¿Seguirá la integración?

La victoria de Nicolás Maduro como sucesor de Hugo Chávez en Venezuela tendrá seis años más para profundizar las relaciones con la región, una de las principales apuestas de la política exterior de Caracas en la última década.

Nicolás Maduro posa al lado de su nieto en una imagen captada el día de su elección. / EFE
Nicolás Maduro posa al lado de su nieto en una imagen captada el día de su elección. / EFE

A pocas horas de conocer el nombre del nuevo presidente de Venezuela, ese país debate y confronta dos modelos económicos y dos proyectos de sociedad distintos. Sin embargo, más allá de las sombras que amenazan su estabilidad, los venezolanos demuestran al mundo que son capaces de resolver sus profundas controversias, por vía democrática, en las urnas.

Los comicios definieron los rumbos en el próximo sexenio y repercutirán fuertemente en el destino de América Latina y el Caribe. Es indudable el legado del presidente Chávez en la profundización de la integración latinoamericana y caribeña. El comandante criticó y desafió los modelos de integración existentes e implementó nuevas e importantes iniciativas contribuyendo así para que la integración marchara más rápidamente e imprimió en los intercambios regionales el sello de la solidaridad entre los pueblos.

El presidente Chávez, y su controvertido y valiente posicionamiento en el sistema internacional, movió el mapa político continental, mostró el desgaste, el anacronismo y las limitaciones del capitalismo a toda costa. Contemporáneo de un Brasil fuertemente comprometido con la construcción de un espacio político y económico suramericano, anclado en la defensa de la democracia y de la estabilidad regional, pareciera ser que definitivamente el norte de la región sería el sur. El alto precio del barril de petróleo y las alianzas estratégicas extrarregionales con China, Rusia e Irán fueron el muro de contención que ayudó a Venezuela a sobrevivir en un ambiente de hostilidad regional e internacional y en una guerra mediática que descalificó durante más de una década a su Socialismo del Siglo XXI.

La Venezuela de Chávez no logró apartarse de algunas variables estructurales: la dependencia extrema del petróleo y de importaciones de alimentos, su bajo potencial industrial, la inflación de dos dígitos y la corrupción endémica. Actualmente importa 70% de sus alimentos, lo que la convierte en un importante socio comercial para muchos países latinoamericanos. Argentina se posiciona como primer socio, seguido por Brasil, cuyo comercio bilateral se incrementó más de 500% en los últimos 10 años, y por algunos países que no se identifican con su modelo, pero se benefician de sus importaciones como Perú, Chile y México y Colombia.

El difícil y complejo contexto doméstico por sí solo dificultará un cambio radical en las principales estrategias de política exterior, independientemente de quién obtenga la victoria. La relación de China con Venezuela es cada vez más fuerte, no sólo por ser su mayor acreedor, sino también por sus importantes inversiones en ese país. El Mercosur después del ingreso de Venezuela pasó a ser la quinta economía del mundo. En ese escenario las alianzas estratégicas entre Brasil y Argentina, Brasil y Venezuela han sobrevivido a varias crisis coyunturales, lo que nos indica que el país no estará solo. Además de eso, la crisis en Europa y Estados Unidos torna más relevante la integración latinoamericana y del Caribe, más allá de los resultados.

En cuanto a la criticada integración con los países del ALBA, considerada por la oposición como el escenario en el cual Venezuela “regala su petróleo”, con Maduro no sólo seguirá adelante, sino se profundizará y mantendrá la principal estrategia: vender el petróleo a precio de mercado con facilidades de pago.

El responsable acercamiento del gobierno del presidente Juan Manuel Santos a Venezuela restableció la cordialidad y el respeto en la relación bilateral. La actuación positiva de Chávez en el comienzo de los diálogos de paz es innegable, sobre todo por sus matices ideológicos. A pesar de lo incómodo que podría ser para las Farc la victoria de Capriles, que desde ya dispara declaraciones en su contra, el Gobierno colombiano tiene en el proceso de paz su plataforma más evidente de transformación del contexto doméstico y la reelección en el próximo año, lo que también indica que no sufrirá grandes alteraciones.

Esas elecciones se dan en un escenario doloroso para gran parte de la población y ocurre en el país que tiene la primera reserva mundial de petróleo, la tercera de bauxita, la cuarta de oro, la sexta de gas natural y la décima de hierro, lo que hace pensar que a pesar de la extrema polarización interna, de la posible renuencia doméstica e internacional para aceptar y legitimar el resultado electoral, los innumerables intereses geopolíticos y geoestratégicos desde luego serán un factor de estabilidad.