La soledad de Yanukóvich

El parlamento ucraniano le resta poderes al presidente y revive políticamente a su principal adversaria.

Víktor F. Yanukóvich, presidente de Ucrania. / EFE

Después de tres meses de protestas en contra del gobierno de Víktor F. Yanukóvich, presidente de Ucrania, la oposición parecer estar ganando definitivamente la partida tras una rápida serie de reveses que el Parlamento ucraniano le infligió ayer al mandatario luego de la peor violencia en el país desde su separación de la Unión Soviética.

La derrota más significativa de Yanukóvich es la decisión del Parlamento de liberar a la líder opositora y exprimera ministra Yulia V. Tymoshenko, quien fue encarcelada a finales de 2011 acusada de “exceso de poder” por la firma de un acuerdo con Rusia para negociar el precio del gas natural entre los dos países. En su momento, se calificó el arresto como una maniobra política, pues la actuación de la entonces primera ministra era parte de sus funciones y no representaba un crimen, según sus defensores. Con 310 votos a favor, el órgano legislativo sacó del Código Penal la conducta por la cual fue criminalizada Tymoshenko, dejando así sin piso jurídico su reclusión; la exfuncionaria había sido condenada a siete años de prisión.

El voto del Parlamento también retiró del Código Penal otras conductas, un movimiento que, en palabras de Oleksandr Turchynov, aliado de Tymoshenko, significa alinear el sistema de justicia de Ucrania con el del resto de Europa.

La salida de la cárcel de Tymoshenko (que se prevé será en 10 días) representa una doble derrota para el presidente Yanukóvich: por un lado, el más obvio, deja en libertad y con posibilidades políticas a su mayor rival, y por el otro, deja ver cómo el presidente está siendo aislado, si se tiene en cuenta que en noviembre del año pasado el Parlamento se abstuvo de introducir legislación que habría permitido la excarcelación de la exprimera ministra; esta negativa se dio ocho días antes de que estallaran las protestas en contra del gobierno.

Los golpes del Parlamento al gobierno no paran ahí. Como parte de un acuerdo firmado entre Yanukóvich y representantes de la oposición para poner fin a la crisis, los legisladores aprobaron regresar a la Constitución de 2004 (enmendada en 2010 por el presidente), documento que le quita poderes a la presidencia (como el nombramiento del primer ministro, la conformación del gobierno y el control directo de los ministerios de Defensa e Interior y la Fiscalía), además de introducir una amnistía general para los detenidos durante las protestas y ordenar el cierre de las investigaciones criminales en su contra.

El documento firmado entre el gobierno y la oposición también incluye adelantar las elecciones presidenciales, que estaban previstas para 2015 y que ahora se celebrarán entre septiembre y diciembre de este año, aunque aún no está clara la fecha exacta para los comicios; además de esto, se aprobó formar un gobierno provisional que incluya a todas las tendencias políticas del país.

El acuerdo recibió el visto bueno de una comisión europea integrada por los ministros de Relaciones Exteriores de Alemania, Francia y Polonia. En las reuniones también participó un delegado de Rusia (Vladímir Lukin, comisionado ruso para Derechos Humanos), quien no firmó el documento, un movimiento que no deja de inquietar a varios sectores. La Cancillería rusa afirmó en un comunicado que “el hecho de que Vladímir Lukín no firmara en calidad de testigo del acuerdo (...) no significa que Rusia no esté interesada en la búsqueda de compromisos que permitan frenar de inmediato el derramamiento de sangre y devolver la situación al marco legal”.

Lo acordado entre el gobierno y representantes de la oposición, aunque incluye las demandas más significativas del movimiento de protesta, no deja de inquietar a un sector de los manifestantes que, hasta la firma del documento, aún se mantenían en la Plaza de la Independencia en Kiev demandando la salida inmediata de Yanukóvich.

El campo de maniobra del presidente ucraniano parece haber sido reducido drásticamente, no sólo en el terreno político, sino en el de la implementación de acciones más inmediatas, como el uso de fuerzas del ejército para reprimir las manifestaciones que, con buena tracción en al menos la mitad del país, se salieron de las manos de la Policía. Parlamentarios de oposición lograron introducir el jueves una resolución que le retira al presidente la facultad de declarar un estado de emergencia, mediante el cual se puede involucrar a los militares para reprimir las manifestaciones. Esta medida también les ordena a las fuerzas del Ministerio del Interior y a la Policía volver a sus bases habituales. Durante la semana emergieron reportes que indicaban que varios altos mandos militares del país estaban evadiendo el contacto con diplomáticos de países como Estados Unidos.

En declaraciones a la agencia AP, Laurent Fabius, ministro de Relaciones Exteriores de Francia, aseguró que: “Mientras estas acciones no estén implementadas, debemos ejercer una gran prudencia”.

 

 

 

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