Siria y el dilema de las armas

Hoy, las versiones sobre el anuncio de Rusia de entregar al gobierno sirio, encabezado por el presidente Bashar al Asad, misiles de largo alcance S-300 y 10 aviones de combate, parecen encontradas.

Bashar al Asad, presidente sirio. / AFP
Bashar al Asad, presidente sirio. / AFP

 Bajo el argumento de que esta entrega servirá para prevenir la intervención de fuerzas extranjeras en Siria, un país que completa 26 meses de conflicto, el gobierno de Moscú ha defendido su decisión en el contexto internacional, en el que Estados Unidos y la mayoría de países europeos son partidarios de la renuncia de Al Asad.

El revuelo sobre el tema comenzó después de que el periódico libanés Al Akhbar publicara unas declaraciones de Al Asad en las que el presidente afirmaba que su país ya había recibido el primer envío de misiles. La noticia fue ampliamente difundida, dado el punto en el que se encuentra el conflicto, pues la Unión Europea acordó levantar la moratoria que impedía suministrar armamento a los rebeldes para apoyarlos en su lucha contra Al Asad.

Sin embargo, Rusia desmintió de manera indirecta la versión de Al Asad. Citadas como “fuentes de la industria armamentística rusa”, aparecieron voces que desde Moscú indicaban que los misiles no podrían ser entregados hasta otoño, en el mes de septiembre.

A la vez, un testigo no identificado que presenció la entrevista del presidente sirio en la que aparentemente se hizo el anuncio, aseguró a la agencia de noticias rusa RIA Novosti que Al Asad no había dicho que su país ya dispusiera de los misiles rusos en cuestión y difundió una cita textual del presidente, de la que habría partido la mala interpretación: “Todo lo que hemos acordado con Rusia se llevará a cabo; parte de los acuerdos se han cumplido recientemente, y nosotros y los rusos continuaremos cumpliendo esos contratos”.

Mientras tanto, la ONU continúa recibiendo denuncias sobre el aparente uso de armas químicas en el conflicto por parte de las fuerzas oficiales.