denunció el presidente interino de Ucrania, Alexándr Turchínov. “Hemos puesto en marcha una gran operación terrorista. Doy plazo hasta el lunes para que los activistas prorrusos sublevados del país depongan las armas”, advirtió. El mandatario, desconocido por varias poblaciones del este del país, hace intentos por frenar la rebelión, que con el paso de las horas suma más activistas que se rebelan contra el gobierno en Kiev.

Después de haberse declarado independientes, cientos de manifestantes en la autodenominada República Popular de Donetsk (120.000 habitantes) se tomaron varios edificios públicos en la localidad de Slaviansk. Según fuentes de los manifestantes, se trata de tres comisarías de policía, la sede local del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) y la alcaldía. Fuerzas ucranianas tomaron el control del aeropuerto, pero según periodistas, no han logrado entrar a la ciudad, que está protegida por barricadas levantadas por los rebeldes prorrusos, armados con fusiles de asalto. Decenas de civiles apoyan a los activistas y quieren un referendo para unirse a la Federación Rusa.

En Járkov ya ondean banderas rusas. Un ejército de hombres prorrusos se tomaron la alcaldía y otros edificios. Según el diario local Vesti.ua, un grupo de diputados regionales proclamó la creación de la República Popular de Járkov, con el respaldo de buena parte de la población. La situación se extiende a Lugansk, otra ciudad del este de Ucrania, y comienza a contagiarse más al occidente, en Nikólayev y Odesa.

¿La razón? El conjunto industrial del este del país, en donde se desarrollan las industrias del carbón y acero, depende de Rusia, su principal cliente. “Rusia compra nuestros productos. Nuestras fábricas van a cerrar porque nadie las necesitará en Europa”, le dijo Lila, un ama de casa de 27 años, a la AFP. En estas dos ciudades temen pérdidas de empleos y el cierre de fábricas y de minas.

En enero, las exportaciones ucranianas a Rusia alcanzaron los 746 millones de dólares y las importaciones los 1.460 millones de dólares, según cifras del gobierno. Tras la anexión de Crimea a Rusia, Ucrania dejó de exportar equipamiento militar a Rusia. Hasta ahora no hay cifras oficiales sobre el número de empresas que cortaron los lazos con Rusia, pero los temores son palpables entre la población del este.

El miedo crece aún más frente al ultimátum que lanzó Kiev y que vence hoy: si los prorrusos no paran sus mítines y manifestaciones, calificados por el gobierno como “terroristas”, entrará su fuerza militar a controlar la rebelión, hoy apoyada por las fuerzas especiales, Berkut, responsabilizadas de los sangrientos enfrentamientos de febrero en Kiev y que fueron casi que desterradas por el gobierno central. Se duda de sus lealtades.

Eso, sumado al movimiento militar, hace que el país esté en alerta máxima. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, movió a la frontera oriental ucraniana unos 40.000 soldados, apoyados por tanques, cazas, artillería y helicópteros de ataque, calcula la OTAN, que por su parte, ha enviado sus aviones con radar Awac a Polonia y Rumania y seis cazas a los estados bálticos para proteger el espacio aéreo aliado.

El Consejo de Europa y las Naciones Unidas llamaron a las partes a evitar la violencia. Rusia acusa a Occidente de promover una guerra civil y critica al gobierno de Ucrania por desatar “una guerra contra su propio pueblo“. La Unión Europea llamó a Rusia a cesar todos los intentos de desestabilización en Ucrania y Estados Unidos amenaza con más sanciones contra Rusia. Pero la situación está en manos de Ucrania, sola, dividida y quebrada.

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