Siria, unas elecciones imposibles

La comunidad internacional y los sirios en el exilio se oponen a unos comicios que se realizarán en medio de una guerra que ha dejado al menos 150 mil muertos.

Simpatizantes del expresidente sirio Bachar Al Asad participan en una concentración en Damasco, Siria. / EFE

La realización de unas elecciones presidenciales “libres y transparentes” en Siria, un país que lleva tres años sumido en una cruel guerra que ha dejado al menos 150 mil muertos, parece un imposible. Para la comunidad internacional y los sirios que viven en el exilio, se trata de una injusticia, una farsa, una “parodia de la democracia”. Lo que más preocupa es que Bashar al Assad, el actual presidente, oficializó ya su candidatura y tiene amplias posibilidades de reelegirse el próximo 3 de junio.

Desde que en marzo de 2011 comenzaron las manifestaciones sociales, la respuesta del régimen ha consistido en una represión violenta. Las fuerzas leales al presidente han sido acusadas de utilizar armas pesadas y arsenal químico en contra de la población civil en varias regiones del país. También se han registrado bombardeos aéreos indiscriminados y la existencia de organizaciones armadas al servicio del gobierno, que supuestamente han perpetrado masacres.

La utilización de esos métodos no es una novedad en Siria. Los aprendió Bashar al Assad de su padre, Hafez al Assad, quien fue presidente durante 21 años (1979-2000). Se trata de escenas que se repiten en ciudades como Alepo, Hama y Homs. Por ejemplo, en 1982 en Hama, 150 militares suníes se rebelaron contra el gobierno. La respuesta oficial fue un bombardeo que duró más de 20 días y mató al menos a 10 mil personas. Muchos de los hijos de quienes fueron masacrados en esa ocasión volvieron a rebelarse durante la actual guerra civil y fueron reprimidos de nuevo con artillería pesada.

Bashar, al igual que Hafez, insiste en no permitir la injerencia extranjera para buscar una solución al conflicto, aunque quienes en parte lo salvan de una intervención militar de EE.UU. sean los viejos aliados de su padre: los iraníes y los rusos.

Bashar al Assad no era originalmente el designado para ocupar la presidencia del país. Desde el inicio de los 90 Hafez había preparado al mayor de sus hijos, Basel, para que lo sucediera en el cargo. Pero en enero de 1994 Basel estrelló su Mercedes Benz en una autopista de Damasco y murió. Entonces, por accidente, Hafez tuvo que llamar a su hijo menor, Bashar, para que fuera su heredero.
Para entonces, Bashar gozaba de una vida apacible en Londres, donde hacía una especialización en oftalmología después de graduarse como médico en Damasco. En la capital inglesa supuestamente tenía otra identidad, estaba desinteresado por la política y las críticas mundiales contra su padre. En todo caso, resolvió volver a su país, donde fue rápidamente adoctrinado y ascendió en cargos políticos y militares. El 10 de junio de 2000, cuando Hafez al Assad murió de un ataque cardíaco después de estar 30 años en el poder, ya se sabía que Bashar tomaría el relevo. Para que pudiera ser presidente a sus 34 años fue modificado un artículo de la Constitución, según el cual el jefe de Estado debía tener mínimo 40.

Bashar al Asad seguramente ganará los comicios y estará al mando del país durante otros siete años. Es el séptimo candidato que se presenta, incluyendo a una mujer, en lo que teóricamente es la primera elección presidencial en más de medio siglo. El desenlace de las elecciones es previsible porque se desarrollarán en zonas totalmente controladas por el régimen, en las pocas áreas donde puede garantizar la seguridad. Además, las autoridades prohibieron el derecho de voto a los refugiados que salieron ilegalmente del país, aunque autorizaron a los sirios que viven en el extranjero a votar "si su residencia es legal", según el presidente de la Comisión Electoral.

El régimen intenta dar todas las apariencias de una elección presidencial "libre y transparente". Tanto los países occidentales como la oposición siria piden la partida de Bashar al Asad como primer paso hacia una solución política en ese país. Alemania consideró "aberrante" que se llevasen a cabo estos comicios, dada la situación actual. La ONU criticó enérgicamente la decisión de Damasco de efectuar estas elecciones. Según el portavoz de la ONU Stéphane Dujarric, "semejante elección es incompatible con el espíritu y la letra del comunicado de Ginebra" sobre una transición democrática en Siria.