"Sólo soy el instrumento para que el mundo conozca su misericordia"

El Espectador publica en exclusiva la entrevista con la mujer costarricense a la que el sumo pontífice polaco —que subirá a los altares el próximo domingo— curó de un aneurisma cerebral.

Floribeth Mora, ama de casa en Costa Rica, dice que Juan Pablo II le habló y que luego de ello inició el proceso de curación de un aneurisma cerebral . / AFP

Para ser declarado santo se necesitan dos milagros científicamente comprobados, uno para la beatificación y otro para la canonización. Entre una y otra, algunos venerables han esperado cientos de años. En el caso de Juan Pablo II, quien subirá a los altares el próximo domingo, la multitud reunida en la Plaza de San Pedro para acompañarlo en su paso a la casa del Padre inició un clamor que en segundos se extendió por todo el mundo: “¡Santo sùbito! ¡Santo sùbito!”. Era a la vez una solicitud y un testimonio de su fama universal de santidad.

El segundo milagro, la curación de Floribeth Mora, se produjo el mismo día de la beatificación. ¿Cómo explicar este afán en el cielo y en la tierra? Para usar las palabras que el propio Juan Pablo II dijo cuando le preguntaron por qué reconoció tantos santos y beatos en su pontificado: “La culpa es del Espíritu Santo”.
Floribeth Mora Díaz, un ama de casa costarricense de 50 años de edad, madre de cuatro hijos, fue curada milagrosamente de un aneurisma cerebral al mismo tiempo que se celebraba en Roma la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II, en mayo de 2011. Floribeth se curó para dar testimonio.

La historia del milagro elegido para la canonización de Juan Pablo II hace parte del libro Juan Pablo II, un santo para las víctimas. La donación del dolor, escrito por la periodista Diana Sofía Giraldo y que publicará la Fundación Víctimas Visibles con el apoyo de la Causa de Canonización.

El libro incluye testimonios de víctimas que, siguiendo el ejemplo de Juan Pablo II, hacen de la donación del dolor un camino de sanación espiritual hacia el encuentro con su propia dignidad de hijos de Dios. “El sufrimiento en Juan Pablo II no fue inútil. Ni el atentado, ni la enfermedad, ni la vejez lo amilanaron. De sus entrañas siempre brotó un grito libertario: ‘No tengáis miedo’”.

El Espectador publica en exclusiva la entrevista concedida por Floribeth Mora Díaz a la autora del libro y fotografías inéditas del papa Juan Pablo II que hacen parte del texto. 

La historia de su milagro se inició en abril de 2011, cuando se le diagnosticó un aneurisma en el lado izquierdo del cerebro, imposible de erradicar, y los médicos le pronosticaron apenas un mes de vida. ¿Qué representa ese episodio ahora para usted?

Es el momento más doloroso de mi vida, pero también el más bello porque ahí he conocido la grandeza de Dios.

En ese momento usted confesó que tenía miedo a morir. ¿Lo siente ahora cuando la canonización de Juan Pablo II está basada en el milagro de su curación?

El miedo a la muerte lo tenemos todos cuando se nos presenta. No lo siento ahora porque estoy viviendo otro momento diferente en mi vida. 

Siempre consideró al papa Juan Pablo II un ser humano especial. ¿Cuándo decidió pedirle que intercediera por usted para recuperar su salud?

Por supuesto, él siempre fue para mí un hombre diferente. Emanaba santidad y era algo inexplicable lo que se sentía a su paso, y eso que no estuve tan cerca de él como hubiese querido. Siempre lo invoqué en mis oraciones, pero más cuando me enfermé de gravedad, porque yo sabía que él está cerca de Dios.

“Levántate, no tengas miedo”

El 1º de mayo de 2011 usted observó por televisión la ceremonia en que el papa fue declarado beato de la Iglesia católica. Esa misma noche escuchó una voz interior que le decía: “Levántate, no tengas miedo”, y en ese momento comenzó su recuperación. ¿Podría recordarnos ese instante?

El 1º de mayo de 2011 pude ver la transmisión de la beatificación, a pesar de los sedantes que me daban. Al día siguiente, a las 8 de la mañana, recuerdo que me estaba despertando, sola en mi dormitorio, cuando escuché su voz por primera vez. Me quedé asombrada, viendo a mi alrededor y comprobando que estaba sola. Observé un suplemento que sacaron para conmemorar la beatificación del papa, que traía en la portada su foto con las manos levantadas. Entonces escuché por segunda vez la voz que me decía: “Levántate, no tengas miedo”, y vi cómo sus manos se alzaban indicándome que me levantara, a lo que yo le contesté: “Sí, señor”. Así me levanté y llegué a la cocina, donde estaba mi esposo, que me preguntó qué estaba haciendo allí y yo le dije que me sentía bien porque tenía mucha paz. Ya no tenía miedo y no me sentía agónica. Y tenía la seguridad de que estaba sana, aunque mi cuerpo dijera lo contrario.

¿El proceso de sanación de su cuerpo se dio junto con el crecimiento de su fe?

El proceso de mi sanación física se fue comprobando con los meses, porque mi fe siempre estuvo conmigo. Si no hubiera tenido fe desde el principio, esto no habría ocurrido, porque la fe es ante todo.

¿Cuándo se sintió curada por completo?

Fui viendo mi mejoría. Pero una cosa era lo que yo dijera y otra lo que los demás creyeran, hasta que llegó el momento de hacerme los exámenes. Fue entonces, cuando se pudo verificar médicamente lo que venía sintiendo. Es decir, que estaba sana para la honra y la gloria de Dios.

La página de internet de Wojtyla

Decidió enviar su testimonio a la postulación del papa Wojtyla por correo electrónico y poco después la contactaron. ¿Que la motivó a hacerlo de ese modo?

Yo no lo hice directamente para la postulación. Cuando decidí escribir mi testimonio lo hice porque quería que el mundo se diera cuenta de la grandeza del Señor. Antes de eso estuve buscando en la página del Vaticano, pero no vi dónde podía escribirlo. Luego busqué por Juan Pablo, y tampoco. Entonces fue cuando busqué en Google por su nombre, aunque no sabía cómo escribirlo. Pero sí que Google me haría la autocorrección, y fue así que se desplegaron los links. Tomé el primero, KarolWoityla.org, y lo puse en español. Empecé a ver el contenido de la página y leí varios testimonios. Vi que podía escribir y así lo hice. Pero nunca me imaginé que llegaría a ser del interés de la postulación, porque hay muchos testimonios.

El proceso para certificar la curación milagrosa duró varios meses, en los cuales fue sometida a otros exámenes médicos, incluso en Italia. ¿Cómo cambió su vida?

Cambió mi vida porque fui sometida a varios exámenes, visitada por varios médicos y no me importó, porque esa era la única manera de que todos se dieran cuenta de la grandeza de Dios. Si tenía que hacerlo, así lo hice.

Ahora dedica gran parte de su tiempo a difundir este milagro. Además, las personas la miran con respeto y a veces con devoción. ¿Qué significa ese reconocimiento para usted?

En principio me sorprendió ver la reacción de la gente. Pero siempre les digo que no me vean a mí, sino que vean la grandeza de Dios porque me sanó. Y que la devoción sea siempre para Dios, no para mí, porque yo soy sólo el instrumento del que se sirvió para que el mundo conozca su misericordia cuando tenemos fe.

La presencia de Dios

¿Cómo ha sido la presencia de Dios en su vida?

Dios siempre ha estado en mi vida, sólo que ahora es diferente. Siempre lo tuve, pero no lo escuchaba. Ahora, sin embargo, lo escucho y lo siento muy cerca.

¿Cómo sostener el principio de la fe en un mundo que no cree en los milagros divinos?

Sí, es muy difícil que la gente crea, eso puede llevar a la discusión y yo no discuto. Siempre digo que el que quiera creer, que crea. Y en los que creían pero perdieron la fe trato de dejar una semilla de esperanza en su corazón para que vuelvan a creer.

¿Es posible explicar un milagro desde la razón?

En mi caso, no te lo puedo explicar.

La misión del testimonio

¿Cómo dialoga con Juan Pablo II en sus oraciones?

Converso con él como si estuviera junto a mí, contándole mis situaciones. Y le pido que me ayude a llevar toda esta situación que se presenta en mi vida y que sólo se engrandezca el nombre del Señor.

¿Cuál es el significado de una reliquia del beato Juan Pablo II para usted como católica?

Es tener algo de él con nosotros.

* Autora del libro ‘Juan Pablo II, un santo para las víctimas. La donación del dolor’ y directora de la Fundación Víctimas Visibles.

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