Seis meses de prueba

La firma, ayer, del acuerdo entre Irán y el Grupo 5+1, obliga a Teherán a implementar cada uno de los puntos para llegar a un pacto final que cerrará una crisis de más de 35 años. Comienza la segunda etapa.

El canciller iraní, Mohamad Javad Zarif, saluda al canciller francés, Laurent Fabius, después del anuncio del acuerdo alcanzado en Ginebra. / AFP

La llegada del presidente Hasán Rohaní al poder en Irán, en agosto pasado, fue el primer paso para destrabar, tras casi una década, las negociaciones entre Irán y el llamado Grupo 5+1 (China, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia y Alemania). Luego de tres rondas de reuniones iniciadas en septiembre, se firmó en Ginebra un acuerdo sobre el programa nuclear que Teherán mantuvo en secreto durante dos décadas y que motivó duras sanciones económicas y financieras.

Según el documento firmado, Irán paralizará el enriquecimiento de uranio hasta el 20% y se compromete a no sobrepasar dicho enriquecimiento al 5%, que es el límite establecido para su uso civil. Asimismo renunciará a la instalación de nuevas centrifugadoras, usadas para el enriquecimiento de uranio, y no ampliará las instalaciones destinadas a ese fin, es decir, las plantas nucleares ubicadas en Fordo y Natanz.

El acuerdo también incluye una mención específica a la construcción del reactor de Arak, una planta de agua pesada que ha sido motivo de preocupación de la comunidad internacional porque podría obtener plutonio como producto secundario. Teherán accedió a suspender la producción de combustible para abastecer ese reactor, así como a abstenerse de construir una instalación capaz de reprocesar el material. Garantizará también el acceso diario de los inspectores de la OIEA a todos los lugares que se determinen, con el objetivo de asegurarse del cumplimiento del acuerdo.

Por su parte, las seis potencias que negociaron con Irán se comprometieron a suspender las sanciones de la Unión Europea y de Estados Unidos sobre el oro, los metales preciosos y los servicios vinculados a las exportaciones iraníes. También acordaron suspender los embargos para la fabricación de automóviles y exportaciones petroquímicas. Se mejorará el acceso de Irán a la importación de alimentos y medicamentos, y se autorizarán las compras de petróleo iraní a pequeña escala. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidos no emitirá ninguna nueva sanción contra Irán relativa al tema nuclear.

El presidente Obama estimó el acuerdo como un “importante primer paso” hacia un acuerdo exhaustivo, aunque admitió la existencia de “grandes dificultades” por delante. Obama advirtió, no obstante, que si Irán no respeta los términos pactados, el alivio de las sanciones concedido, equivalente a unos US$7.000 millones, se convertirá en más presión y ahogo a la economía iraní.

Obama telefoneó ayer al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para discutir el acuerdo temporal alcanzado con Irán y comentó que ese país “tiene buenas razones para ser escéptico sobre las intenciones de Irán”.

Julian Borger, del periódico británico The Guardian, explica que Irán, al parecer, accedió a frenar su proyecto estratégico más importante debido a su difícil situación económica. Asfixiado por las sanciones, el país asiático tiene frenado el acceso al crédito internacional. La producción de petróleo —lastrada por una tecnología obsoleta y la sustitución de las empresas multinacionales occidentales por gigantes chinos e indios sin interés en invertir para modernizar— ha caído a mínimos históricos, aumentando de forma alarmante la desigualdad social y el descontento juvenil.

Suzane Malon, experta en Irán de Brookings Institution, señala que “el acuerdo interino es sólido, con una serie de restricciones y verificaciones sobre el programa nuclear iraní por seis meses más amplias que nunca, y obliga a Teherán a un continuo proceso diplomático cuyas principales recompensas se difieren hasta que se alcance un acuerdo mucho más ambicioso”.

Dicho avance supone el regreso de Irán a la arena internacional después de 35 años de marginación. La retórica antioccidental que trajo la Revolución islámica, pero sobre todo la toma de la embajada estadounidense, abrieron una brecha que ha marcado las relaciones de Teherán con el mundo y su falta de ellas con Washington.

 

¿Qué sigue ahora? Borger presenta tres posibles escenarios: “El peor de los casos es que el Congreso de EE.UU. emita nuevas sanciones y los conservadores iraníes reaccionen echando abajo el acuerdo. El mejor resultado, que Irán mejore su economía y se fortalezca el ala moderada iraní, quitándole poder a la élite militar y clerical. Y el más probable, que el acuerdo se mantenga a pesar de las disputas venideras y venga una ampliación de medidas y de tiempo. Para el éxito se requiere gran inversión de esfuerzo y capital político de los presidentes, además del avance de la situación en Siria”.