“Seguiremos en las calles”

Por tercer día consecutivo desde la posesión del nuevo presidente de Estados Unidos, miles de personas salen a las calles del país para “enviar un mensaje” al nuevo inquilino de la Casa Blanca.

En San Francisco, miles de jóvenes le gritaron a Donald Trump que seguirán luchando por sus derechos. / AFP

“No será nada fácil, tendremos que mantenernos en la calle, es la única forma de mandar un mensaje fuerte contra este gobierno: No vamos a tolerar que nos arrebaten nuestros derechos, estamos aquí para defender nuestros derechos y los de nuestro hijos”, dice Esperanza Molina, una madre salvadoreña que lleva desde el viernes saliendo a las calles de Los Ángeles a gritar, junto a miles de personas más: “Trump no es mi presidente”.

Para Esperanza, como para muchos más en la ciudad de Los Ángeles y el resto de Estados Unidos, la llegada de Trump a la Casa Blanca marca el ascenso definitivo de la corporocracia. “De ahora en adelante este será un país dirigido por los intereses de las corporaciones, de los más ricos, del 1 %. El hecho que el CEO de Exxon Mobil, la compañía petrolera más poderosa del planeta, sea el secretario de Estado, encargado de la política exterior de nuestro país, deja bien claro que este gobierno pondrá los intereses económicos por encima de la gente, del medioambiente y de lo que sea”, dice Lewis Carth, un maestro universitario de 47 años que, al igual que muchos ambientalistas, ve el deseo de esta administración de perforar el Ártico en busca de más petróleo, así como de expandir el fracking por todo el territorio nacional, como una puñalada mortal para al medioambiente.

No en vano, desde el instante en que Donald Trump, el presidente número 45 de los Estados Unidos, se posesionó el viernes se removió del portal de la Casa Blanca la sección sobre cambio climático. El portal WhiteHouse.gov borró cualquier mención al calentamiento global, así como el plan de la administración de Obama para combatirlo. Este fue reemplazado por el plan energético de Trump, el cual llama a más perforación en busca de petróleo, así como a reducir las regulaciones que impiden que este sector siga creciendo. “No es infundado el miedo que muchos tenemos cuando se dice que esta administración destruirá años de investigaciones científicas en la materia. Nosotros creemos en la ciencia, sabemos que el cambio climático es real”, concluye Carth.

Y no fue la sección de cambio climático la única desterrada del portal oficial de la Casa Blanca: también la de los derechos de la comunidad LGBTI, lo cual tiene con los nervios de punta a millones de personas en todo el país. “No puedo esconder el miedo por la integridad física de millones de personas de nuestra comunidad”, explica Lewis Fisher, un médico de 38 años nacido en Las Vegas y quien desde el viernes no ha abandonado las marchas de protestas en la ciudad de Los Ángeles. “Nuestro principal enemigo está en la Casa Blanca y es el vicepresidente Mike Pence, quien durante toda su carrera ha promovido políticas homofóbicas. Es el momento en que el mundo entero siga muy de cerca lo que ha de venir en este país”, concluye Fisher.

Por esta razón, el sábado, más de 300 miembros de la comunidad LGBTI bailaron por horas enfrente de la residencia del vicepresidente en Chevy Chase, Maryland, para protestar por su llegada a la Casa Blanca, hasta que fueron dispersados por la fuerza policial. Al día de hoy van más de 270 arrestos y un número cercano a los 6,5 millones de manifestantes en las calles de más de 500 ciudades en Estados Unidos y otras 60 en el resto del planeta.

“Yo voté por Trump seducido por un nuevo tipo de política, por un nuevo tipo de semblante, pero al ver su gabinete y ver que está lleno de exgenerales y millonarios cabeza de grandes corporaciones me di cuenta de que fuimos nuevamente engañados” explica Ronald Jankings, de 52 años, y quien por primera vez sale a la calle a protestar. “Creo en la no violencia, pero creo más en el poder del pueblo. Cuando la gente se sienta realmente amenazada, como podría llegar a pasar en estos próximos cuatro años, el pueblo tendrá toda la legitimidad de usar cualquier herramienta para defender sus derechos”, concluye Jankings, un vendedor de seguros oriundo de Bakersfield, ciudad 177 kilómetros al norte de Los Ángeles.

Por su parte, Twitter y Facebook, principales herramientas de Trump para llegar a la Oficina Oval, son ahora sus principales enemigas, pues desde su posesión estas redes sociales han movilizado a millones de personas dentro y fuera de los Estados Unidos en defensa de los derechos de los inmigrantes, los derechos reproductivos de la mujer, el medioambiente, la libertad de prensa y la protección de la comunidad LGBTI.

Ciudades como Chicago recibieron este fin de semana más de 400.000 manifestantes, 500.000 en Boston, 350.000 en Denver. Nueva York sumó más de un millón de manifestantes, al igual que Washington D.C. Por su parte, Los Ángeles llegó a los 750.000 manifestantes en las calles, seguido de ciudades como Oakland, Filadelfia, Pittsburg, Nashville, entre otras, las cuales el pasado sábado registraron la mayor movilización de la historia de los Estados Unidos. Una manifestación que no sólo protestaba por el respeto a los derechos reproductivos de la mujer sino que abrazaba todos los miedos de distintos sectores a raíz del inicio de la administración Trump-Pence.

Para Clarissa Taylor, una madre afroamericana que se sumó a las marchas de este fin de semana junto con su madre y su hija, su llamado fue claro como el de millones de mujeres en todo el país. “Lo que pase en mi cuerpo es decisión únicamente mía. Que venga Trump a decirme que no puedo usar anticonceptivos, a despojarme de los derechos reproductivos por los que hemos luchado intensamente durante décadas mujeres de todas las razas en este país, es un acto criminal”, añade.

Para ella, su peor miedo se hizo realidad el viernes, cuando Trump firmó la acción ejecutiva que da inicio al desmantelamiento del seguro de salud de Obama, el cual les ha dado a millones de mujeres de bajos recursos en este país el acceso a medicina reproductiva, especialmente anticonceptivos. “Pensábamos que la presión que veníamos haciendo iba a hacer mella, pero ya nos quedó claro que su administración se viene con todo contra nuestros derechos, es por esta razón que estamos marchando”, explica llena de preocupación la mujer de 29 años en frente de la alcaldía de Los Ángeles, mientras sostiene una pancarta que dice “Nadie manda sobre mi cuerpo”.

Otro de los gritos más estridentes del fin de semana en las marchas que abrazaron todos los rincones de los Estados Unidos fue el de los indocumentados y del inminente miedo a que la cacería de brujas esté por empezar, justo como lo ha anunciado la administración Trump. “Yo llevo 16 años en este país, llegué cuando tenía ocho. Toda mi vida viví sin papeles y gracias al programa de Acción Diferida de la administración Obama logré detener mi proceso de deportación, al igual que el de mis padres”, explica Fabián Armenteros, un joven ecuatoriano. “El problema es que miles de jóvenes indocumentados se acogieron a este programa saliendo de la ilegalidad. Hoy todos nuestros datos y los de nuestros padres los tiene el Gobierno, por eso el miedo es muy grande, ya que con nuestra información sólo será cuestión de tiempo para que nos deporten uno por uno”, añade.

Fabián, de 28 años, hace parte de la plataforma de resistencia que se ha puesto en marcha gracias al trabajo de más de 190 organizaciones civiles protectoras de los derechos humanos y de los inmigrantes en Estados Unidos. Bajo el llamado de “100 días de resistencia” (100daysofresistance.org), distintos sectores del país se están agrupando bajo una sola bandera para movilizarse, conectarse, planear y ejecutar acciones de desobediencia civil durante los primeros cien días de gobierno de Trump, al igual que una presión sistemática sobre los miembros del Congreso.

“Que les quede a todos bien claro que esta será la generación que habrá de cambiar la historia de este país. La hora de quejarnos y llorar ha terminado. Si queremos salvar nuestros libertades tenemos que luchar de vuelta. Es por eso que estamos aquí sin importar lo que se nos venga encima”, concluye el joven estudiante de negocios de la universidad pública de Los Ángeles.

 

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