La sharia, ¿una vía a la libertad?

Las nuevas autoridades libias anunciaron que el régimen político se basará en normas islámicas. En Túnez y Egipto van por el mismo camino.

La imagen que viene a la mente de los occidentales cuando les hablan sobre la sharia, la ley musulmana, es la de mujeres lapidadas, ejecuciones públicas, ahorcamientos. Por eso, la comunidad internacional se mostró atemorizada cuando durante la declaración de la liberación de Libia, el jefe del Consejo Nacional de Transición (CNT), Mustafá Abdel Jalil, afirmó que esta ley se implementará en la nueva legislación del país, generando así dudas sobre la ruptura con el régimen de Muamar Gadafi y el camino hacia la democracia.

La sharia, que significa ‘vía’ en árabe, es entendida como la ley revelada por Dios en el Corán. En la mayoría de los 21 estados musulmanes es la principal fuente de derecho, pero no se aplica del mismo modo en cada uno, pues no se trata de un código legal definido y su aplicación varía de acuerdo con su interpretación.

En Irán, Pakistán, Afganistán, Arabia Saudita, Sudán y otras naciones africanas, la sharia se interpreta de modo radical: a los ladrones les cortan las manos, los asesinos y mujeres adúlteras son apedreados hasta morir, los que beben alcohol son azotados en público. Por el otro lado, en países como Egipto (durante el régimen de Hosni Mubarak) y Siria, se aplica una versión más flexible; existen penalidades menos severas, aunque la sharia sigue en la base del derecho.

El Parlamento europeo, así como EE.UU., advirtieron que el anuncio de Abdel Jalil no está basado en un proceso democrático y que ciertas interpretaciones de la sharia contradicen los derechos humanos y discriminan a la mujer. En respuesta, 24 horas después, Abdel Jalil atenuó su pronunciamiento: “Quiero asegurar a la comunidad internacional que los libios somos musulmanes moderados”, dijo, insinuando que no se llegaría a los extremos del radicalismo.

Pero la controversia sigue viva, porque Abdel Jalil también anunció que la poligamia y la prohibición del divorcio, que no estaban permitidas durante el régimen de Gadafi, serían incorporadas en la nueva legislación. Entre los aspectos más universales de la sharia se encuentran las reglas relacionadas con el matrimonio, el divorcio y la herencia, y se permite que los hombres tengan hasta cuatro esposas sin necesidad de la aprobación o el conocimiento de ellas.

Desde mediados de septiembre, cuando se hacía evidente que Gadafi sería derrocado, Abdel Jalil y el viceministro de Justicia, Jalif al Gehmy, anunciaron que la sharia serviría para reunificar a un pueblo que, en todo caso, estaba acostumbrado a seguir las prácticas musulmanas con rigurosidad. “Aunque la sharia no obligara a nadie a usar el velo, las mujeres ya están acostumbradas a hacerlo”, dijo el magistrado Milad al Gali, aunque no precisó cuál sería la posición de la población femenina respecto a la instauración de la poligamia.

Ahora, la imposición de la sharia genera disidencias entre los ciudadanos libios y en el interior del CNT. Othman Bensassi, representante de la localidad de Zouara ante este Consejo, afirmó que las declaraciones de Abdel Jalil no representan a la totalidad del CNT y que la prohibición del divorcio y el regreso de la poligamia son inaceptables y nunca se han discutido en la organización.

Eric Chaumont, experto en islam y miembro del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia, no espera que en Libia se adopte un régimen radical como, por ejemplo, el saudí. Explica que en Arabia Saudita se aplica el derecho llamado ‘hanbalí’, que es la más rigurosa de las cuatro escuelas de comprensión de la sharia. Libia, que ha sido siempre un país islámico, es de tradición ‘malekí’, una escuela menos drástica.

Amr Hamzawi, profesor de la Universidad de El Cairo y exinvestigador del Carnegie Endowment for International Peace, ha indicado que, más allá del impacto que produce la palabra sharia, lo más importante es que se preserven los derechos de los libios, egipcios y tunecinos, sin importar su origen, sexo u orientación política. Abdel Jalil se manifestó en el mismo sentido al atenuar sus declaraciones: “Mi declaración del domingo no significa que vayamos a abolir o anular alguna ley”, dijo.

La sharia y el auge del islamismo no sólo preocupan en Libia. En Túnez, donde se celebraron los primeros comicios democráticos tras la caída del régimen de Zine el Abidine Ben Alí, el partido islamista Ennahda es el de mayor popularidad. Portavoces de esa colectividad la definen como islamismo moderado.

Egipto será el segundo país de la Primavera Árabe en asistir a las urnas. Los Hermanos Musulmanes, la organización islamista más grande y antigua del país, participarán con el Partido de la Libertad y la Justicia. Aunque apoyan principios democráticos, su objetivo es crear un estado bajo la sharia y su proclama es que “El islam es la solución”.

El papel que el islam pueda tener en la configuración de democracias es hasta ahora una especulación. También los efectos que traerán las interpretaciones moderadas o extremistas de la sharia. Lo cierto es que, a pesar de las declaraciones de Abdel Jalil, en la nueva constitución de la Libia liberada nada está escrito. El mundo espera que los libios sean libres de escoger su régimen del futuro.

Familia Gadafi demandará a OTAN

La familia del exdictador de Libia Muamar Gadafi, asesinado misteriosamente tras ser capturado por tropas rebeldes el 20 de octubre, estudia la posibilidad de demandar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ante la Corte Penal Internacional. El abogado de la familia, Marcel Ceccaldi, indicó que el motivo del deceso fueron "los disparos de la OTAN contra el convoy de Muamar Gadafi, que luego fue ultimado". Agregó que el homicidio voluntario está definido como un crimen de guerra en el estatuto de Roma de la CPI y que el hecho demostró que los estados miembros no querían proteger a la población, sino derrocar el régimen. Hasta el momento se desconoce la fecha en que se presentará la demanda.

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