Siria y la comunidad internacional

El país continúa donde estaba hace dos años, sumida en un conflicto sin atisbo alguno de salida.

 Ceremonia de Inauguración de la Conferencia Internacional Sobre la Situación Siria en Teherán (Irán). Teherán Acoge Hoy Una Conferencia Sobre la paz en Siria. /EFE
Ceremonia de Inauguración de la Conferencia Internacional Sobre la Situación Siria en Teherán (Irán). Teherán Acoge Hoy Una Conferencia Sobre la paz en Siria. /EFE

Como en toda guerra de estas características, confluyen complejos procesos y dinámicas, siendo uno de los más preocupantes la inacción y la responsabilidad de aquello que en relaciones internacionales se denomina como “comunidad internacional”.

Un significante que quizás, con demasiada frecuencia, queda vacío de significado, tal vez por lo etéreo de su alcance y de su sentido, sometido casi siempre a razones de interés geopolítico, relaciones de poder y confluencia de intereses.

La responsabilidad de proteger los derechos humanos es una máxima que nunca se cumple en la "arena" internacional y que, cuando se alega, casi siempre, queda desvirtuada a prácticas interesadas que en la Historia reciente han dado sentido a lo que muchos han denominado, no sin razón, como "imperialismo humanitario".

En Siria se imbrica desinterés geopolítico, relaciones de poder entre Occidente-Oriente (valga comprender el sentido de este reduccionismo), y escasas voluntades que justifiquen una acción articulada con la que poner fin a una matanza cada día más sanguinolenta.

Concurre, por un lado, la clásica inoperancia de Naciones Unidas y, especialmente, del Consejo de Seguridad, sobre la que hay que adicionar la escasa voluntad política de Estados Unidos y de la Unión Europea. Una escasa voluntad, traducida en irresponsabilidad, que ha permitido que las opciones de diálogo desaparezcan y que terceros actores como Rusia o Irán hayan ganado protagonismo con su posicionamiento, mucho más reaccionario, del lado del mandatario sirio.

Al respecto, la Administración de Barack Obama en Estados Unidos ha hecho valer lo que muchos pensábamos cuando aquél llegó al poder, esto es, que nada en el mundo cambiaría y que el código geopolítico estadounidense y sus patrones de conducta, no harían sino cambiar matices dentro de una lógica, la exterior, que no distingue profundamente en la dualidad "demócrata/republicano".

Más preocupante es la Unión Europea, cuya última decisión ha sido la de levantar el embargo de armas a Siria para fortalecer a los insurrectos. Recurso grave y contradictorio con una potencia que se hace denominar civil, normativa y comprometida con los derechos humanos. Sin embargo, no sorprende. La Unión Europea, sin hacer por ello valer la tesis de Robert Kagan en su clásico ensayo, Poder y debilidad, siempre fue así, actuando a un ritmo desacompasado, y casi siempre, en contradicción con la que exigen los acontecimientos y con lo que se espera de su recurrido talante de soft power.
Y mientras Siria se desangra cada día la comunidad internacional sigue en lo suyo.

(*)Investigador en ciencias políticas y sociología de la Universidad Complutense de Madrid (@Jeronimo_Rios)

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