¿En qué se parece el caso Nisman al asesinato de Kennedy?

En forma muy parecida al asesinato de Kennedy en Estados Unidos, las muertes sospechosas se han convertido en elementos básicos del debate político en la región.

Fue la presidenta. No, fue el jefe del servicio argentino de espionaje que está conspirando en contra de ella. A la mejor realmente fue suicidio, la trágica caída de un hombre cuyo caso se estaba derrumbando. ¿O fue Irán, el Mosad israelí, la CIA? ¿Y qué hay con la influencia persistente de los nazis que llegaron huyendo después de la Segunda Guerra Mundial?

Desde el fatal disparo contra Alberto Nisman, el fiscal que acusó a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de conspirar con Irán para cubrir la responsabilidad del bombazo contra un centro comunitario judío, a este país lo han inundado las teorías sobre quién jaló el gatillo y por qué.

Ya se trate de conversaciones en voz baja en cafés, en los puestos de periódicos en las esquinas o en un solitario puesto de perros calientes en la playa, gran parte de la gente parece tener alguna idea de cómo fue que Nisman, el fiscal en cruzada, terminó en el piso de su departamento con una herida de bala en la cabeza, la noche antes de que rindiera declaración ante legisladores sobre sus acusaciones, como estaba programado.

“Tuvieron que haber sido la facción armada del terrorismo internacional narconazi yihadista o tiene que ser la mafia judía marxista que también involucra a la CIA, a Israel y al Mosad”, dijo Carlos Wiesemann, de 65 años, un vendedor de perros calientes en la ciudad de Pinamar, sopesando su lista de fuerzas sospechosas mientras bebía whiskey con un amigo.

En efecto, la obsesión con la muerte de Nisman – y el carácter sociable de las teorías que la explican – se ha vuelto tan intensa que algunos argentinos analizan cuidadosamente el caso en uno de los santuarios más íntimos del país: el consultorio del psicoterapeuta.

“Todos mis pacientes hablan del caso”, comentó María del Carmen Torretta, de 67 años, una psicoanalista que atiende a unos 15 pacientes a la semana en Villa Ballester, un suburbio de Buenos Aires. “La gente está cansada y asustada”, dijo. “Es un tema muy candente”.

Incluso, los encuestadores han sondeado a los argentinos para ver a quién consideran responsable. Una encuesta reciente mostró que 48 por ciento de las personas que atendieron 800 llamadas telefónicas en toda la Argentina, pensaba que el gobierno de Kirchner está detrás de la muerte del fiscal. Casi 20 por ciento dijo lo contrario – que fue víctima de una conspiración en contra del gobierno _, mientras que 33 por ciento reconoció que, sencillamente, no sabía. El margen de error de la muestra es de más menos 3.4 puntos porcentuales.

La pérdida de Nisman es la más reciente entrega en una tradición latinoamericana: muertes políticas emblemáticas que incitan a un conjunto de teorías contradictorias, a menudo durante décadas.

“Muchas personas están angustiadas por la muerte de Nisman e intentan dilucidar formas de explicarla”, dijo Diego Sehinkman, un psicólogo y escritor en esta ciudad. “Si la Argentina fuera un paciente, parecería tener un desorden que involucra la repetición compulsiva de muertes traumáticas no resueltas”.

En forma muy parecida al asesinato de Kennedy en Estados Unidos, las muertes sospechosas se han convertido en elementos básicos del debate político en la región, a veces, presionando a los tribunales y a las autoridades para que hagan todo lo posible para resolverlas.

En los últimos años, se exhumó el cuerpo del presidente Salvador Allende de Chile para determinar si se había suicidado o si lo mataron de un tiro cuando irrumpieron las tropas en el palacio presidencial durante el golpe de Estado, apoyado por Estados Unidos, el 11 de septiembre de 1973.

También hace poco se exhumaron los restos del poeta chileno, ganador del Premio Nobel, Pablo Neruda para determinar si murió de cáncer o si hubo algo sucio en su muerte, poco después del golpe en 1973. Investigadores desenterraron recientemente a Joao Goulart, un presidente brasileño, depuesto mediante un golpe de Estado en 1964, apoyado por la CIA, para ver se espías lo habían envenenado cuando estaba exiliado en la Argentina.

Y, en un acto particularmente dramático, el expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, hizo abrir el sarcófago de Simón Bolívar, el aristócrata del siglo XIX que liberó de España a gran parte de América del Sur, en televisión nacional, para determinar si, en 1830, murió de envenenamiento por arsénico en lugar de tuberculosis, como han aceptado los historiadores desde hace mucho.

En cada uno de estos casos, los investigadores no encontraron evidencia de que hubiera juego sucio en las muertes.

Aquí, en la Argentina, muchas personas dijeron que la muerte de Nisman les recordaba a otro incidente misterioso en la historia del país: la muerte, en 1995, del hijo de Carlos Menem, a la sazón el presidente del país.

Después de que murió Carlos Menem, hijo, en un accidente de helicóptero, su madre dijo que lo habían asesinado, lo que llevó a que lo exhumaran. El Menem mayor, hoy senador con 84 años de edad, también sostuvo oficialmente el año pasado que habían asesinado a su hijo.

Kirchner dejó claro en enero que creía que al fiscal Nisman lo habían matado y señaló tres incidentes anteriores, dos en 1998 y uno en el 2003, en los que “nunca se habían aclarado casos de suicido”.

Kirchner y su círculo interno han rechazado las acusaciones de Nisman de haber cometido algún delito y lanzan las sospechas de su muerte sobre una gama de personajes, incluidos el asistente que le prestó la pistola y el destituido jefe de la red de espionaje que trabajó con él para recopilar los alegatos en contra de la presidenta.

Si bien ni Kirchner ni su gobierno han acusado directamente a alguien del asesinato, ella ha descrito la muerte de Nisman como parte de un plan para calumniarla, al decir: “Lo utilizaron mientras estaba vivo y luego lo necesitaban muerto”.

Sin embargo, dado que en su denuncia de 289 páginas, Nisman acusaba a Kirchner de tratar de llegar a un acuerdo secreto con Irán para desviar su investigación del bombazo contra un centro cultural judío en 1994, en el que murieron 85 personas, muchos Argentinos arguyen que su gobierno es el sitio lógico para buscar sospechosos.

“Este es un país donde, astutamente, las mafias pueden hacer que un asesinato parezca suicidio”, comentó Ana Rosa di Serio, de 65 años, quien trabaja un puesto de periódicos, y dijo que cree que funcionarios del gobierno que apoyan a Kirchner habían matado a Nisman, aunque sin que supiera la presidenta.

Otros rechazan esa teoría y toman partido por el gobierno.

“No le conviene al gobierno tener una muerte en un año electoral”, notó Claudia Rúmolo, de 55 años, la dueña de Mordisquito, un bar cuyas paredes están llenas de libreros, en el centro de Buenos Aires, refiriéndose a las elecciones presidenciales que habrá este año. “Una rama corrupta de la Secretaría de Inteligencia lo hizo, respondiendo a sectores de oposición, nacionales o extranjeros”.

¿Todavía no hay confusión? Las teorías se hacen muchísimo más complejas.

Si bien los investigadores todavía no determinan si Nisman se suicidó o lo asesinaron, son pocas las teorías callejeras que aceptan al suicidio como una explicación.

En una aseveración se involucra a asesinos locales que fijaron a Nisman como su objetivo con ayuda de espías venezolanos. Algunos blogueros lanzaron las sospechas sobre lo que describen como la mafia china. Un rabino en esta ciudad presentó una interpretación compleja de la Tora y señaló una referencia codificada al apellido “Nisman” para deducir que alguien presionó al fiscal para que se suicidara.

“No sé quién lo hizo, pero estoy seguro que nunca lo vamos a averiguar”, dijo Marcus Macías, de 29 años, un dependiente que vende bocadillos y refrescos en un quiosco, mientras veía una película de zombis en una televisión de pantalla plana, bajo el resplandor de las luces de neón.

“Estas cosas pasan en todas partes”, comentó. “El caso Nisman es justo como el de Kennedy”.

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