Se fue la 'Dama de Hierro'

La única primera ministra del Reino Unido pasa a la historia por ser un ícono del neoliberalismo y transformar a su país. EE.UU. la llama defensora de la libertad.

La primera ministra británica, Margaret Thatcher, al final de una conferencia del Partido Conservador en Blackpool, Reino Unido. / AFP
La primera ministra británica, Margaret Thatcher, al final de una conferencia del Partido Conservador en Blackpool, Reino Unido. / AFP

En una entrevista para la revista Woman’s Own en 1987, Margaret Hilda Roberts Thatcher, entonces primera ministra británica, expresaba una idea nuclear de su pensamiento: “Hemos entrado a un período en el que muchos han crecido pensando: ‘¡Tengo un problema, es el trabajo del Gobierno lidiar con él!’... ‘¡No tengo casa, el Gobierno debe darme una!’, y así le arrojan a la sociedad sus problemas, pero ¿quién es la sociedad? ¡No existe tal cosa! Hay hombres y mujeres independientes y hay familias y ningún gobierno puede hacer algo, excepto a través de la gente, y la gente primero tiene que luchar por sí misma. Es nuestro deber cuidar de nosotros y luego ayudar a nuestros vecinos, y la vida es un negocio recíproco, en el que la gente tiene sus derechos en mente, pero no sus obligaciones”.

Seis años después, en su libro Los años de Downing Street, Thatcher expuso de nuevo su convicción en la responsabilidad del individuo, en la empresa privada, en el libre mercado, en el nacionalismo en contra de una unión europea, en su alianza irrestricta con EE.UU., en su oposición al comunismo soviético, en su lucha férrea contra el terrorismo y en su apoyo al músculo de las Fuerzas Armadas para mantener la paz.

Esas ideas no se quedaron en la agresiva retórica de sus discursos. Fueron aplicadas durante su gestión como primera ministra entre 1976 y 1990 (es la única mujer que ha ocupado ese cargo en el Reino Unido). Ella misma dijo en 1982 que, “en política, si quieres que se diga algo, pídeselo a un hombre. Si quieres que se haga algo, pídeselo a una mujer”.

Thatcher fue criticada por tomar medidas como cerrar más de un centenar de minas de carbón, ocasionando una huelga que produjo la caída de la libra esterlina frente al dólar estadounidense y un índice abrumador de desempleo; por privatizar industrias como las del gas, el agua y la electricidad, y por despojar del poder a los sindicatos. Sus ideas sobre la responsabilidad del individuo llevaron a una falta de presencia del Estado a la hora de prestar servicios públicos como sanidad, educación y transporte. “No hay alternativa”, decía refiriéndose a la necesidad de sus reformas para salvar una economía en declive.

Thatcher era más admirada por fuera de su país. En Los años de Downing Street habla sobre sus primeros momentos como primera ministra, marcados por sus posiciones en política exterior.

Su oposición al Ejército Republicano Irlandés Provisional (IRA), casi le cuesta la vida. En una cárcel norirlandesa murieron diez presos de ese ejército y del Ejército Irlandés de Liberación Nacional (INLA) a los que Thatcher no devolvió el estatus de prisioneros políticos que se les había sido quitado en 1976. La ministra consideró que “crimen es crimen y nada más que crimen; no hay nada de político”. El IRA intentó asesinarla con una bomba en un hotel de Brighton en 1984, cuando se celebraba allí una conferencia del Partido Conservador. Sin embargo, la primera ministra no dudó en continuar con el encuentro en medio de los destrozos.

En sus memorias se menciona otro asunto que ahora cobra importancia: su victoria en la guerra de las Malvinas. Thatcher supo dos días antes que Argentina iba a invadir las islas el 2 de abril de 1982, e inmediatamente ordenó organizar una flota para reconquistarlas. “Sabíamos lo que teníamos que hacer, fuimos y lo hicimos. Gran Bretaña es grande otra vez”, dijo al final de esa desigual guerra.

El apodo de Dama de Hierro, sin embargo, se lo pusieron los soviéticos por la férrea oposición al comunismo que compartía con el presidente estadounidense Ronald Reagan. Thatcher fue un ícono del enfrentamiento global contra la Unión Soviética. No obstante, los ánimos reformistas de Mijaíl Gorbachov terminaron por ablandarla. “Me gusta el señor Gorbachov, podemos hacer negocios juntos”, dijo.

Promotora de la industrialización y la empresa privada, Thatcher anticipó hace más de dos décadas los peligros ambientales planteados por el capitalismo. Antes de dedicarse a la política había estudiado química en la Universidad de Oxford. En un discurso ante la Royal Society, habló del progreso en la reducción de la contaminación del aire y el agua, y reconoció los altos costos de lograrlo, pero manifestó que era “dinero bien gastado y necesariamente, porque la salud de la economía y la salud de nuestro medio ambiente son totalmente dependientes el uno del otro”. Sus palabras encajarían hoy en cualquier discurso sobre la destrucción del medio ambiente con fines económicos.

Desde 2002, Thatcher abandonó la vida pública por recomendación de sus médicos. Algunos informes indican que padecía alzhéimer y una serie de pequeñas embolias. En 2008 se confirmó que empezaba a sufrir demencia y había perdido la memoria a corto plazo. En 2010 se supo que vivía alejada de sus dos hijos en su apartamento de Belgravia, en el centro de Londres. Ayer, su portavoz, Lord Bell informó, que la Dama de Hierro fue derrotada, finalmente, por una apoplejía.