¿Son reales las amenazas del régimen de Corea del Norte?

Expertos advierten que el joven e inexperto Kim Jong-un podría cometer un acto desesperado con la intención de ganarse la confianza de los militares y de su pueblo.

Corea del Sur comienza a mover sus tanques cerca de la frontera con Corea del Norte ante las amenazas del régimen de lanzar un ataque.  / EFE
Corea del Sur comienza a mover sus tanques cerca de la frontera con Corea del Norte ante las amenazas del régimen de lanzar un ataque. / EFE

La lógica dicta que un ataque de Corea del Norte contra Estados Unidos o Corea del Sur, como ha amenazado en las últimas semanas el régimen de Kim Jong-un, sería un suicidio. Que lo único que conseguiría sería dejar miles de muertos y aislarse aún más de la comunidad internacional. Sin embargo, David Kang y Victor Cha, dos expertos en el tema, advierten en la revista Foreign Policy que no hay que minimizar las amenazas, pues detrás de la parafernalia y la bravuconada del joven líder se esconde una “Corea del Norte más peligrosa de lo que parece”.

Durante los últimos 15 años, ese país ha lanzado frecuentes amenazas contra su vecino, que incluso han derivado en cruentos enfrentamientos navales en aguas del Mar Amarillo frente a la costa coreana. El más reciente fue un ataque atribuido a Pyongyang en 2010, que mató a 50 marineros surcoreanos. Por eso, la nueva presidenta de Corea del Sur, Park Geun-hye, no guardó silencio ante los anuncios de su vecino y ordenó a su ejército responder con fuerza, “sin tener en cuenta las consideraciones políticas si se produce un ataque”.

“A nadie le conviene un estallido en la zona. Ni a China que estrena líder, Xi Jinping, y quien no puede arriesgarse a inaugurar su mandato con una guerra entre las dos Coreas, ni a la misma Corea del Sur, cuya nueva presidenta ya ha advertido en ocasiones anteriores que responderá con dureza a hipotéticos ataques del Norte, aunque mantiene una postura conciliadora con su vecino y de incluso prestarle ayuda humanitaria”, explicó el analista británico David Marvell.

Felipe Sahagún, profesor de Relaciones Internacionales, explicó al diario El Mundo de España que “la imagen de un joven líder inexperto, ciego a la realidad, no debe engañarnos. Tras él están su tío y muchos de los generales que estaban al lado de su padre, haciendo y diciendo prácticamente lo mismo hasta hace 15 meses. Se ha exacerbado un poco el tono, se ha dado más visibilidad al joven Kim Jong-un en ambientes y atuendos militares o jugando a estratega, pero nada esencial ha cambiado”.

“Aunque a ciencia cierta no se sabe cuál es el arsenal del que dispone Corea del Norte, lo que sí es claro es que desde hace mucho tiempo se prepara para una guerra con el Sur. Todo el pueblo está preparado para una guerra”, explica el analista de la Universidad del Rosario Mauricio Jaramillo Jassir. El ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, advirtió con razón, que “esto no son sólo bravuconadas”.

“El riesgo de un ataque con misiles de largo alcance contra Guam o Hawai no es probable”, dice el periódico británico The Guardian, que advierte que el conflicto está más cerca de casa. “La línea de demarcación entre el Norte y el Sur, acordada por el armisticio en 1953, es un acuerdo muy ambiguo en el mar. Corea del Sur unilateralmente elaboró una “línea límite norte”, que incluía una serie de islas, algo que nunca ha sido reconocido por el Norte y que hace que la amenaza de bombardeos sea real”. El periódico dice que hasta hace poco, las dos Coreas veían los ataques como controlables, pero “el peligro ahora está en ese exceso de confianza de que no llevarán a cabo sus amenazas, sin tener en cuenta que hay un líder norcoreano sin experiencia, desesperado por ganarse la confianza de los militares de su país y que podría pasarse de la raya en cualquier momento o hacer un cálculo erróneo”.

En julio se cumplen 60 años de la firma del armisticio de China y Corea del Norte con la ONU y EE.UU. que puso fin a tres años de una guerra que costó millones de vidas, y Corea del Norte trata por todos los medios de renegociarlo. Nadie quiere un incendio, pero hay muchos a los que no les importa jugar con fuego.